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Los retazos de Leonides Arrufat

Una lectura sobre el personaje principal del escritor Marco Denevi en su libro "Ceremonia Secreta". Leonides se superpone a su entorno como un ente que, sin saber donde viene, transita en toda la novela como por encima de los hechos que se presentan, haciéndose parte pero nunca igualándose a la mortalidad de los otros personajes.

"Retratos y pinceladas", pinturas de Joseph Lee.

¡Cuatro conciencias
simultáneas enrédanse en la mía!
¡Si vierais cómo ese movimiento
apenas cabe ahora en mi conciencia!
César Vallejo

Marco Denevi contiene personajes, tan personas en sí mismos, que se escriben solos. La construcción que hace el autor es sin duda toda una experiencia, estos sujetos desdoblados en y por sí mismos, nos llevan a ver aspectos de la identidad humana que son tan íntimos que tocan lo público, denotando los infortunios bajo el aparente decoro. Este es el caso de Leonides Arrufat protagonista de la novela Ceremonia secreta (1960); una mujer solterona, vestida entero de negro, que en su entorno grisáceo busca que las personas a su alrededor compartan sus mismos valores, este personaje se performa a sí misma para despues ponerse dos mascaras más completando los retazos de su personalidad.

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Denevi nos entrega personajes y espacios oscuros, siniestros, llenos de secretos, construidos ambos como Frankensteins de promesas sin cumplir, mujeres y casas a medias transitan en el universo de la novela que está, desde el principio, dispuesta a la tragedia.

Leonides comienza caminando por una “infinita calle, compuesta con los trozos de muchas calles” (P. 15), que nos anuncia los pedazos que van a despersonalizar a nuestro personaje y triplicarla en el transcurso de la novela. Al igual que ella, todos los personajes son retazos de otros y/o del entorno, por tanto, comparten la des-personificación del sujeto, que luego, como en un teatro, usarán para ponerse la mascara de un personaje, este juego hace que el lector no pueda ubicar la historia en la realidad, pero tampoco sacarla de ella, por lo tanto la novela está en un estado liminal.

Con una repulsión hacia la humanidad reflejada en sus aversiones a Natividad González, la juventud, el amor y el sexo, Leonides se superpone a su entorno como un ente que, sin saber donde viene, transita en toda la novela como por encima de los hechos que se presentan, haciéndose parte pero nunca igualándose a la mortalidad de los otros personajes.

Su humanidad inmortal tiene una ruptura en su encuentro con La tiqué, diosa del destino, que une los caminos de Leonides y Cecilia, una jovencita extraña que no puede dejar de verla y comenzar a llorar. En ese momento comienza la ceremonia, con el pacto del llanto inicial comienza ese sortilegio que va a unir los destinos de estos dos personajes en una historia que, tan cerca como las caras de una moneda, es posible e imposible a la vez.

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El encuentro se produce en un cementerio, como abriendo una gran escena que cerraría con la muerte. Los personajes transitan hacia la casa de Cecilia, que sin advertir inicialmente tiene una suntuosidad opacada por el olor “suma y producto de todos los malos olores de este mundo” (p.33), este juego entre opuestos que se unen —suntuosidad y mugrosidad —crea una atmósfera teatral que se intensifica cuando nos damos cuenta que Leonides está allí por ser un reflejo de Guirlanda, madre muerta de Cecilia.

El parecido de Arrufat le hace casting a Cecilia, que la invita a vivir como su madre aceptando que pasó la audición de ese encuentro fortuito para comenzar la actuación que traerá felicidad a ambas.

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Cecilia la mima y la consiente, mientras Leonides ahora convertida en Guirlanda, acepta los mimos y se posiciona en el papel encomendado, preguntándose si es posible que Cecilia sea una simulación sin pensar que ella también lo es al adoptar la fantasmalidad de Guirlanda, inmortal también como ella, con la que se comienza a transfigurar a través del reflejo y la ropa.

La ruptura de esta nueva extracotidianidad se rompe con la llegada de Mercedes y Encarnación, amigas supuestas de la difunta Guirlanda, que embolatando a Cecilia la distraen fisica y emocionalmente para realizar pequeños robos, mientras, sin saberlo, son objeto del ojo de Leonides que las vigila escondida desde la puerta. En este momento se despierta un instinto celoso que busca vigilar y confirmar quie es Cecilia, por eso cuando Cecilia sale al banco, Leonides busca en su habitación una señal, encontrando la prueba de la simulación con una carta entregada por el presunto novio de Cecilia.

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Personificando a la madre y en un arranque de valentía dado por el disfraz y la máscara, decide ir a donde las amigas ladronas para conocer la historia, en esta escena que se desenvuelve de forma memorable, Leonides convertida en la prima de la pobre Guirlanda comienza muy a lo Shelock Holmes a dejar hablar primero a las otras, para que cuenten lo que saben, y sin hablar mucho para que no se caiga su máscara, en esta escena Leonides se bautiza como Anabelí Santos creando la trinidad final de su personalidad por retazos. La metaficcionalidad del personaje de Leonides es exacerbada en este punto, comienza a tomar vida propia y a robarle el estatuto de creador a Denevi, se construye en la marcha, primero como Guirlanda y finalmente como Anabelí.

Leonides se rebela con Encarnación y Mercedes, posicionando una de las verdades que hará que ellas no vuelvan a aparecer en casa para así ser libre con su muñequita Cecilia, que la espera en el umbral de la casa desesperada por el abandono de su madre. Anabelí se quita la máscara y se pone el disfraz de Guirlanda para decirle que ha vuelto, que está curada, que pueden vivir libres y Cecilia, como intercambiando lugares con la enferma, se desmaya.

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En este momento se rompe el pacto teatral y de forma vertiginosa se devela la verdad de la historia y los personajes. Cecilia cobra lucidez y cuenta la verdad en donde su prima Belena es la villana. Nos damos cuenta que Cecilia esta pariendo un hijo muerto y posteriormente ella muere también. Leonides perdida entre Guirlanda y Anabelí, crea la oportunidad para cobrar venganza en un ritual funerario que completa la ceremonia de transformación.

Esta novela es un juego de transición entre espacios y personajes llenos de retazos y secretos que se van develando a lo largo de la historia. Leonides sin embargo no devela quien es, ratificando así su posición inmortal en la ceremonia. El lugar de abstracción de Leonides se constituye como una esfera sacerdotal en donde, desde sus diversos retazos, puede ver todo lo que sucede sin ser real parte de lo que pasa, es en si misma la tensión entre la realidad y la imaginación.