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Poemas recomendados en este Festival Internacional de Poesía de Bogotá

El Festival Internacional de Poesía de Bogotá, que irá hasta este 5 de mayo, tiene más 25 actividades gratuitas, entre virtuales y presenciales.

Poeta homenajeado en el 30 FIPB, Agusto Pinilla, firmando antología personal.JPG
Agusto Pinilla, poeta homenajeado en el Festival Internacional de Poesía de Bogotá, firmando antología personal.
Sebastián Navarrete Aldana

A la celebración de los 30 años del Festival Internacional de Poesía de Bogotá, se suma el aniversario de los 40 años de la revista Ulrika, siendo este año el poeta homenajeado, el colombiano Augusto Pinilla Vargas (Socorro, Santander, 1946) quien es poeta, ensayista, escritor y profesor.

Autorretrato

-Augusto Pinilla Vargas
Un poeta camina por los prados
hacia la cima de la niebla
Quiere atrapar el día
a la hora de su nacimiento
y darle una palmada
y que rompa a llorar
—por la primera vez—
entre sus manos
Un poeta se pasó la vida
en el umbral de niebla de los amaneceres
tratando de atraparlo.
Al final,
todo el mundo lo vio aparecer
al extremo del bosque,
llorando,
con los zapatos llenos de rocío
y la primera luz
sonriendo entre los árboles.

Trasatarabuela

-Anna Gual
El derecho a rendirnos no es un derecho,
debiste decirle a alguien que se me parecía.
Es un error semántico.
Es un engaño de magma.
Todos los siglos son el mismo siglo.
Solo cambian los colores y las formas.
Las costumbres.
Las bacterias.
Tú siempre has habitado todos los tiempos.
Siempre has vivido dentro de mí.
Viva y muerta, a la vez.
Con el afán de quien empuja
descalza
un carruaje.

Otra Primavera

-Silvia Rosa
El joven cuerpo robusto, nutrido
los cabellos habitados por cuervos dentro de un nido
de rizos: ¿Cuánto tiempo ha pasado? me pregunto,
desde que eras un cachorro flaco, petulante,
con palabras gráciles en vez de manos inquietas,
aquellas que ahora tienes en las caderas de tu esposa,
juventud cegadora que envidio ―un capullo―,
por primera vez veo la marca de las estaciones
en el rostro de los demás, me doy cuenta de estar más allá
de los años de pulpa roja para morder, soy el fruto
en el suelo, ahora, y observo las flores crecer en otro lugar:
mi primavera es una pálida ofrenda a un sol
indiferente, soy yo ahora la mujer que
no vale la pena. Menos mal, me digo, a
esta altura no tengo más vértigos,
te dejo a ti y a tu bella la cumbre desde donde
de repente, inevitable, llega la rendición,
el declive de los días. Después es solo cuestión
de sombras para aprender de memoria,
para no tener miedo a nada.