Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

push logo
Sabemos que las notificaciones pueden resultar horribles, pero prometemos no abusar. Entérate de todo el mundo cultural en HJCK.
¡Claro que sí!
No, gracias.

Publicidad

Los Israelitas: en nombre de Dios, del profeta Ezequiel y del Imperio Inca

"Paz de Dios, hermano": en el corazón de la Amazonía, en la frontera entre Perú, Brasil y Colombia, viven devotos de una curiosa religión que dicen haber encontrado en el pueblo de Islandia un resguardo para cuando llegue el fin del mundo.

Islandia, Perú.
Una monja pasea por el pueblo de Islandia, situado en la Amazonia peruana cerca de la frontera con Brasil y Colombia, el 16 de mayo de 2023. En las profundidades de la Amazonia peruana y construido sobre pilotes, el pequeño pueblo de Islandia parece una Venecia en medio de la selva. Y allí, una curiosa comunidad religiosa asegura haber encontrado refugio para cuando llegue el fin del mundo.
HERVE BAR/AFP

La Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal, campesinos de origen andino que llegan aquí por miles desde los años 1990, están convencidos de que esta es la nueva "Tierra Prometida".

A lo largo de los años, se han convertido también en actores claves del comercio local en esta región considerada peligrosa y golpeada por distintos tráficos.

Contrario a lo que sugiere su nombre, no tienen nada que ver con el judaísmo. Son un improbable sincretismo entre el protestantismo adventista y las tradiciones incas.

Se trata de "un movimiento religioso evangélico y milenarista fundado en 1968 por Ezequiel Ataucusi Gamonal, un autoproclamado profeta que murió en 2000 y fue sucedido por su hijo Jonás", explica Lionel Rossini, cineasta y especialista de la zona.

Publicidad

Los "israelitas", como se conoce a sus fieles, rinden culto todos los sábados quemando en una hoguera carne de vaca, oveja y palomas como holocausto para Dios. En los mercados, a bordo de piraguas, o en pequeñas comunidades diseminadas a lo largo de los ríos Yavarí y Amazonas, resaltan por sus largas barbas y pelo recogido en moños en el caso de los hombres, así como por los velos que cubren la cabeza de las mujeres. También porque repiten como mantra "Paz de Dios, hermano".

Su asentamiento principal es Islandia, un pueblo sobre palafitos llamado pomposamente la Venecia amazónica. Martín y Gustavo son dos israelitas que se hacen llamar "hermanos".

"Dios nos manda dejarnos crecer la barba y el pelo", explica Gustavo, que vende verduras y dulces en una caja de cartón.

"Todos los que se unen a Dios deben ajustarse a sus principios", como no beber alcohol, subraya el sonriente sexagenario con su Biblia en la mano.

"Dios se nos ha aparecido a través de una señal, que es nuestro profeta. Es un poco como la Torre Eiffel", explica mezclando un cóctel de citas como la Epístola a los corintios, "La verdadera ley" promulgada por Ezequiel y referencias a la antigua capital inca de Cuzco.

"Como Dios en la Amazonía"

Haciendo referencia a su propia Biblia y a los mandamientos -"La Ley Verdadera"- dictados por su difunto profeta, consideran que la Amazonía peruana es el "ombligo del mundo", la única parte del globo que escapará al próximo fin de los tiempos porque allí no habrá escasez de agua.

Publicidad

Su capital es la comunidad Alto Monte de Israel, a unos 200 km río abajo en el Amazonas, entre la ciudad peruana de Iquitos y la colombiana Leticia.

Los "textos del Antiguo y del Nuevo Testamento son invocados y adaptados al contexto peruano", explica Rossini, autor de uno de los pocos documentales sobre el tema, titulado "Feliz como Dios en la Amazonía".

El movimiento, que algunos catalogan de secta, contaba a principios de este siglo con cerca de 200.000 miembros, algunos de los cuales desertaron al comprobar que la resurrección anunciada por Ezequiel tres días después de su muerte no se materializó.

La iglesia reclutaba sobre todo a campesinos sin tierra, pero también a antiguos militantes de la guerrilla del Sendero Luminoso y muchos pobres de periferias urbanas.

Publicidad

Los israelitas suelen vestir túnicas de colores, en alusión a la "túnica sagrada" que "llevaban Cristo y sus apóstoles".

En los centros urbanos venden verduras y "tienen fama de ser muy trabajadores, porque para ellos esto forma parte de la obra de Dios", explica Rossini. La mayoría son agricultores y despejan tramos de selva para producir arroz y verduras. El 10% de sus ingresos van a la congregación como "caridad".

"Ovejas negras"

La comunidad fue utilizada por las autoridades peruanas en la década de 1990 para colonizar las regiones amazónicas, en el marco del proyecto "Fronteras Vivas", impulsado por el presidente Alberto Fujimori (1990-2000).

Para el gobierno de entonces, "se trataba de poblar inmensas zonas deshabitadas y aumentar así la soberanía en las fronteras", según el cineasta.

Publicidad

"Los israelitas pasaron a formar parte del paisaje local (...) Esta colonización fue un éxito económico y político innegable", añade.

Ahora cuentan con su propio partido político legalmente reconocido, el Frente Popular Agrícola del Perú (FREPAP), que obtuvo más del 8% de los votos en las elecciones parlamentarias de 2020.

Identificado con el símbolo cristiano de un pez azul sobre fondo blanco, la colectividad aboga por adoptar la "ley divina", los valores del Imperio Inca y la agricultura como medio para combatir la pobreza.

"Gracias al voto unánime de los fieles, consiguieron escaños en los consejos municipales e incluso en las alcaldías (...) pese a ciertas reticencias", subraya Rossini.

Publicidad

"A pesar de estar encerrados en sí mismos, los israelitas han logrado imponerse como actores clave de la Amazonía peruana (...) un frente pionero que avanza inexorablemente" con los devotos que siguen llegando a esta región, añade.

Para conectar sus numerosas comunidades, construyen senderos en la selva, que a veces se convierten en carreteras transitadas por narcotraficantes, omnipresentes en este cruce de las tres fronteras.

Cuando los confrontan sobre esto, la comunidad denuncia "ovejas negras al interior del rebaño". Recuerde conectarse a la señal en vivo de la HJCK, el arte de escuchar.

Para leer:

Publicidad