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"Los Porkys y la desaparición del estado": el discurso de Fernando Vallejo en la FilBo 2023

Lea aquí un fragmento del discurso de Fernando Vallejo leído en la Feria Internacional del Libro de Bogotá en el marco de la presentación de su libro 'Los Porkys y la desaparición del Estado'.

Fernando Vallejo.
Fernando Vallejo leyendo su discurso "Los Porkys y la desaparición del Estado" en la Feria Internacional del Libro de Bogotá.
Cortesía Penguin Colombia.

Petro, oíme que te estoy hablando. No te me hagás el sordo que no sos una pared, sos un humano. Ciento por ciento humano. Muy humano. Como tu Colombia Humana. ¿Humana? ¿O sea mala? Todo lo humano es malo. El hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Muy atropelladorcitos, muy mentirositos, muy enredadorcitos, muy embaucadorcitos, muy trepadorcitos, muy Porkycitos, muy aspiradorcitos como los Ficos de Medellín, mis paisanos, unos pelagatos que no han sacado adelante un granero de barrio y aspiran a manejar un país de 52 millones. Fico es de la última promoción, y lo han precedido en su intento Luis Pérez y Fajardo, y los continuará Quintero, el actual alcalde, en su práctica de usar la alcaldía de Medellín como trampolín a la presidencia. Este Quintero es uno de los protegidos políticos de Gaviria, uno de sus muchachos. “¡Ay, mis muchachos! –exclama el manzanillo Porky Gaviria–. A mí que no me toquen a mis muchachos. Al que me toque a mis muchachos, ¡lo mato!”

Los genes de la aspiración presidencial se están difundiendo entre la población colombiana con velocidad de vértigo. Cada día este país produce más aspirantes a la presidencia. De esto trata la genética de poblaciones, una rama de las ciencias biológicas de las que no me voy a ocupar aquí ahora porque a lo que vine a esta Feria no fue a hablar de biología sino a desenmascarar hampones. Hampones públicos. Parásitos públicos que con sus leguleyismos y burocracias, con sus trabas y sus impuestos nos atracan y nos están asfixiando, no nos dejan respirar.

Porky Porky, el Porky de los Porkys del que acabamos de salir hace seis meses, el pestífero, el que trajo el COVID a Colombia, era tan pervertido desde niño que cuando todavía se orinaba en la cama y le preguntaban que qué quería ser de grande contestaba: “¡Plesidente!” Y soltaba unos gasecitos... Quería ser un Petro. Pero no como los de la Primera Línea, carne de cañón de las ambiciones de este personajillo que los ha convertido en unos pobres “gestores de paz” de salario mìnimo. No. De esos no. El culicagado no tenía nada de pendejo: plesidente con la banda tricolor terciada al pecho y un sueldazo de puta madre. Y perdón por el mexicanismo, pero es que México es hoy la estrella de esta trigésimaquinta Feria del Libro de Bogotá y en estos momentos lo evoco con amor y con nostalgia sabiendo que no volveré a verlo pues he resuelto acogerme ya en este asilo de la Muerte, en mi desventurada y pobretona y tercermundista Colombia. A ver qué decide El de Arriba, que es el que tira los dados y juega con nuestros destinos. Yo me someto a sus inescrutables designios

¡Qué odioso verbo “aspirar”! Le he tomado una tirria... Lo único que he aspirado yo en la vida es coca. Pero me daba tales dolores de cabeza que la tuve que dejar. ¡Cómo no me iban a dar si el Estado les cortó a los proveedores las fuentes de los químicos originales con que purificaban en sus cocinas la planta nacional, el polvito blanco que nos puso en el mapa del mundo, en el mapamundi terráqueo, y que constituye nuestra tercera entrada de divisas! Y con semejante medida los forzó a recurrir a químicos sustitutos, que resultaron muy dañinos para la salud y que producen precisamente esos terribles dolores de cabeza que me daban y que me sacaron del vicio. Conclusión: donde el Estado se mete la caga.

