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"Mi pelo ha sido el origen de todas mis desgracias y todos mis descubrimientos": Paula Lema

"En todas partes pelo" es el primer libro publicado por Paula Lema, bajo la editorial Arbitraria. A lo largo de tres capítulos, la autora escribe en primera persona sobre el placer de cortar, la pulsión de arrancarse y comerse el cabello, con un tono íntimo que logra despertar recuerdos propios en las lectoras. Aquí encuentran una conversación sobre el deseo de acabarlo todo, aunque implique atravesar el propio cuerpo.

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"En todas partes pelo" es el primer libro publicado por Paula Lema, bajo la editorial Arbitraria. A lo largo de tres capítulos, la autora habla en primera persona sobre el pelo y cómo en medio de cortes y rapadas, conquista su cuerpo.

"Y pensaré, como desde hace tiempo: tanto peso en una mecha que no está viva pero igual puede crecer un promedio de un centímetro al mes; tanta necesidad de conservar algo que de todas formas volverá a regenerarse; tantas mujeres con la mitad del pelo reventado y descolorido por falta de tijera, gastando horas y oras y horas en desenredar esas mechas convertidas en cabuya por la ansiedad de alcanzar qué longitud, para qué, por qué, para quién", escribe Paula Lema en "En todas partes pelo". Le editora y escritora colombiana presenta su primer libro, un relato íntimo y honesto que habla del pelo pero conecta con muchas otras dimensiones físicas, emocionales y mentales.

Lema cruza desde todos los extremos esa premisa que se ha popularizado sobre la relación de las mujeres con su cabello, la misma que asegura que un cambio en el pelo es una transición drástica en la vida. Una forma de morir, una ceremonia de ese entierro. La longitud y los colores que llevamos sobre la cabeza hablan de eso, de las mujeres que hemos sido, esas mismas que hemos tenido que dejar atrás para no cargar con el peso del pasado, el cuerpo y aquellos que lo recorrieron. Pero el pelo nos enfrenta a algo más, a un deseo ineludible: querer siempre más. Aquí encuentran una conversación sobre el impulso de acabarlo todo, a todos, aunque implique atravesar el propio cuerpo.

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Este es un libro que deviene de un proceso de mirarse muy adentro y quisiera arrancar por ahí, ¿Desde qué lugar o sentimiento empieza a escribirse este libro?

Yo siempre he escrito mucho sobre mí misma y me convencí de hacerlo como una forma muy concienzuda de mirarme. Siempre he escrito muchísimo en primera persona, aún en contra de lo que siempre me han dicho, porque como periodista siempre me dieron que mi vida y mis anécdotas y lo que me afecta a mí, no le importa a nadie más. El tema del pelo me ha obsesionado desde hace mucho. Mi relación con el pelo ha sido el origen de todas mis desgracias, pero también el origen de todos mis descubrimientos y mis conquistas corporales sexuales.

Entonces, ya teniendo esa idea en la cabeza y cuando me presenté a la maestría en México, me dijeron que ese tema no era una molestia y que les gustaba mucho el proyecto. Ya había pasado esa etapa que cuento al inicio del libro, yo ya me había y había motilado a otros, pero además había procesado las distintas etapas de obsesión; dicen de los escritores que al final de todo lo que escriben gira en torno a las mismas obsesiones y salió muy rápido, luego vino el proceso de edición que es cortar, quitar, poner más de aquello, es lo más emocionante después de la ansiedad de enviar.

Hablemos de cortar, de esa premisa y las implicaciones que parece tener, para una mujer, cortarse el pelo

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En muchas ocasiones el pelo es ese último reducto de control que tiene una mujer. Como yo lo interpreto, muchas veces por controlar la apariencia termina siendo eso, un intento por tener control sobre algo en un mundo en el que nosotras las mujeres no tenemos control sobre nada, todo el tiempo somos tratadas como gente sin agencia y la anemia es esa: Yo llevo el pelo como me da la gana, esa es una conquista y ahí también hay un asunto técnico, material, que es que el peluquero entienda lo que tú quieres. Eso parece muy sencillo, pero es muy complejo. Realmente ser dueño del pelo que uno quiere es una conquista porque permite una reconciliación con la apariencia. Es decir, vos puedes tener estrías, celulitis, puedes estar muy poco conforme con tu cuerpo, pero si usas un pelo con el que te sentís linda y con el que te sentís sensual, eso otro de repente pierde peso. Por eso es tan importante la relación de las mujeres con el pelo. Imagino que también es así para muchos hombres, personas trans y personas no binarias. En general creo que es una cosa que asocio con lo femenino, pero es extrapolable a géneros fluidos.

