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"Hacer coro es hacer paz": Sandra Patricia Rodríguez, directora del coro "Hijos de la Paz"

Hablamos con la directora del ensamble sobre la cercanía de la música clásica para los niños y la importancia de las artes en escenarios de reivindicación de derechos y paz.

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La Paz sigue siendo una promesa congelada en Colombia. Tras cinco años de la firma del Acuerdo de Paz, perduran los vacíos en la implementación de lo que se pactó en medio de las conversaciones entre los líderes de las FARC —hoy partido COMUNES— y los designados por el Gobierno del presidente de ese momento, Juan Manuel Santos. A pesar de las inconsistencias, el arte ha sido siempre un espacio de articulación y construcción simbólica de nuevos relatos sobre el país, y particularmente, sobre nosotros mismos.

Parte de esa labor ha consistido en imaginar la participación de los reinsertados y sus familias en distintos espacios de la vida civil. Con su regreso de la selva, la posibilidad de una vida se abrió ante ellos, la maternidad, la paternidad, el emprendimiento y muchas otras perspectivas de la vida que habían quedado ocultas con los combates, aparecieron de repente. Las artes han estado allí. La música y la literatura han sido escenarios para que los excombatientes cuenten sus historias de vida y las transformaciones que la paz les ha ofrecido.

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Sin embargo, la mayoría de altavoces han estado concentrados en los adultos y sus voces, pero gracias a la Orquesta Filarmónica de Bogotá, los más pequeños, los niños que nacieron durante el proceso y firma del acuerdo de paz, han encontrado un nuevo espacio para cantar a la vida y a la paz. El coro Hijos de la Paz, ha sido el punto de encuentro para ellos, no solamente con sus iguales, sino con sus voces, la música y la danza. Hablamos con Sandra Patricia Rodríguez, directora del ensamble, sobre la iniciativa y el papel de la música en escenarios de posconflicto.

En medio de la conmemoración de los 5 años de la firma, la Alcaldía de Bogotá convocó un concierto en la Plaza de Bolívar, el pasado 24 de noviembre. Sobre la 1:00p.m. de la tarde, llegaron al escenario los 48 niños y niñas que conforman el coro. El repertorio estuvo conformado por tres canciones: "Palomita de la Paz", del compositor Jairo Andrés Sáchica, "Te llevo Aquí de Charito Acuña" y "Toy Contento", del compositor Luis María ¨Billo¨ Frometa; una selección guiada por mensajes de esperanza que recuerda la necesidad de unidad.

Sobre la creación del grupo, la maestra Rodríguez cuenta, "nos reunimos con el director de la orquesta para hablar acerca de cómo era el proyecto, cuál era el propósito y luego me entregaron la lista de los niños que iban a participar. Lo más importante, en este momento era poder conocerlos y realizar un diagnóstico acerca de todos los aspectos musicales, de disciplina, de seguimiento, de instrucciones, y musicalmente está temas como afinación, ritmo e imitación, movimiento corporal; y después empezamos hacer prácticas para ver el nivel de desarrollo.

Dentro del ensayo se tomó la decisión de que los niños de 7 años en adelante estarían en otro grupo. Este coro se une con una selección de la filarmónica infantil que iba trabajar con los Hijos de la paz. Desde el principio para todos fue claro que este era un grupo nuevo en el que íbamos a trabajar, montar un repertorio y hacer un concierto, y teníamos que prepararnos para esto. El coro se consolidó, el grupo de iniciación de nuestra orquesta se encargó de los más pequeños, y junto a Mario Lo Russo y Jesús Ortíz, trabajamos con el grupo de los niños más grandes que oscilan entre los 7 a 16 años".