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¿Y el Estado qué es? Una entelequia de leguleyos que no significa más que los sucesivos gobiernos que lo encarnan.
¿Y el gobierno, qué es? Una tracamanada de parásitos ineptos, indolentes y corruptos que se llaman a sí mismos servidores públicos, puestos en sus puestos por los partidos políticos.
¿Y los partidos políticos qué son? Unas asociaciones de mafiosos que se amafian para ganar unas elecciones y acceder al botín del poder.
¿Y el poder qué es? Es la sangre que se bebe Uribe de sustento cotidiano al desayuno para poder sobrevivir en el día y en la noche como el conde Drácula.
¿Y Uribe quién es? Uno de los Porkys.
¿Y ellos quiénes son? Los presidentes que dejaron de serlo y que hoy cobran pensión.
¿Y cuántos son? Seis, a saber: Porky Gaviria, Porky Samper, Porky Pastrana, Porky Uribe, Porky Santos y Porky Porky, el Porky por antonomasia, el más hipócrita, el más parásito, el más dañino, el pestífero, el que trajo el COVID a Colombia y que es el que les da sus nombres de pila a sus predecesores: el culicagadito malo de la plesidencia ya crecido y vuelto peor.
¿Y Petro es un Porky? ¡Cómo va a ser un Porky, si él no cobra pensión sino sueldo! Un sueldo vitalicio.
¿Y vitalicio qué es? De por vida.
¿O sea que se va a quedar cobrando sueldo ahí toda la vida? Exacto.
¿Y es que él no se va a morir? Él no querrá, pero la Muerte ya le tiene puesto el ojo.
¿Y gana mucho, o poco? Mucho. Pero lo reparte todo entre los indígenas del Cauca.
¿Y cuándo calcula usted que se vaya a morir?
Aproximadamente. Ah, eso sí está en veremos. Hasta que la Muerte, mi madrina, llame a su puerta.
¿Y no habrá posibilidad de que su madrina llame rápido?
Eso sí no depende de mí. Depende de lo llena que tenga ella su agenda.
Entonces él no es un demócrata, ¿o sí? ¡Claro que es! Para lo que le conviene. ¡Eh avi María por Dios! Este sí pregunta más que Vicky Dávila. ¿Y ella quién es? La reina de la pregunta.
¿Y es buena, o mala? Hay quien dice que es la mujer más mala de Colombia.
¿Y sí es? ¡Qué va a ser! Exageraciones, hipérboles, garciamarqueadas. Vicky no puede ser la mujer más mala de Colombia porque Íngrid Betancur es la más mala del planeta. ¿No ve que Colombia está incluida en el planeta?

Ya me harté de esta entrevista y de todos estos preguntones tan arteros y bellacos. Para descansar y refrescar un poco la cabeza pongámnos a rezar. Digamos las Letanías de los Porkys. ¿Saben qué son las letanías? Levante la mano el que sepa. [Felicitaciones, joven, muy bien contestado. A usted le espera la carrera eclesiástica. Aproveche, que el carril está despejado.]

Las letanías son un rezo colectivo a la Virgen en que se alternan el sacerdote y los fieles. El sacerdote va diciendo las metáforas de la Virgen, por ejemplo: “Torre de David”, y los fieles contestan “Ruega por nosotros”. El sacerdote dice “Torre de marfil”, y los fieles contestan “Ruega por nosotros”. “Casa de oro”, “Ruega por nosotros”. “Arca de la Alianza”, “Ruega por nosotros”. Y así... Yo voy a hacer de cura, y ustedes son los fieles. Pero en vez de decir yo las cualidades de la Virgen, voy a ir rezando los Porkys, uno por uno. Y en vez de contestar ustedes “Ruega por nosotros”, cada vez que yo diga un Porky contestan: “Un hijueputa”. Digo otro, y contestan: “Otro hijueputa”. Y así... Hasta que acabemos de rezar la porqueriza.

A ver, empecemos. [Sin ensayo. Nos tiene que salir a la primera porque nos están grabando, estamos en cámara. En streaming. Listos pues, que está corriendo el aparato.] ¡Porky Gaviria! UN HIJUEPUTA. ¡Porky Samper! OTRO HIJUEPUTA ¡Porky Pastrana! (...) ¡Porky Uribe! (...) ¡Porky Santos! (...) ¡Porky Porky! (...) [¡Eh Avi María, ustedes sí son muy católicos! Y yo que pensaba que habían perdido la fe.]

