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La soledad de Duni, una de las últimas vírgenes juradas de Albania

Duni vive sola en una enorme casa en un valle a la sombra de las majestuosas montañas de Albania. Es una de las últimas "vírgenes juradas" de este país balcánico, mujeres que decidieron vivir como hombres para ser el pilar de sus familias.

Albania, mujeres.
Gjystina Grisha, una "Burrnesha" (virgen jurada), sentada frente al fuego en su casa del pueblo de montaña de Lepushe, a 200 km de Tirana, el 25 de mayo de 2023. Grisha es una de las últimas "vírgenes juradas" de Albania, una antigua tradición de género que la llevó a renunciar al sexo, la vida matrimonial y la paternidad a cambio del derecho a vivir y trabajar como un hombre en una sociedad profundamente patriarcal. Durante décadas, Gjystina cortó leña, condujo tractores y cuidó del ganado como el hombre de la casa en un remoto valle del norte de Albania, hasta encontrarse sola tras años de sacrificio para mantener a su familia.
ORSOLA MEMA/AFP

Hace más de tres décadas que Duni juró renunciar al matrimonio, a las relaciones sexuales y a tener hijos para vestirse con ropa de hombre, sinónimo de arduos trabajos pero también de libertad.

No lamenta haber adoptado esta costumbre ancestral, nacida en una sociedad patriarcal en la que las mujeres estaban relegadas a la vida doméstica bajo el dominio de los hombres.

Pero, a los 58 años, se siente sola, víctima de un mal moderno como es la emigración masiva que está vaciando numerosos países balcánicos. Toda su familia se fue a Estados Unidos, como lo hicieron la mayoría de habitantes de Lëpushë, su aldea en una remota región del norte de Albania.

"Después de todos los sacrificios hechos por mi familia, es la soledad lo que me pesa", explica Duni, con el pelo corto, rasgos arrugados por el trabajo, que viste ropa deportiva y chanclas. "Siempre fuimos muchos viviendo en esta gran casa ahora hundida en el silencio. Estoy abrumada por la pena", afirma.

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Hasta hace seis meses vivía con su hermano que tenía allí un restaurante para los turistas occidentales enamorados de la naturaleza salvaje del entorno y del senderismo. Pero éste emigró a Nueva York y un mes después se le unieron sus hijos, el sobrino y la sobrina de Duni.

Nacida como Gjystina Grishaj, Duni explica que a los 23 años se convirtió en "burrëneshë", un vocablo procedente de feminizar la palabra albanesa "burrë", que significa "hombre".

"Sacrificio supremo"

Duni creció en la Albania comunista de Enver Hoxha en una familia muy pobre de seis hermanos, con su padre profesor enfermo, su hermana mayor casada y su hermano mayor fallecido.

"Decidí trabajar como un hombre para ayudar a mis hermanos y hermanas a seguir los estudios y cuidar de mi padre", explica Duni. Su madre "insistió mucho" para que se casara, explica. "Cuando venían a pedirme la mano, yo me escondía", cuenta.

Nada le asusta en esta región de vida ruda, particularmente en invierno, cuando la nieve la aísla de todo. Cortar leña, cargar piedras, reparar techos, ocuparse del ganado, conducir tractores... Duni no renuncia ante ningún trabajo físico. "Me he convertido en el pilar" de la familia, resume.

Ser "burrëneshë" también tiene ventajas. Pueden escapar del matrimonio concertado sin deshonrar a la familia, llevar pantalón, beber raki (un licor de fruta local) en el café o dar su opinión sobre grandes cuestiones al mismo nivel que los hombres.

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En la aldea donde viven apenas 20 personas, todos conocen a Gjystina por el nombre de Duni, el apodo dado por su padre. Su decisión le granjeó el "respeto" de la comunidad, comenta Paulin Nilaj, de 27 años, propietario de una posada en Lëpushë, que también espera los papeles para emigrar a Estados Unidos.

"Adoptó las costumbres de los hombres para tener un estatus particular", continúa. "Siempre la he conocido así. Si un día se casara, eso sí que me sorprendería", añade.

Según los historiadores, esta tradición procede del kanun, el código medieval que regía todos los aspectos de la sociedad en el norte de Albania y en Kosovo y establecía que las mujeres eran propiedad de los hombres.

Convertirse en virgen jurada era "muy honorable" socialmente, confirma la antropóloga Aferdita Onuzi. "Estas mujeres gozaban del respeto de todos, una decisión así se consideraba el 'sacrificio supremo'".

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Ahora "la vida es diferente"

Se desconoce el número de "burrënesha" que viven todavía en este país de 2,8 millones de habitantes, pero no son más que un puñado.

Duni también se considera una de las últimas en un país donde los derechos de las mujeres progresaron, sobre todo entre las élites, aunque la desigualdad todavía es patente.

"Puede que conmigo se cierre el capítulo y nadie se convierta más en una 'burrëneshë'. Hoy en día la vida es diferente, no hay esta presión, aquellas que quieren trabajar pueden hacerlo sin importar dónde", explica.

Los expertos señalan que esta tradición no tiene ninguna relación con las cuestiones de identidad sexual o de género que alimentan debates en numerosos países del mundo.

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"Las relaciones sexuales tampoco eran un tema", señala Elsa Ballauri, militante de los derechos de las mujeres que ha abierto un museo en Tirana para explicar la historia de las albanesas.

Era "el resultado de circunstancias sociales que obligaban a una a imponerse en una sociedad de hombres", explica.

De hecho, al plantearle a Duni la cuestión de la homosexualidad, ella se escandaliza: "Ni siquiera Dios debe escuchar hablar de cosas así".

Y al preguntarle si deben usarse pronombres masculinos o femeninos para describirla, Duni se queda indiferente: "Poco importa, es mi vida".

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Una vida que se ha hecho más difícil con la marcha de sus familiares. Ahora sobrevive gracias a la venta de champiñones y hierbas medicionales recogidas en la montaña, y de raki y siropes que fabrica ella misma a pesar de su artritis.

También tuvo que aprender a cocer la pasta porque ella nunca se encargó de la cocina o de limpiar la vajilla y, en general, detesta los trabajos domésticos.

No quiere pedir socorro a sus hermanos y hermanas y de los 12 sobrinos y sobrinas que tiene aunque está "segura" que la ayudarían.

Pero "para ellos también es difícil como inmigrantes albaneses". Recuerde conectarse a la señal en vivo de la HJCK, el arte de escuchar.

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