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Cinco poemas de Piedad Bonnett

Algunos poemas de la poeta colombiana Piedad Bonnett de libro "Poesía selecta" publicado por el sello Poesía letra a letra.

Piedad Bonnett
Además de poesía, Piedad Bonnett ha escrito siete novelas. Su más reciente publicación es "Qué hacer con estos pedazos", del sello editorial Alfaguara
Cortesía

Último instante

En qué pupila
quedaste tu grabado para siempre
aún vivo
pero volando triste hacia la muerte
en el último instante, el cielo a tus espaldas.
Quien te lleva dentro de sí
como una pesadilla hacia la noche
o una anécdota, un puro escalofrío
que aspira a remansarse en la palabra.
Quién vio lo que no vi,
lo que tan solo
a mí me pertenece:
tú como un ave interna que se entrega,
oscura y sin plumaje,
derrotada.

Huéspedes

Esta noche tendremos huéspedes en casa
y se quedaran a dormir en tu habitación.
He quitado, pues, el polvo de todos los rincones,
he cambiado las sábanas y he sacudido la almohada,
y he puedo entre un cajón tau viejo suéter,
pero antes he metido mi cara entre la lana,
me he ahogado en su dulce mar de púas.
No les diré que aquí se desvelaba el cuervo de tus sienes,
ni que un niño sombrío se despedía de ti detrás de la ventana.
No les diré que aquí nunca es de día.

Volver

Abro la puerta de mi casa, enciendo las luces,
saco de mi maleta la ropa sucia, el cepillo de dientes,
los libros recién comprados,
apilo los periódicos de los últimos días, las cuentas,
abro una ventana para ventilar un poco,
y en el reflejo miro, de reojo,
a la recién llegada
que así
sin más ni más
se deshabita.

Las herencias

Hilo mío, me duelen las herencias.
Esta culpa, zarza que arde y me quema,
y que no me concede saber cuál fue el pecado.
En tu inocencia se mira mi inocencia
como en un ojo de agua que me cuenta una historia
que ya ha sido olvidada,
y otros hablan entre tus voces turbias
y otros sufren de nuevo entre tus sueños
y en tu silencio sufren
otra vez más aquellos que están muertos,
y tu herida
es una pena antigua que por mi sangre pasa
y estalla en las entrañas en que nadaste un día.

S.O.S.

Estoy pensando qué cuerda podría lanzarte yo,
qué salvavidas.
Y pensando también
-con el alma estrujada en un turbión de pena-
en el hondo sofoco de tus aguas,
en tu esfuerzo
de nadar y nadar la vida entera,
en tus ojos que buscan, como peces sonámbulos
ensombrecidos de algas y de arena.
En tu cansancio,
en tu desgarradura.
Pero no tengo cuerda
ni red para salvarte
ni oración que conjure las tinieblas
o que sirva de tabla de naufragio
y ni siquiera
-ahí donde me ves, cargada con mis jarcias-
tengo orilla certera.