Petro: Cuando acabés con Ecopetrol por tus elucubraciones ecológicas, ¿de dónde vas a sacar la gasolina para mover los millones de carros, motos, carromotos, buses, taxis, camiones y tractomulas que circulan por el país? Dijiste que de Venezuela. ¿Y con qué le vas a pagar a Maduro? ¿Con lo que me dejaste de mi plata del banco, que traje de México tras una vida pasada allá, y que me la devaluaste y volviste polvo en el primer minuto de tu gobierno por soltar la lengua contra Ecopetrol? ¿Y le vas a pasar el desastre ecológico que produce Ecopetrol (según tú) a Maduro que es tu socio, y a Venezuela, un país hermano? Eso no es comportamiento de persona decente. Hasta los delincuentes tienen su código de honor. ¡O qué! ¿Doce millones eligieron pues aquí a un chichipato? A Egipto fuiste y a la ONU (dos veces), con visita a la Casa Blanca, a condenar el uso de los combustibles fósiles, idea novedosísima que si te hacen caso salvará al planeta, y a predicar tu Paz Total que le evitará a la humanidad un inmenso desastre. ¡Aleluya! De un pandillero del M-19 convertido en parásito público ha nacido el nuevo redentor del género humano, el apóstol Petrus, ¡Cristo segundo!

¡Conque muy ecológico él, nuestra niña sueca Greta Thunberg! El de los nulos hechos pero rico en sosegadas palabras. Para ser congruente contigo mismo, prohibí entonces, hombre Petro, la circulación de los millones de vehículos colombianos que te enumeré porque estos también contaminan el planeta, y así volvemos a los idílicos tiempos de la locomoción en mula.

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La democracia es el sistema electoral que les permite a los ciudadanos escoger entre el malo y el peor. Por congénita tara de la raza Colombia siempre escoge al peor. En prueba los Porkys [a los que ustedes se pusieron a insultar sin mi permiso]. ¿No han leído las Memorias de un hache pe? Buenísimas. Las están vendiendo en esta FILBO. Vienen en un combito con La prepago de Babilonia, en la que el autor le saca al sol los trapitos sucios a la Iglesia de Roma. ¡Eh ave María, qué manera de despedazar papas la de este escritor colombiano! No deja papa en pie.

¡Ay, ay, ay, se me hace que esta será mi última FILBO! Todo pasa, nada queda, todo se va, ¡qué triste es la vida! ¡PARIDORAS! Somos ocho mil millones. Ya no cabemos, nos estamos asfixiando, no podemos respirar. Ya basta. No más. ¡Por el amor de Dios, ya dejen de parir!

Doña Mintrabajo de Petro: ¿Qué es esa sinvergüencería suya del bono pensional para las que tengan muchos hijos? Éramos quince y parió mi abuela. La casa incendiándose y usted echándole gasolina. ¿No sabe, mi señora, que en las comunas de Medellín hay niñas de 13 años que ya están pariendo? Con sus mamás de 26 y sus abuelas de 39 empeñadas en lo mismo, en no dejar perder su excelso molde, porque son tan bonitas... Así, de hija en madre y de madre en abuela, hemos llegado a los 52 millones en un territorio que parece grande pero que no lo es tanto, también se llena, y rápido, y al llenarlo iremos desplazando selvas. ¿Quiere, usted señora, conservar la Amazonia? ¿O llenarla de gente? ¿Es ecologista, o no? El Espacio no se expande, no cede, no da de sí, piense un poco y verá. Y humano que nace excreta mucho y produce mucha basura y acaba con ríos, mares, desiertos, montañas, selvas... Coca Cola mata tinto y sobrepoblación mata ecologismo. ¿En qué cabeza cabe entonces, doña MinTrabajo que no trabaja como no sea con la lengua, la peregrina idea del bono pensional que en desdichada hora se le ocurrió? Pues en una cabeza petrificada.

