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Umberto Eco, la belleza y el internet

Hace 90 años nació uno de los académicos más importantes para el lenguaje y la filosofía. Eco, que murió en 2016 a los 84 años, no ahorró críticas en vida sobre el internet y dejó un tratado histórico sobre la belleza.

Umberto Eco
Umberto Eco fue un semiólogo, filósofo y escritor italiano, autor de numerosos ensayos sobre semiótica, estética, lingüística y filosofía, así como de varias novelas, entre ellas <i>El nombre de la rosa.</i>
AFP

El ideal de belleza a lo largo de la historia es un péndulo que fascinó a Umberto Eco, que publicó Historia de la belleza, un volumen escrito junto con Girolamo De Michele e ilustrado con imágenes de obras de arte de todos los tiempos. En él se reconstruye la visión que la humanidad ha tenido de la belleza, desde las Venus primitivas al calendario Pirelli, pasando por los caballeros medievales o el Cristo crucificado. Cinco libros para comprender el pensamiento de Umberto Eco

Eco y Michele contraponen belleza y deseo: "Hablamos de belleza cuando disfrutamos de algo por lo que es en sí mismo", independientemente del hecho de que queramos poseerlo, porque "el sediento que cuando encuentra una fuente se precipita a beber no contempla su belleza". Eco es rotundo, asimismo, cuando afirma: "Tenemos que disociar la historia de la belleza de la del arte. En ocasiones, lo bello era la naturaleza", dijo el italiano cuando publicó dicho libro.

Parece que ser bello equivale a ser bueno, de hecho, en distintas épocas históricas se ha establecido un estrecho vínculo entre lo "bello" y lo "bueno". Pero si juzgamos a partir de nuestra experiencia cotidiana, tendemos a considerar bueno solo aquello que podemos poseer.
Umberto Eco

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Unas tablas comparativas, al inicio del volumen, permiten observar la evolución del ideal a lo largo de la historia. La divergencia de modelos (en personas, flores, animales, astros, matemáticas...) cuestiona la idea kantiana de belleza como "algo que gusta universalmente". Para Umberto Eco, al contrario, "lo que funda la belleza es la mirada", nunca el objeto observado. "Utilizamos el adjetivo bello para designar cosas que no tienen nada que ver entre sí, como una bella comida, una bella noche de amor, una mujer bella, un bello cuadro... Son experiencias radicalmente distintas."

Eco, en la presentación de la obra en Italia, confesó: "Hace unos cuarenta años empecé a tomar notas para publicar una historia de la belleza. Mi editor rechazó la idea. Este tipo de estudios no estaban de moda entonces; era necesario escoger temas graves, herméticos, y adoptar un aire docto y serio".

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A finales del siglo XX, según Eco, se da una enorme pluralidad de modelos, es decir, "un supermercado de la belleza, donde cada uno escoge lo que prefiere, lejos del elitismo. Pero lo peligroso es que siempre hay un modelo nuevo, la última moda. Así, nos instalamos en una esquizofrenia porque lo que estaba de moda ayer no lo está hoy y, más que una democracia de la belleza, nos encontramos con un régimen represivo". Dijo Eco: "Corriendo a toda prisa tras las efímeras bellezas impuestas por las modas, somos más esclavos que en el Renacimiento, cuando la gente sólo se fijaba en la cara." El hombre y la mujer de hoy se sienten mal por no poder cambiar de aspecto; no consideran la belleza un artificio sino que la confunden con la realidad y se frustran ante referencias tan perfectas como artificiales: "Hasta la más bella de las modelos será siempre más fea en la vida real que en las fotos".

Todo ello nos aleja de los griegos, cuyo ideal —"una belleza psicofísica que armoniza cuerpo y alma"— se expresaba en las inscripciones escritas en el muro del templo de Delfos: "Lo más exacto es lo más bello", "Respeta el límite", "Odia la hybris (insolencia)" y "De nada demasiado". A todo ello se oponía "la belleza dionisíaca, perturbadora y contraria a la razón", que permaneció oculta hasta que, en el siglo XIX, "se toma la revancha sobre la belleza clásica" y "el artista representa los aspectos más inquietantes de la vida". El libro trae textos que debatieron el tema, de Homero a Kafka, de Platón a Marinetti.

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El autor de El nombre de la rosa, fallecido en 2016 a los 84 años, alcanzó a emitir opiniones frente a la era del internet y las redes sociales. ¿Sus posturas? Absolutamente críticas. hay que entender que Eco, además de intelectual era un bibliófilo declarado. Es decir, creía absolutamente en la relación entre el objeto libro y las manos. Es lo que plantea Byung-Chul Han en No-Cosas, sobre el hecho de que las cosas existen mientras sean tangibles, y que en el mundo digital se tienen accesos más que cosas concretas.

“La televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior. El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”. ABC, abril de 2015.