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¿A dónde se han ido los eventos de arte contemporáneo en Cali?

Una crónica sobre la polémica de la llamada Bienal de Arte Contemporáneo de Cali.

Sebastián De Belálcazar
Estatua de Sebastián de Belálcazar fue derrumbada durante las protestas en Cali.
AFP

Se suele escuchar que en los eventos artísticos surgen escándalos por cómo el público reacciona al ver una pieza artística controversial, bien sea por su contenido temático, por la técnica empleada o por ser llamado eso ¡ARTE! (en mayúsculas). Y la ciudad de Cali no ha sido ajena a esta dinámica. Menciono un icónico acto para la controversia caleña como lo fue el dedo cortado de Pierre Pinoncelli, en el V Festival de Performance organizado por Helena producciones titulado Un Dedo para Ingrid; o el recién construido monumento a la resistencia, erguido en el sector de Puerto Rellena; o el Sebastián de Belalcázar intervenido por la artista Liliana Villegas; o la Mujer del aeropuerto de María Fernanda Cuartas, artista de la cual hablaré más adelante.

A estos acontecimientos, podemos sumarles el robo de una estatua del monumento a la solidaridad, o la destrucción lenta pero constante del monumento a la Infancia en la avenida sexta. No olvidemos el derribamiento del Sebastián de Belalcázar por los Misak, como un acontecimiento importante dentro de los sucesos culturales que han rodeado a las representaciones artísticas de la ciudad. De esta manera, quiero demostrar que Cali es una ciudad activa en mantener una discusión sobre las imágenes que producen respecto a las preguntas sobre su identidad. Aunque, a pesar de estas discusiones, solo sí son mediáticas de alguna manera, cobran relevancia para la discusión en alguna tertulia matutina.

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Y claro, acá cabe la queja de algunos que estos acontecimientos terminan siendo circunstanciales, que no se profundizan en ellos y que las polémicas solo se resuelven cuando el malestar se olvida o simplemente se habitúa la mirada respecto a la poca planeación y mal uso del espacio público, como lo puede ser la mal ubicada Jovita en el parque de los estudiantes, cubriendo una fuente de agua aun existente en la estación del MIO contigua al colegio Santa Librada, suceso el cual me motivó a realizar la intervención titulada Retrato de un Esfuerzo. Pero, en este caso, la infraestructura física de la ciudad no me ha motivado escribir este texto. Lo ha hecho la reciente polémica de la Bienal de Arte Contemporáneo de Cali, próxima a realizarse desde el 26 de septiembre al 2 de octubre del presente año (2022), y la respuesta de algunos caleños a la aparición de la diva de divas colombiana Amparo Grisales como una de las curadoras invitadas. Es acá donde debí dejar un enlace referenciando la noticia, pero al momento de escribir este texto, veo que la publicación en el perfil del evento, su aparición fue borrada; algo similar pasaron con los logos del Ministerio de cultura, la Gobernación del Valle y la Secretaría de Cali.

Y siendo sincero, no me incomoda en lo absoluto que la diva de divas hubiese participado del evento, tal vez no como curadora, pero si aún no se ha cancelado su participación, el haberme perdido la posibilidad de erizarme con sus comentarios frente a sus opiniones respecto a de las piezas artísticas, seguramente me podría brindar la posibilidad de reconciliar esa visión de nicho que tiene gran parte de los eventos de arte contemporáneo de este país, con una visión mas pop, más popular. Pues, a pesar de esta visión parroquial o maniquea de cómo algunos ven al arte contemporáneo en Cali, y podría decir que se involucren otras figuras públicas, podrían enriquecer las discusiones sobre arte; reitero, podría o puede como mínimo ser divertido.