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La música clásica ha sido percibida, durante mucho tiempo y por buena parte de la sociedad, con distancia y cierto ruido. Sin embargo, la iniciativa de la Filarmónica se propone acercar a la gente a estos sonidos, compartiendo con ellos las nociones y mensajes que subyacen en esas melodías. Frente a la percepción se recelo, Rodríguez asegura que "La distancia ante la música clásica tiene que ver con formación, con falta de cultura en este aspecto musical, por esa razón nos vemos tan alejados. La verdad considero, de acuerdo a mi experiencia, que la música la acerca el director del coro, porque es quien entiende, ama, vive y vibra con la música clásica, así puede acercarla a los niños de manera muy fácil, porque lo niños se enamoran de lo que se enamora el profesor".

Tenemos en nuestra mano, como directores, el poder de enamorar a los niños de tantas cosas tan importantes que no solamente es la música clásica, sino esta disciplina que nos lleva a ser mejores seres humanos, darles ejemplo, mostrarles que el coro musical es un ambiente de paz, de alegría, de unidad, de diversión, de mucho estudio y rigor, pero una no pelea con la otra, sino que todo hace parte y es necesario para poder avanzar".

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Históricamente, la música ha sido un medio de denuncia y también un elemento de memoria sobre los hechos políticos y sociales de distintos momentos en el mundo. Los grandes compositores de música clásica no están exentos de este principio e hicieron de sus sonatas, fugas e interludios, mensajes de protesta contra las guerras y decisiones políticas de distintos reyes. Esa necesidad de comunicar subsiste a pesar de las formas, no pelea con géneros o ritmos, sino que se adapta a ellas o las transforma. Justamente ahí radica su fuerza de cohesión.

Las expresiones artísticas son también una medida del pulso social. Ante un país que parece experto en oponerse a la paz —desde las instituciones, fuerzas políticas y buena parte de la ciudadanía— las artes son el espacio para mostrar el otro extremo de la cuerda, pensar desde la colectividad y enaltecer los escenarios de posconflicto que se escapan de las narrativas oficiales. Para la directora Rodríguez, hay una necesidad perenne de reparar en la contradicción y contrarrestar su efecto con hechos: "Hay actitudes de nosotros como seres humanos, como colombianos, que de pronto uno no explica por qué somos así, por qu´é sí decimos que queremos la paz tenemos reacciones tan opuestas, tan negativas, tan dañinas con otro seres humanos. Definitivamente creo que el coro, así como lo he afirmado en otras ocasiones, es hacer paz. Hablo directamente desde mi arte, le música y la música coral, obviamente través del arte podemos hacer paz, podemos desde el coro incorporar otras artes como la pintura, la creación de la literatura, podemos incluir el teatro, la danza, la fotografía misma, la puesta en escena creando objetos, espacios, el coro tiene una posibilidad enorme de incluir las demás artes, pero creo que definitivamente el hecho de encontrarnos y entender que nosotros somos el instrumento y que de mí disposición, de mi actitud, de mi mirada, de mi abrazo, de cómo le habló mi compañero, desde aquí estoy construyendo paz.

En el coro no pueden haber actitudes odiosas porque lo único que traen es malestar. Eso no se puede aceptar y si yo como maestro soy radical en esos comportamientos, voy limpiando a los niños de esos actitudes que son las que, cuando vamos creciendo, se vuelven normales en nuestro medio. Cuando seamos ejercicios corporales, coreografías en las que se incluye el otro, estamos haciendo paz; cuando cantamos contextos que invitan a cuidarla naturaleza, amar al otro, "somos hermanos" cantábamos nosotros en el concierto, esa energía implica una fuerza, significa que somos uno.

A través de lo que hacemos y de lo que decimos, de nuestra expresión de nuestra cara, hacemos paz y no podemos dejar que las condiciones nos limiten, tenemos que seguir ofreciendo a los demás de mejor y definitivamente, el coro cumple con esto. Esperamos tener vida para poder seguir haciéndolo por siempre, porque de verdad del coro transmite y logra cohesionar muchos elementos que no podemos dejar que se mueran".

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