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Los Corraleros de Majagual, con sabor costeño

En 1961 se consolidó uno de los más grandes proyectos de música tropical del país: Los Corraleros de Majagual. Conocidos por su mezcla entre el sonido vallenato y los aires sabaneros, por sus filas han pasado los más grandes intérpretes del denominado "chucu-chucu".

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A mediados de 1961, se presentaron tres muchachitos en las oficina de Discos Fuentes, con el propósito de presentarle a Antonio Fuentes, fundador de esta prestigiosa casa disquera, un proyecto de música folclórica, cuya base musical estaba en el acordeón y la guacharaca. Eran Daniel Montes, Calixto Ochoa y su joven pupilo, Alfredo Gutiérrez. A Fuentes le bastó con escuchar las primeras notas en la audición para que le interesara de inmediato y les propusiera grabar algunas canciones mientras el proyecto iniciaba. Meses más tarde, Antonio Fuentes recordó un grupo similar muy antiguo que se llamaba Los Corraleros de Astillón, que provenían de Majagual, y aunque ninguno de los tres músicos era de este lugar, los bautizó Los Corraleros de Majagual. Y así, nació la leyenda.

El estilo del grupo inicialmente integraba la música de corraleja, las típicas fiestas patronales de Sucre y Córdoba, que se enmarcaban dentro de las festividades de los carnavales sabaneros de la costa norte del Caribe colombiano. Meses más tarde, integraron a la orquestación de la banda el guitarrón mexicano y la conga. Su éxito fue tan rápido, que figuraron como el grupo revelación en los 14 cañonazos bailables de 1962, un disco que compilaba los catorce mejores éxitos musicales del año, convirtiéndose en un absoluto referente nacional. Los temas "El molinillo" de Eliseo Herrera, "La paloma guarumera" de Alfredo Gutiérrez, fueron los dos temas que figuraron entre los preferidos.

El proyecto se convirtió rápidamente en la bandera comercial de la casa disquera que buscaba competir con Los Melódicos de Renato Capriles y la Billo's Caracas Boys de Billo Frometa, dos orquestas venezolanas que estaban tomando fuerza en algunas ciudades del país desde 1960. Además, el proyecto evolucionó sonoramente gracias a la recomendación de Julio Ernesto Estrada Rincón (conocido después como "Fruko"), al cambiar la caja vallenata por el timbal e incluir el bajo eléctrico para darle un ambiente armónico con la atmósfera de los demás instrumentos musicales.

La estrategia de Fruko funcionó. Sería con "La burrita" en 1966 que el público habría de conocer la nueva sonoridad de este grupo, que ahora le apostaba al golpe del güiro con un aire sabanero y con la sonoridad del bajo eléctrico y de la conga, algo muy común de las orquestas tropicales de la época. A partir de este año, el fenómeno corralero creció en Latinoamérica e influyó en la configuración de nuevos estilos como la cumbia norteña y la incidencia de Colombia en el mercado extranjero.

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Ahora, la agrupación estaba integrada por Rosendo Martínez en el bombardino, Carmelo Barraza en la caja; Chico Cervantes en la percusión; John Mario Londoño en el bajo; Enrique Bonfante Castilla en la tumbadora y la Conga; José Cáceres en el trombón; Manuel Cervantes en las trompetas; Rafael "Rafico" Restrepo en el guiro; Julián Díaz en el saxofón alto; Julio Ernesto Estrada, "Fruko", en los timbales; y en las voces principales estaba Eliseo Herrera, César Castro, Ignacio Paredes, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa, Julio Erazo, Tony Zúñiga y Lucho Argaín. Sin embargo, los músicos también integraron otros proyectos hermanos del sello Fuentes como La Sonora Cordobesa y Los Alegres Diablos. Por sus filas también pasó sus primeros años de cantante Álvaro José, el "Joe" Arroyo.

La superbanda, que además fue pionera en unificar bajo una sonoridad exótica los aires del vallenato y la música sabanera, permitió al mismo tiempo que casi todos los integrantes desarrollara sus carreras musicales a nivel individual, lo que acabaría truncando la continuidad del proyecto. Algunos de sus miembros como Alfredo Gutiérrez y Lisandro Meza apostaron por carreras en solitario donde fusionaban el vallenato con el sonido tropical que habían desarrollado como equipo. A finales de 1970, hubo varios intentos de rescatar el grupo con éxitos como "Sin alma y sin corazón", "El azulejo" y "Caballo viejo", con los que reaparecieron en la escena musical gracias a Armando Hernández.

La influencia de los Corraleros de Majagual y su paso por agrupar distintas sonoridades, los ubica entre las orquestas más exitosas de su generación, así como una de las preferidas para las fiestas de fin de año. Muchos de sus ritmos eran meras fusiones sonoras que generan controversia entre los melómanos, al incluir como charangas a "Charanga campesina" y "Charanga costeña" o como pachangas como "Sacañeco", siendo en realidad, variaciones musicales del fandango, muy popular en la costa Caribe. Tras su paso por Nueva York, Los Corraleros también pretendieron apostar en la consolidación de una sonoridad propia al fusionar la movida de la salsa (que tomaba auge en la escena latina) con el vallenato. Ejemplos de ello son "Quemando", una descarga de percusión, y el recordado "Mondongo", una pieza de diez minutos a ritmo de salsa que incluyó, como era propio del género, un solo musical que esta vez, estuvo a cargo del acordeón del maestro César Castro.

En este audio de Carta de Colombia del 03 de marzo de 1968, se presenta a la agrupación como el conjunto más popular de 1967, que popularizó un ritmo muy popular del Caribe: la charanga.