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Lea aquí un fragmento de 'La bruja', de Germán Castro Caycedo

A propósito del mes de octubre y nuestro especial de Brujas HJCK, traemos un fragmento del libro "La bruja: coca, política y demonio" del escritor colombiano Germán Castro Caycedo quien hace un análisis entre la política del país y la brujería.

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Aquel martes vi por última vez a monseñor. Debía ser enero. Él salió a despedirse y alguien le alcanzó un paño negro para que se protegiera del frío que anuncia el comienzo de la noche en los meses de sequía. El obispo era un octogenario alto y del
gado, penetrante, autoritario. Cuando nos pusimos en movi miento, se abrigó mejor y levantó la mano. La dejó arriba unos segundos y trazó una cruz con la punta de los dedos.

Aun cuando se había retirado de la diócesis, monseñor Al fonso Uribe Jaramillo continuaba luchando contra Satanás: exorcizaba, sanaba, expulsaba espíritus, liberaba. Ahora, a co mienzos del Siglo, bajo un cielo de satélites colocados por el hombre, más allá del láser y del internet, él había resuelto plantarse frente al "enemigo", orando, conjurando el maleficio, pronunciando aquellos salmos que hacían encorvar a la gente "y escupir gusanos, azotarse contra las paredes, destrozar con una fuerza sobrenatural lo que alcanzaran. Es que, escúcheme: en ese trance las gentes blasfeman con voces que no son las suyas, y luego... Luego se quedan en silencio: la boca reseca y la respiración agitada, con esa mirada calma que da la liberación, sepultadas en un silencio que sobrecoge", dice descargando su cuerpo en una silla con un crujido de astillas que parte de su cintura.

Cuando el auto salió del bosque de sauces atardecía pero aún estaba allí, lleno de luz, ese verde malva de las colinas, divididas ahora en parcelas con sus prados recién hechos. Las divisiones de alambre de espinas que se levantaban un par de décadas atrás fueron remplazadas por postes de madera aserrada y pintada cuidadosamente, por vallas de acero o por murallas de piedra talladas y acomodadas con una simetría apestosa, sinpátina, sin pasado. La arquitectura de los narcotraficantes parte de casas antiguasremodeladas con tejas nuevas de barro y techos de acrílico ahumado, macetas con floresy autos color rosa sobre cuyo esmalte chocaban los últimos rayos del sol.

"Busca a Amanda. Búscala porque ella fue una bruja avezada... Saca unos minutoslibres y escúchala". Monseñor hablaba en voz baja y entrelazaba los dedos, largos y delgados, frente a un crucifijo de plata que le colgaba del cuello.

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Y Amanda era un torbellino. Alta, con la cara morena y redonda, con el pelo cortado ala altura de las orejas y cuando hablaba, increíble: lograba llevar dos relatossimultáneamente. Y actuaba. Tenía una capacidad histriónica insuperable. Era pobre,sobreprotectora, desprendida y frentera, como se dice ahora. Cuando había que "braviar","braviaba". Y rezaba al despertar, al saltar de la cama, antes de besar a Víctor Manuel, sumarido, al abandonar la casa, al entrar en la oficina, al encender el primer cigarrillo... Silas cosas estaban difíciles, se confesaba por teléfono con el padre Roldan o con el padrePuentes, "O, ¿sabes? Con este cura nuevo de San Ignacio que es un verraco. Un-ve-rra-co, ¿me oíste?".

Amanda nació en Fredonia, un pueblo cafetero que por las mañanas se arropa con laniebla porque está encaramado en lo alto de los Andes, al pie de Combia, un cerrovertical y erguido como las murallas de los narcos.

Ella lo describe así:
Un pueblo alegre con calles de montaña rusa. Es una escalera, pero una escalera llenade música. Y la plaza: la plaza está en el punto clave de la escalera: arriba y en el centro,¿sabes? Desde siempre, la plaza y sus alrededores estuvieron ocupados por las familiasimportantes, es decir, por las más ricas y las más blancas. Las casas son antiguas,arquitectura de la Colonia española. Cuando comenzó todo éste tinglado, allí estaban lamansión de los Velásquez Aristizábal, la de los Restrepo Barrientos, la de los BarrientosVélez, la de los Arango Jaramillo, la de las Ángel Restrepo, la de los Correa Henao, la delos Posada Trujillo, la de los Correa Cadavid, la de los Bermúdez Díez, que vivían en lassegundas plantas, y en el interior de aquellas mansiones de dos patios, pesebrera ypuerta de campo sobre las calles aledañas. En las plantas bajas hay tiendas y algunosbares que allí llamamos cantinas. Unas veces el comercio era de los dueños de las casas,y otras, de los familiares de los dueños de las casas o de los amigos de los dueños de las casas: gente-gente. La élite.