La política, que siempre ha envilecido al hombre, ahora envilece a la mujer. Y sacándolas de las honestas labores domésticas de antaño las incita hoy a la delincuencia administrativa, y así aspiran al Deshonorable Congreso de la República, a las alcaldías, a las gobernaciones, a las Altas Cortes, a los concejos municipales que dan tanta plata, y al supremo bien, al supremo puesto, al pastoreo presidencial del rebaño colombiano. ¿Sus ocho años de parasitismo en el Senado no le bastaron, doña Mintrabajo, para calmarse un poquito? Ahora tiene ministerio y quiere más, le estoy leyendo el pensamiento. ¡Qué insaciable ha vuelto la política a la mujer colombiana!

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No, señora por ahí no va la cosa. Tenemos veinte millones, ¡o más!, de desempleados, sin comida, ni ilusiones, viviendo en tugurios, o durmiendo en las calles o a las entradas de las casas ajenas. Lo que procede es esterilizar, esterilizar, esterilizar a cuanta mujer haya en condiciones de parir, o sea de hacer el Supremo Mal. Pero solo a ellas y no a los hombres pues con un solo sexo esterilizado basta. Esterilizar los dos sería duplicación de funciones y despilfarro presupuestal. Por lo demás se me hace lo justo. El hombre es un inocente reproductivo. Es la mujer la que por su naturaleza perversa lo arrastra a la producción de hijos. Adán era bueno hasta que apareció la serpiente Eva y lo tentó. Y acto seguido le contagió la maldad en un entrecruzamiento bestial, y por su culpa los expulsaron a ambos del paraíso. A ambas bestias.

El autodidacta al que Marx y Engels se le tragaron los sesos de muchacho, como a don Quijote los libros de caballería, se salió con la suya: se chantó la banda y se sentó en el solio. Lo vi portelevisión el día de su coronación en su desfile triunfal. Iba él entre sus portaespadas de la Primera Línea que llevaban en un arca la espada de Bolívar, que él se había substraído mañosamente dos veces: una de joven, antes de la quema del Palacio de Justicia; y la otra ahora, de mayorcito, para su desfile ad hoc, como dicen los latinistas.

Iba el ególatra cortejo paso a paso ceremoniosamente, mas he aquí que se detiene un instante no sé por qué, ¡y que se le vienen encima los periodistas al flamante Petro, como una nube de moscas sobre mierda fresca! Y ponen a funcionar sus cámaras y él, complacido, posa. Y posa y posa y posa, con la banda tricolor terciada al pecho y el corazón palpitante de emoción. Y le dije entonces a mi perra Brusca, que estaba viendo el desfile conmigo porque a ella le encanta la televisión y ladra cuando salen perros en la pantalla: “Mirá, Brusquita, qué tipo tan ridículo, con ese trapo grotesco de colores chillones en el pecho. Parece un mamarracho del siglo diecinueve”. Y se cagaba de risa el animalito.

Ha de saber el rutilante presidente que la espada que sacó a desfilar no la cruzó su dueño con nadie jamás, pues veía las batallas desde algún montecito con un catalejo. Y cuando la pudo cruzar contra los conjurados que irrumpieron en su Palacio de San Carlos decididos a colgarlo de una viga en la que la Historia patria llama “la nefanda noche septembrina”, se les voló por un balconcito en la oscuridad. Cuando no dormía llevaba, eso sí, adonde iba la espada al cinto, digamos a los bailes, a los te deums, a los congresos admirables... Pero sin usarla nunca. Con ella salía pues como el que sale a caminar o a bailar con el pene caído.

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Pues entiende, Petro, que de todos modos una espada, cruenta o incruenta, cruzada o no, no puede servir como símbolo de la paz, y menos de tu Paz Total, pues una espada es un símbolo de la guerra. Ponte de acuerdo contigo mismo y con los símbolos, tómate un tinto, enfría la cabeza y deja descansar tu lengua que mientras menos trabaje menos mal haces. Vete a tu casa tranquilo a vivir sabroso como tu Francia Márquez.

“Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión –dijo moribundo el de la espada virgen–, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. Bajó sí, no sé si tranquilo o intranquilo, pero lo que sí no cesó, ni cesa, ni cesará jamás mientras Colombia sea Colombia son los partidos, pues doscientos años después de la muerte del héroe hoy tenemos aquí entre treinta y cuarenta de esas avorazadas mafias, como el Centro Democrático del cura Uribe; el Partido de la U de Porky Santos; el senecto Partido Liberal del que se apoderó Porky Gaviria; Cambio Radical de un tal Vargas Lleras que en su aspiración presidencial tampoco cesa... Y el M-19, alias Colombia Humana, lo más deshumano y deshonesto que haya parido el planeta Tierra en sus cuatro mil quinientos millones de años de existencia, y que de humano tendrá los vicios de su dueño, el tan mencionado Petro.

