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Novena de aguinaldos a santos literarios

Para los amantes de la literatura creamos esta novena de aguinaldos particular donde nos encomendamos a los dotes de las escritoras y escritores que esperamos nos favorezcan con su poder.

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Benignísimo Poe de infinita claridad, que tanto envideasteis a los hombres, que les dísteis en vuestro cuervo la mejor prenda de vuestro amor, para que hecho carne en las entrañas de una narración extraordinaria naciese en tantos libros para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno de él os ofrezco la ribera de la noche plutónica, el graznido ominoso y las demás virtudes de vuestro hijo encarnado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que te atormentó y por las tiernas lágrimas que derramó el lector primerizo, que dispongáis nuestros corazones con misterio profundo, con terror encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que el cuervo, recién posado en el pálido busto palas, tenga en nosotros su eco y more eternamente. Amén.

(Se repite trece veces “Nunca más”).

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Soberana Sor Juana que por vuestras grandes virtudes y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo Sueño os escogiese por madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta novena, para el efecto espiritual que debe tener la poesía en los mortales que pasen por esta tierra. ¡Oh dulcísima madre!, comunicadme algo del profundo legado de Lope de vega y divina decepción amorosa con que la aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

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(Se lee un poema de Sor Juana).

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¡Oh santísimo Borges, esposo de la biblioteca y padre putativo del laberinto! Infinitas gracias doy al Aleph porque os escogió para tan soberanos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al infinito y a la palabra, me abracéis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el libro. Amén.

(Se leen tres de los haikús de Borges).

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Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Rimbaud!, que dijisteis a la venerable Francia decimonónica, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: "El poeta es, pues, ladrón de fuego. Lleva el peso de la humanidad, incluso de los animales; tendrá que conseguir que sus invenciones se sientan, se palpen, se escuchen; si lo que trae de allá abajo tiene forma, él da forma; si es informe, lo que da es informe. Solo debe hallar una lengua". Llenos de confianza en vos, ¡oh Rimbaud!, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida de excesos, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos por los méritos infinitos de vuestra infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

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¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

¡Oh,Sapiencia suma del Hemingway soberano, que a tan ebrio alcance te rebajas sacro! ¡Oh, viejo del mar, ven para enseñarnos la imprudencia que hace verdaderos sabios!

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¡Oh, Adonai ¿Por qué te casaste? de Gustavo al Quintero diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que un ritmo débil muestre fuerte el brazo!

¡Oh, raíz sagrada de Burroughs que en lo alto presenta al orbe tu fragante nardo! Guillermo Tell contemporáneo que has sido llamado Peyote en el desierto, Bella flor del campo.

¡Llave de Verlaine que abre al desterrado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Saca al dulce Niño con tu blanca mano, de la cárcel triste que evita el pecado!

¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos Bashōs, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! Brevedad preciosa, dicha del sensato, luzca la sonrisa del poema exacto.

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¡Heterónimo sin mancha, mano de las manos, sin igual imagen del autor soberano! ¡Borra cada huella, salva al desterrado y en forma del otro, da al mísero amparo!

¡Rey de los modernos, Emmanuel Kant tan claro, Del idealismo anhelo Pastor del ilustrado! ¡crítica que apacientas la moral del cristiano, ayer oveja arisca, hoy cordero manso!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! Yo no sé, mirá, es terrible como llueve ¡cae gotita gorda, en el marco temblequeando! ¡Ahí va, plaf, desecha! ¡me parece ver la vibración del salto!

¡Ven, que ya Virginia previene sus manos, do sus piedras vean, en tiempos cercanos! ¡Ven, que ya las olas, con anhelo sacro, se disponen a ser el coro callado!

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(Se hace el coro callado)

¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vidales de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!

¡Ven Dante a mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas! ¡Bese ya tus manos! ¡Prosternado en círculos, te tiendo los brazos, y aún más que tu infierno, te dice mi llanto!

¡Ven Poema nuestro por quien suspiramos Ven a nuestras almas, Ven, no tardes tanto!

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