El tema de cortar, siempre me recuerda una historia. Yo tengo un tarot de Osho que reúne historias leyendas y parábolas de distintas religiones del mundo y entre esas, hay una de Angulimala y es así: Buda llega a un bosque y toda la gente le advierte que no entre porque en ese momento Angulimala está matando gente a diestra y siniestra, y solo le falta solo uno para completar las 100 víctimas. Buda no los escucha y entra al bosque, y en efecto se topa con Angulimala que le muestra un collar con de de dedos y le dice "aquí hay 99 dedos de las 99 víctimas. Me falta uno y tú me vas a servir para completar el centenar". Buda ya estaba reconciliado con la idea de la muerte y le dice a Angulimala que está bien, pero que primero corte la rama de un árbol, luego le pide volver a unirla y en ese momento, Angulimala tiene una epifanía, sí, en efecto es muy fácil destruir, pero crear o reparar es algo muy difícil.

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A mí lo que me gusta es la tijera en el tema no sólo del pelo, sino también editorial; Yo también he hecho muchos ejercicios con papel, cortando papel, y creo que en ese ejercicio de crear cortando hay una paradoja. Yo como muchas personas, tengo una pulsión creativa destructiva muy poderosa y muy fuerte. Siento con mucha frecuencia el deseo de dañar, el deseo de destruir el deseo, ese deseo de Angulimala y yo creo que ese aprender a cortar es sacar algo de esa destrucción, crear a partir de esa destrucción.

Cuando uno se arranca el pelo, o se lo corta, hay una intención de que algo nuevo crezca. Todo es en parte un deseo escondido que añora la novedad. Hablemos de esta pulsión destructiva que todos tenemos en alguna medida, pero que también es, simbólica o inconscientemente, el deseo de que algo nuevo venga, algo mejor.

Yo creo que por la por la naturaleza mía y por el carácter que yo tengo, también he tratado de convertir en mi propio objeto de investigación, justamente porque soy una persona muy extrema, muy exagerada, muy dramática, muy traumática. Me haces acordar de mi expareja, nos separamos cuando yo estaba en México, y fue en ese momento que yo escribí el primer capítulo del libro. La escritura de ese primer capítulo para mí fue sentir que podía hacerlo y eso me dio fuerzas como para seguir. Él se reía mucho de mí, porque decía que yo tenía que quemar todo o hacer que todo ardiera, y así ha sido siempre, para irme d los lugares, para irme de las relaciones yo destruyo todo, lo vuelvo mierda todo y ahí si hay una idea de que algo nuevo nazca, pero sobretodo de no poder volver, quemar los puentes y obligarme a mí misma a ser radical.

No había pensado desde ese punto de vista, de quemar para volver un terreno fértil y me parece muy bonito. Yo creo que es que eso en cuanto el pelo, no es solo quemar para que crezca, sino obligarse a uno mismo a transitar por lugares por los que uno transitaría. En el caso de las mis propias tusadas, yo viví cosas solo por eso que de otra manera no habría vivido y no habría experimentado, y seguramente no sería la persona que soy sin eso. Entonces creo que es más una forma de forzarme a mí misma a transitar esos otros caminos, de empujarme al cambio. Cuando estoy muy estancada, cortarme el pelo es una forma de invocar esa valentía necesitaría para moverme.

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En el presente las escritoras están narrando no solamente en primera persona, sino sobre esas cosas de las que antes no se hablaba, no había un espacio en el mundo editorial. Parece la como la ruptura de lo privado, de lo sucio, aquello que las mujeres no deberíamos mostrar. ¿Cómo es tu lectura de este nuevo tipo de escritura?