Sin embargo, lo que me incomoda de este evento es su clara especulación y falta de claridad frente a las pocas definiciones que sobre el arte se han construido, dicho esto sin haber sucedido su inauguración. Pues, no creo que lo que desate la incomodidad de algunos artistas sea solamente que inviten a Amparo Grisales para ser curadora, sino que se suponga que ella representa una voz que domine la discusión en arte contemporáneo, y se siga equiparando este en la dimensión de espectáculo, y no como un ejercicio intelectual y filosófico, que posee elementos propios de una disciplina. De aquí en adelante, creo que se han sumado quejas, argumentos en contra, que, aunque no recaen enteramente sobre el evento llamado La Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Cali, creo que pueden dar un panorama del escenario tan precario al cual se enfrentan los artistas en Cali. Aclaro, aunque brindé el enlace de la página, esta aparece como en constante construcción, pues haciendo un símil con este evento, es una fachada con un cascarón vacío, ya que, aunque se intente acceder a alguna de sus secciones, estas conectan con el código de referencia de WordPress, no con información originada para la página, por lo que no puedo dar referencias claras sobre las líneas curatoriales o los objetivos de la Bienal.

Y con todos estos argumentos me pregunté si es valioso sacar tiempo en seguir escribiendo sobre este evento, pero, pido seguir con la lectura, porque he querido aprovechar la ocasión para hablar de esas definiciones de arte que hay en la ciudad, y que reflejan lo precario que se ha convertido la escena artística en Cali, perdiendo el brillo y dando así cabida a eventos que no representan desde mi punto de vista, ninguna propuesta seria para una ciudad que tiene cinco instituciones de carácter formal las cuales egresan artistas en la ciudad. De aquí que, la discusión sobre los elementos identitarios que dan un valor a lo que significa ser artista en Cali debe ser abordado por las instituciones que lo abanderan, pues esa discusión sobre por qué se acabó el Festival de Performance de Cali y qué evento puede atender este faltante en la ciudad, o la preservación de los hitos históricos como lo son las esculturas de la ciudad, o la participación de artistas con proyectos con comunidades de base, o la desaparecida bienal de artes gráficas que organizaba la Tertulia, o la disminución de actividad de la fundación Frontera Sur, o Lugar a Dudas, solo por mencionar algunos, lo deben dar las instituciones existentes, los académicos en ejercicio y los artistas con relevancia en una escena del arte reconocida entre pares.

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Sin duda, los artistas, como todo otra profesión, a pesar de no tener un núcleo común respecto a su determinación, comparten espacios de trabajo, reconocen en otros artistas logros y propuestas que consideran valiosas, se congregan en grupos para llevar a cabo proyectos y se configuran comunidades para negociar significados sobre sus prácticas (Wenger, 2001). Esto no deja de lado a una comunidad que se ve constituida, como lo es la que impulsa la mencionada Bienal, pero si se evidencia una distancia sobre lo que consideran ARTE (así con mayúsculas), con otras comunidades de artistas de Cali. Además, genera malestar en una comunidad que ha crecido al lado de discusiones académicas, que han compartido espacios relevantes del arte nacional e internacional, el cual ha sido reconocido por instituciones con prácticas centradas en el ejercicio profesional (me sumo a esta comunidad), y que tres artistas que presuntamente se han mencionar en un libro al parecer pagado por ellos, y que se promociona en una página de Facebook ofertando un pago por su participación, genera molestia en una esfera de discusión pública que siente constantemente demeritado un esfuerzo por conectarse a través del mérito, la suerte y las discusiones su práctica artística.

Es así como Caracol Radio recogió la noticia de los tres artistas entre los 100 mejores, mencionando a Miguel Ángel Guarín (director de la Bienal), María Fernanda Cuartas (autora de la escultura de la mujer en el Aeropuerto de Cali) y Julio César Sierra (presidente y fundador de la Bienal, como lo menciona en su página de Instagram), y cito “Este reconocimiento le otorga la oportunidad a los artistas de ser embajadores del arte colombiano, al liderar dos eventos de reconocimiento mundial: el primero denominado “Colombianos en el Louvre”, en el que podrán exponer sus obras en el prestigioso museo parisino que se llevará a cabo en el próximo mes de octubre”. Pero nada más alejado de la realidad, porque la poca verificación de estos datos por parte del medio nacional hizo confundir una exhibición en el museo con un centro comercial llamado Carrousel du Louvre ubicado en París, pero que dista mucho del Museo de Luvre. Esta sutil pero significativa confusión dice mucho de la poca prensa informada sobre los fenómenos artísticos del país. Acción similar hizo el noticiero regional Noti5, en su sección de entretenimiento llamado Zona 5, relegando los eventos artísticos a eventos que solo obedecen al espectáculo y a la nota jocosa, pero, este noticiero tampoco verificó la información antes de emitirla.