De reciente aparición es el partido del senador Robledo, de quien dicen que es el padre de la patria más decente de Colombia. ¿Decente uno que ha mamado durante 23 años, desde el cambio de milenio, del Deshonorable Congreso de la República, una de las tetas más lactíferas de la ubre pública? Para las últimas elecciones este avorazado senador con ce de cena fundó el Partido Dignidad, como lo llamó, y le dio una sola consigna programática que no requiere explicación: “Robledo para la presidencia”. A este paso el que está fundando en Medellín Quintero, el muchachón de Gaviria, se podrá llamar “Partido de la Decencia”, con “Quintero para la presidencia”. “Fico, el presidente de la gente”, decía el otro imbécil, el culebrero paisa.

Dijiste, Petro, que la devaluación que produjo tu lengua suelta se debió a la crisis internacional. ¿Y por qué entonces las restantes monedas de la región no se devaluaron? ¿Para esas no hubo crisis internacional? Y cuando te lo hicieron ver, como eres enredador compulsivo, cambiaste de inmediato la respuesta: “Cayó el peso –explicaste con tu parsimonia de profesor sesudo–porque las exportaciones de cocaína cayeron”. ¡Qué iban a caer, por Dios, si lo que precisa hoy la humanidad, al borde como está de la guerra nuclear, es esparcimiento!

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“Mamita –le pedí a mi madrina la Muerte–. ¿Ves cómo se comporta este sujeto? Llévatelo ya para que se acabe el mal que no cesa”. Y con su voz ronca, como de lesbiana enojada, me contesta: “En esas andamos. Lo estamos trabajando”. Veee, mi madrina me salió mexicana, así dicen en México. Le reprocha uno a una mesera: “Señorita, ¿qué pasó con las enchiladas que le pedí hace hora y media? ¿Van a estar hoy, o vuelvo mañana?” “Ya merito –me contesta–. Las estamos trabajando”. Imagínense ustedes “trabajar” unas enchiladas. Ni que estuviera esta muchacha echando pico y pala de sol a sol sobre el pavimento candente de las calles de Medellín, como los empleados de salario mínimo de Quintero...

Gaviria: Subiste al solio pasando sobre el cadáver de un arribista ambicioso como tú, un tal Galán. Pero hablo de un Galansucho, no de José Antonio Galán, el comunero, el que treinta años antes de nuestra independencia se rebeló contra el rey de España y sus virreyes y encomenderos esclavistas avorazados de oro y provistos de rodilleras para prosternarse ante sus reyezuelos Austrias o Borbones. Y los peninsulares lo mataron y descuartizaron su cuerpo y lo repartieron en las plazas de la Nueva Granada, y la cabeza la metieron en una jaula que montaron en la punta de una vara de feria. José Antonio Galán y no Bolívar es el verdadero héroe que ha tenido esta desventurada patria en su bicentenaria Historia de meserias. Antes de él reinaba aquí la oscuridad; con él se hizo un instante la luz; y después de él la luz se apagó y volvió la oscuridad que hoy nos envuelve. A José Antonio Galán el comunero, a quien llego por tan impensados caminos tratando de exhibir ante ustedes a unos miserables, lo evoco ahora con amor y con dolor en esta Feria.

El Galán del cadáver por sobre el que subió el manzanillo Gaviria era un ambicioso homofóbico y un demagogo de los que los tiempos actuales producen, pero al estilo de los tiempos de antes, de los de brazo alzado con puño cerrado amenazante a lo Gaitán. “¿Amenacitas a mí?”, dijo el empresario antioqueño Pablo Escobar, y le mandó un combo de sicarios al pueblo de Soacha donde al anochecer verborreaba el ambicioso, y se lo tumbaron de una tarima dándole chumbimba. Hoy sus hijos viven del cuento del magnicidio del papá en su búsqueda obstinada de la alcaldía de Bogotá para de ahí trepar a la presidencia. De tal palo tal astilla.