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Esa es precisamente la justificación de mi tesis. Yo pienso que es un contenido feministas, porque se han ido conquistando ciertos derechos de participación política, de paridad y en espacios de poder. Creo que ya las reivindicaciones de las mujeres en este punto, tienen que ver con el cuerpo, con el gobierno del propio cuerpo y eso va desde el aborto, hasta el me too. En la medida en la que pueda publicar más mujeres desde esa defensa de los derechos sobre el cuerpo, es una fundamental empezar a hablar de cosas corporales que siempre han estado circunscritas en el ámbito de lo privado y que, precisamente por estar allí, se han prestado para silencia muchos dolores y muchas cosas que los hombres con nos hacen sufrir.

Yo pienso que hay una transgresión muy de un carácter feminista emancipatorio en empezar a hablar de esas cosas. Lo voy a extrapolar como a una cosa ya muy exagerada, pero es como que creo que ilustra muy bien el punto y es este tema del piso pélvico. Cuando tienes un embarazo y cuando tienes un parto quedas vuelta mierda del piso pélvico y nadie habla de eso porque es íntimo, eso lo que genera es un montón de sufrimiento en las mujeres. Pasa con el me too, porque sucede en ese espacio de la habitación o en la intimidad sexual.

Alguna vez habla con una amiga a propósito del libro, de que de que muchas veces, uno de los principales problemas de la mujer como población oprimida que sufre esas formas de control del cuerpo, como no está acostumbrada a hablar y a verbalizar lo que le molesta, muchas veces le faltan palabras para explicarlo y es más fácil pensar en lo que siempre te han dicho, que estás muy emotiva, que sos una histérica, que sos una neurótica, como si no hubiera un origen para esa pena. Ese ha sido uno de los éxitos del patriarcado, que vos no puedas poner nombre a esas cosas que te hacen sufrir o que te generan dolores, y si no lo puedes nombrar, ¿cómo lo vas a entender siquiera?

Después de escribir el libro, de cortarte el pelo, de tener un hijo, ¿cómo habitas ahora tu cuerpo después de haber escrito esto, después de hacer conscientes tantas cosas pero que siguen estando atravesadas por el sentimiento de que los días?

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Me haces acordar de una pregunta que me hizo una lectora en una presentación del libro. Me preguntaba que yo cómo hacía para no sentir pena y yo le decía que ya no soy a persona de ese libro, ya ha pasado mucha agua debajo del puente. Seguramente si yo fuera esa persona no lo habría publicado, sino que lo tendría ahí esperando justamente a no ser esa.

Cuando uno cree que ha logrado algo, que ha hecho una tregua con el cuerpo, pasa a otra cosa y uno ya tiene otro cuerpo y le toca casi que volver a empezar esa conquista y de reconciliación. Hubo un momento en el que yo tuve una pelea muy fuerte con mi apariencia, siempre atravesada por la clase porque yo nunca me he vestido súper bien y siempre me comparo con otras mujeres de otro origen que siempre tienen ropa hermosa. Yo sí había alcanzado esa comodidad y cuando eso se empezó a reflejar en mi relación íntima, en la cama, con los hombres, quedé en embarazo. Entonces es una tarea que no termina.

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Yo siempre he tenido una relación con mi cuerpo muy en retrospectiva. A los 23 años a mí me salió celulitis, pero yo antes de eso tuve un cuerpo súper hermoso, ni estrías, tenía unas tetas divinas —puede ser una parte de la romantización—, pero ya estaba muy acomplejada. Cuando empecé a sentir la edad, el paso del tiempo en el cuerpo., me lamentaba porque si volviera a tener 20, me pondría minifaldas y el ombligo y saldría así. Y entonces decía eso los 25, a los 26, a los 27 y llegue a los 35 parida con un cuerpo con el que me cuesta mucho reconciliarme.

Muy en retrospectiva. Siempre quisiera volver a esos cuerpos del pasado.Entonces creo que es como una pelea que no acaba nunca, porque uno, pues inevitablemente uno va a cambiar y se reconcilia con esa imagen cambiante. Es como un trabajo de todos los días.