Tal vez este tipo de sucesos no suceda en otro espacio que no sea Cali, pero las definiciones sobre lo que es arte están en juego en la esfera de discusión pública de la ciudad, porque considerar valioso para el sector cultura y para el campo del arte en el Valle del Cauca, un tipo de promoción como esta, y que no exista reacción alguna de los agentes culturales de la región, debe preocupar a los artistas egresados de universidades de la ciudad. Pues, no considero que se pida una explicación al respecto, pero si se evidencia que hay una total desconexión con lo que sucede en las instituciones artísticas de la ciudad y la ciudad misma, incluyendo a los entes administrativos. Por todo ello, se deben fomentar oficios como curadores, periodistas, coleccionistas, historiadores, marchantes y otros agentes culturales que decante en una formación de público (Rivas Aguado, 2008), pues cada uno tiene su función dentro del artificio llamado arte (Groys, 2014).

Entonces, el problema de las definiciones del arte se media sobre un aparato que, a pesar de aparentarse frágil en el país, es robusto en cuanto a sus discusiones internacionales y a los espacios que legitiman la práctica artística. No es fácil para los artistas ingresar a ciertos espacios con nuestras piezas, pues, no creo que la Bienal en sí deba buscar estos avales, pero la falta de claridad sobre sus definiciones alborota un humero mayúsculo sobre la denominación de los llamados 100 artistas contemporáneos del mundo, como lo recogió el portal Infobae. En contraste, un ejemplo de las discusiones que se dan desde la centralidad a esto llamado ARTE (con mayúsculas), es el listado de los 100 artistas con perfil de Instagram mencionado por la casa de subastas Christies, o el listado de los museos más importantes del mundo según Forbes. Pero estamos lejos que este tipo de medios lleguen a Colombia, incluso, esta discusión excluye a la mayoría de artistas residentes en los países donde se ha construido una discusión más sólida sobre el sistema del arte, como lo menciona la artista y docente Dannielle Tegeder en uno de sus memes en su página de Instagram “Gagosain is not coming for you”, haciendo referencia a que el gran marchante norteamericano Larry Gagosian no vendrá a tu taller a revelarte como el artista que según tu sesgo cognitivo te ha hecho creer que eres.

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Retomando el tema de los medios de comunicación colombianos; por supuesto que no hay evento social digno de ser bien cubierto si no es un hecho político, o económico o de seguridad, pues se pueden reconocer cabezas visibles en el país que cubran estos hechos noticiosos, pero los hechos culturales y artísticos, pueden ser relegados a las notas de farándula y toda esta información puede ser manejada como un chisme, sin que se verifique nada de loque allí se dice. Posteriormente, una serie de medios cubrió lo que sucederá en la Bienal, por ejemplo, el portal Las 2 Orillas mencionó la inscripción de $100.000 pesos por artista nacional y $ 100 dólares por artista internacional en caso de ser elegidos, al parecer estos debieron costear el envío de la pieza la cual debió efectuarse antes del 10 de septiembre. La revista Semana mencionó la agenda y sitios de exhibición, pero al momento de escribir este texto la biblioteca de la Universidad del Valle anuncia su negativa al evento, pero en ninguna de estas publicaciones mencionaron o líneas curatoriales o visiones particulares del arte caleño, algo que es fundamental para brindar de legitimidad a un evento artístico.

Recordemos que al momento de hacer la inscripción, los artistas participantes seguramente se percataron en los carteles los logos del Ministerio de Cultura de la Administración Duque, los logos de la Gobernación del Valle, la Alcaldía de Cali, como se evidencia en varias imágenes que están circulando en redes sociales y como se evidencia en este blog de noticias llamado Pantallazos, pero a partir del día 19 de Septiembre, dichos logos se retiraron de la página web, de la cual no tengo evidencia para demostrarlo, solo un par de testimonios de personas que me lo manifestaron, lo mismo sucedió de su página de Instagram de la cuenta de la bienal, pero hasta ahora no se ha retirado el logo de la Universidad del Valle, como aliado del evento. Esto me hace pensar en el papel que juega la Facultad de Artes Integradas de la Universidad del Valle, y especialmente el Departamento de Artes Visuales y estética, pues, cada universidad tiene un eje misional llamado Extensión, el cual se encarga de la conexión de las actividades académicas con la comunidad, por lo que creo que la Universidad y especialmente la facultad se debe pronunciar.