Y permitiste, Gaviria, que Pablo Escobar nos bombardeara con sus coches-bomba a Medellín y a Bogotá y se construyera su cárcel de cinco estrellas La Catedral, y que allí te metiera preso a tu Viceministro de Justicia y que desde allí siguiera traficando con cocaína y mandando a sus sicarios a matar. Por consejos de tu Ministro de Hacienda Rudolf Hommes (una momia egipcia que acabas de sacar de su sarcófago) desvinculaste la inflación del sistema del UPAC y un millón de familias que creyeron en el Estado colombiano pasaron a dormir bajo las estrellas. Y apuntalando tu “apertura económica” (como la llamó tu momia egipcia) en los dólares del narcotráfico que el Estado venía lavando en su impúdica “ventanilla siniestra” del Banco de la República, abriste las importaciones de cuanto se producía aquí y quebraste nuestras pequeñas y medianas industrias; y sin haber construido una calle, ni una carretera, ni tapado un hueco, también abriste la importación de vehículos y embotellaste al país. Tú eres la fuente del endemoniado trancón en que hoy vivimos todos

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Samper: te leo un tuit tuyo de días recientes dirigido a la familia de Samuel Moreno Rojas y que te describe a la perfección: “Espero la pronta recuperación del exalcalde Samuel Moreno. Ahora que está luchando por su vida, es un momento para pensar si la sociedad ha sido justa al convertirlo a él y a su familia en chivos expiatorios del problema de la corrupción que aparece como un cáncer irreparable”. ¿”Chivo expiatorio” el del “carrusel de la contratación”, uno de los más grandes ladrones públicos que ha producido Colombia? ¿Y “corrupción” dicho por quien se pasó su mandato enredado en el Proceso 8000 que lo sindicaba de haber recibido millones del narcotráfico para su campaña a la presidencia, y que le costó la vida a Álvaro Gómez Hurtado, cuya familia te vinculó a ti, a tu ministro Horacio Serpa y al cartel del Norte del Valle en el asesinato? Como me haces reír tanto con tu desvergüenza y tu cinismo bogotano te saco de mi lista de los Porkys pero con una condición: que vayas a confesarte con el padre De Roux de la Comisión de la Verdad y le dices tus pecados, que él te absuelve y te bendice y ni siquiera te va a poner penitencia ni a dar la casa por cárcel. Yo también pienso ir donde él a limpiar mi conciencia.

Padre de Roux –le digo–: Me acuso de que soy gay desde que estaba en el vientre de mi madre, ¿me perdona? Veía venir, padre, un muchachito bonito por una calle del mundo exterior, y le decía entonces yo a mi progenitora desde adentro: “Dejame salir ya de aquí, vieja güevona, que me están llamando di afuera”. Petro: Te enumero los “entes investigadores” que se han ocupado de ti gastándose un platal del erario, y que te han vinculado a 177 procesos judiciales por tus 17 años en el Congreso, más 571 procesos por responsabilidad fiscal cuando eras alcalde de Bogotá: Corte Suprema de Justicia, Consejo de Estado, Tribunal Superior de Bogotá, Juzgado 2 Penal de Circuito Especializado de Bogotá, Sala Disciplinaria de la Procuraduría General de la Nación, Contraloría de Bogotá y Tribunal Administrativo de Cundinamarca.

En la miserable maraña leguleya de Colombia, Petro es un enredador nato que no se queda quieto para que mientras más enreda y más se mueve menos lo agarren. ¡Qué son esos cuentos tuyos de la Paz Total! Si desde hace años y años estás gozando de ella: desde que dejaste el bandolerismo del M-19 y te convertiste en parásito público.

Pastranita, sinvergüenza hijo de tu papá: Les entregaste el Caguán a las FARC y en el 2000 estaban en La Calera, en Bogotá, y de no ser por los paramilitares, cuya semilla había sembrado Uribe en Antioquia con sus CONVIVIR y que resultaron otros monstruos, se toman el país. Devaluaste el peso colombiano en el 95 por ciento y te inventaste las “mesas internacionales de donantes” para que de afuera nos dieran limosna, haciendo de Colombia un país mendicante.