Desde luego, en Fredonia había blancos y había negros y nadie se podía plantar en el centro. Ahí, amigo, no cabía un mestizo, ni mucho menos un zambo, ¿oiga? Ahí, o se era principal, o se era negro. ¡Punto!

En la parte más alta de aquella plaza inclinada como un tejado, construyeron laiglesia, la casa cural, el Teatro Municipal, otra casa ocupada por el directorio del Partido Conservador y el club social, todos sobre un atrio amplio y sólido que va de esquina a esquina, como un proscenio mirando hacia el resto de la plaza. Abajo, los domingosarman tiendas de lona blancas y pequeñas porque es día de ir a misa y de comprar partede la comida para la semana.

El atrio era territorio exclusivo de los blancos. Allá arriba, las mujeres y los hombres nos paseábamos de una esquina a la otra como en un enamoramiento de todos los días,porque ahí era donde uno conseguía novio y donde uno se relacionaba con la gente. Las heladerías eran exclusivamente para el blanco, lo mismo que el club social.

El club, que no era de accionistas, funcionaba en una casa española espaciosa, a lacual asistían sólo ciertas y determinadas personas y de puertas para adentro la vidaempezaba al atardecer, entre las seis de la tarde y las siete de la noche, porque los blancoscon sus mujeres y sus hijos y sus amigos abandonaban el trabajo antes de que llegara la noche y se iban para sus casas, rezaban el rosario, todos, todos los días, luego cenaban ymás tarde salían para el club. El club era parte de nuestra vida. Era algo, muy, pero muyimportante en este pueblo. En el club se jugaban juegos de salón o se bailaba hasta lamedianoche casi toda la semana porque aquí el único día que el pueblo permaneceinmóvil es el miércoles, cuando la gente se va para sus casas de campo. Los demás díashay bailes y reuniones por las noches.

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Más abajo, retirada de la plaza, queda la Calle Larga. En esa calle los sirvientes sepaseaban como si fuesen blancos del atrio, pero allí había otros ruidos porque tronaba lamúsica popular, rancheras mexicanas, tangos y una gritería permanente que salía de losbares y de los cafés de mala muerte. Y, ¿sabes qué? Había un barrio de prostitución,Corea, que se escondía más allá del cementerio, en la parte baja del pueblo y lejos detodo. Allá también hacían riñas de gallos.

En el atrio se escuchaba música clásica. Es que en nuestras casas nos acostumbrarona escucharla desde pequeños y la gente hablaba de ella, yo creo que con ciertanaturalidad.Y además de eso, el pueblo era, y es muy católico. La región se llama Antioquia, unmundo de rosario en familia todas las tardes, de misa diaria, de comunión, de grandesprocesiones en Semana Santa y algunas fechas especiales como el Jueves de Corpus consus altares de San Isidro. Ese día es singular porque hacen cuatro altares en las esquinasde la plaza, viene gente por todas las veredas, levantan un corral en el atrio, van losestablecimientos de educación, va la banda, le traen a San Isidro regalos de todos lospuntos cardinales.

Es el día en que la Iglesia recoge el dinero para sus obras porquevienen los cultivadores de café, los ganaderos, los empresarios, los comerciantes, losartesanos, los obreros, y todos salen a obsequiarle cosas al santo. Y también está el baúlmacabro: así lo llaman, es una caja grande en la cual depositan las limosnas. Y además detodo eso, se hacen también la procesión de María Auxiliadora, la de Santa Ana, la de laInmaculada... Y es un pueblo de trisagios, de retiros espirituales, de "te deums" en lasfiestas patrias para solidarizarse con la Iglesia que tiene un tremendo poder a través delcura párroco. Aquí el cura era dueño de las almas y de las costumbres de losparroquianos, ¿me escuchas?Y en el pueblo era tan grande la distancia entre las clases sociales que cuando éramospequeños nos enseñaron que no se saludaba a los negros ni se hablaba con los de abajo.

Los de abajo podían ser los que venían del campo: les decíamos "montañeros". Otambién podían ser los que subían de la Calle Abajo o de Corea. Cuando aquellosllegaban a la plaza sólo podían pisar el atrio en el momento de ir a misa. Y en misatenían que hacerse en la parte trasera de la iglesia. Y en la Semana Mayor, el SantoSepulcro o el palio eran cargados únicamente por los señores principales. Y la procesiónde los novios y los matrimonios y la del Prendimiento, se instituyeron para la genteelegante y clásica que marchaba detrás del Santísimo. Los demás tenían que conformarsecon ver el paso de las imágenes y de la gente de arriba que se vestía con la mejor ropa,de manera que esa procesión era también algo así como un desfile de modas en el que nose sabía cual inflaba más el pecho para sentirse elegante.

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