También, me hace pensar en qué sienten los artistas participantes al ver unos avales que sustentan sus piezas y la participación en el evento, y que luego de manera paulatina han sido retirados de la página y redes sociales, con un referente de avisos de desautorización por parte de los organismos gubernamentales, como lo hace la Alcaldía al reitera el no aval y apoyo al evento; del mismo modo, a pesar de ver circular una supuesta respuesta del Ministerio de Cultura, no encontré respuesta oficial o una imagen que me diera certeza que la imagen de no autorización de Ministerio fuera legítima, por ello me abstengo de brindar el enlace a esta imagen. Esto, que considero maltrato al artista, me hace pensar en el rol que estamos desempeñando en un sistema de por si frágil y sin apoyo alguno respecto a este tipo de atropellos, claro, si así se demuestra que sucedieron, pero la poca claridad de la organización me hace pensar eso.

Esto me hace pensar también en la figura del artista y de su ejercicio de agremiación, cómo los artistas terminan jugando a una serie de gestores improvisados sin ningún tipo de experiencia en gestión cultural y desplazando sus prácticas comunitarias a prácticas institucionales, sin que medie ningún tipo de acompañamiento por parte de otros entes culturales, que pareciera que en Cali no construyeran historia sobre sus hombros. Un buen ejemplo de un trabajo de reconocimiento de prácticas de gestión desde las artes visuales es el texto Giros y Desvíos, donde ejemplifican diferentes tipos de organizaciones y de gestión sobre estas (Victor et al., 2015), pero parece que estos documentos no se retoman en una discusión de ciudad. Como tampoco se retoma el trabajo hecho por otros, por Juan Melo, por ejemplo, el cual publicó con el instituto Bellas Artes, un compilado de artistas y prácticas locales de arte contemporáneo (Melo, 2016), del cual hago parte.

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Por tanto, esta figura de artista termina perdiendo legitimidad frente a un aparato productivo que procura llenar salas de exposición sin que exista una lectura de un contexto local, o cuando menos, de contextos locales que atiendan a dinámicas surgidas desde los espacios que se han legitimado sobre prácticas profesionales. Y dicho esto, no quiero decir que sea el único espacio de enunciación válido, pero pretender desconocer la identidad artística que se ha construido en la región suscita la respuesta que hasta ahora se ha generado. Pues, si se magnifica un evento con le objetivo de tomar una vocería amplia de un sector cultural de la región, como lo puede ser titular un evento como Bienal de Arte Contemporáneo de Cali, sin incluir una participación clara de artistas de Cali, y desconocer referentes como los anteriormente citados, estipulando criterios de calidad más que dudosos, construyendo un artificio sobre un relato que dista mucho de discusiones académicas y de formación del gusto basado en el reconocimiento de la historia del arte local, pone en juego la legitimidad del mismo, y más si se engaña de manera deliberada, como no ser claro en qué espacios se exhibe, o que reconocimientos se goza, es lógico que los artistas locales señalen de fraudulento un evento con estos cuestionamientos encima.

En pocas palabras, la Bienal de Arte de Cali no es el problema en sí, es un síntoma del sistema artístico y cultural de la ciudad de Cali y de la región que hace parte, es un síntoma de un abandono sistemático por parte de las instituciones, lo que ha obligado a algunos artistas a construir prácticas sin conexión con las discusiones que propone la disciplina, pero éstos tampoco han hecho los deberes completos, pues creen que solo basta con llenar paredes en sitios, engañar a un público neófito sobre cómo se legitima la práctica artística, la cual sobrepasa el juicio personal o el gusto individual y vender mucho humo, para así brindar de un aparente significado de lo que es el arte en Cali.

*Este artículo fue publicado con sus respectivas referencias en la página del artista Carlos Camacho.