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Uribe, reelector hipócrita que invocabas para tus fines políticos a la Virgen y al Espíritu Santo: Te hiciste reelegir bellacamente con el cuento de las FARC, tu gallinita de los huevos de oro, tu gallinita reelectora, y pese a los miles de millones de dólares que te dieron los Estados Unidos en tus ocho años de gobierno y que destinaste a vencerla no lo lograste. Ya ibas para la segunda reelección, pero otros ambiciosos como tú te la impidieron. Y entonces, creyéndote las alabanzas de tu ministro Porky Santos que repetía a mañana, tarde y noche que eras el más grande presidente de la Historia de Colombia, lo dejaste subir, y cuando este Judas ganó las elecciones no te volvió ni a pasar al teléfono. Años después, lograste imponer a Porky Porky, subiendo del culo a esta nulidad perversa

Santos: Subiste y gobernaste tu primer período con el mismo cuento de Uribe de la guerra contra las FARC, a las que tampoco venciste. Sin embargo, tan pronto como te lograste reelegir, te diste a sostener cínicamente que la reelección inmediata era perniciosa para el país, como si no estuvieras disfrutando de ella, y que había que hacer la paz con las FARC, así fuera al costo de dejar impunes sus monstruosos crímenes, de los que el país entero fue testigo. Y armaste tu tinglado de la paz en Cuba, haciendo de los hermanos Castro, los más grandes criminales de América e instigadores durante décadas de las guerrillas colombianas, los árbitros de nuestro destino. Y muy calculadamente designaste como “país garante” del proceso de impunidad que llamabas “de paz” a Noruega, donde justamente se da el Premio Nobel de la Paz, y no en Suecia, donde se dan los otros. Si lo hubieran dado también en Suecia, tu país garante habría sido Suecia. Y así te agenciaste el premio. Cuando lo anunciaron los medios colombianos fuiste a prometer solemnemente en la Iglesia de Bojayá que cuando recibieras el millón de dólares que lo acompaña se lo darías a los familiares de los muertos de la masacre ocurrida en ese templo durante un enfrentamiento entre los paramilitares y las FARC. Nueve largos años han pasado desde que te lo dieron y aún no cumples tu promesa. Colombia tiene la costumbre de olvidar y yo el defecto de recordar.

Paso a Porky Porky y a la falsa pandemia del coronavirus, su gallinita de los huevos de oro que le cayó del cielo, inventada por la prensa internacional para llenar espacio vacío, y aprovechada de inmediato por los gobernantes para embozalar y confinar países y gobernar por decreto, y por la corrupta industria farmacéutica para vender sus inútiles tests y sus inciertas vacunas.

Hoy la Organización Mundial de la Salud contabiliza los infectados de coronavirus o COVID en el mundo durante toda la pandemia en 770 millones, y los muertos en siete millones, contando entre estos a los que tenían enfermedades crónicas que pronto los iban a matar. ¿Y por qué las vacunas no protegieron a los 770 millones de la infección? ¿Y por qué durante el primer año de pandemia, cuando todavía no había vacunas, el virus no mató a media humanidad, si era tan terrorífico como pretendía la mentirosa y corrupta prensa mundial? ¿Y qué son siete millones de muertos frente a los 770 millones de infectados? ¿O frente a los 8000 millones de la población mundial? Más muertos produce el hambre en el mundo que esos siete millones que le atribuyen al coronavirus. Después del judeocristianismo, el mahometismo y el fútbol, el coronavirus o COVID es el cuarto lavado de cerebro más grande que haya padecido la humanidad.

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En cuanto a Colombia, los muertos atribuidos al coronavirus en el año y medio de pandemia aquí son 150 mil, una cifra que está entre los muertos normales por muerte natural en los dos períodos anuales de la pandemia. ¿Y por qué nuestro Instituto Nacional de la Salud y nuestro mendaz Dane no dan las cifras de los pequeños negocios y pequeñas industrias quebrados por la cuarentena, ni las de los traumas mentales y suicidios que causó?

Lea el discurso completo en Penguin Random House. Recuerde conectarse conla señal en vivo de la HJCK, el arte de escuchar.