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Isabel Allende: En Chile, los "carcamales de la política se tienen que ir a su casa"

Durante la conversación, habló de mujeres fuertes, de la desigualdad en los países latinoamericanos, de la reciente victoria del izquierdista Gabriel Boric en Chile y de su oficio de escritora.

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Sobre su estadía en Chile, la autora de "Paula", "La casa de los espantos" y ahora "Violeta", asegura que disfruta la figura de paso: "Yo soy extranjera en todas partes. Ese es mi destino".
PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP

La escritora chilena Isabel Allende estrena este mes su nueva novela, "Violeta", la historia de una mujer independiente que nace durante una pandemia y muere en otra. Por el camino, la protagonista asiste a las numerosas transformaciones sufridas por un país sudamericano que se parece mucho a Chile.

Allende es autora de cerca de 30 libros de los que vendió unos 70 millones de ejemplares, traducidos a más de 40 idiomas. La escritora -hija de un diplomático chileno y nacida en Lima en 1942- concedió una entrevista por videollamada desde su residencia cerca de San Francisco (California), en el oeste de Estados Unidos. Durante la conversación, habló de mujeres fuertes, de la desigualdad en los países latinoamericanos, de la reciente victoria del izquierdista Gabriel Boric en Chile y de su oficio de escritora.

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¿Cómo nace esta novela?

Tuve la idea después de que muriera mi madre. Ella murió poco antes de la pandemia [de covid-19] y nació cuando llegó la influenza española a Chile, en 1920. Vivió 98 años, pero yo me imaginé que, si hubiera vivido un poco más, habría nacido en una pandemia y muerto en otra. Violeta transcurre en la época que mi madre vivió, un periodo del siglo XX con guerras, depresiones, las dictaduras en América Latina, las revoluciones. Creé una protagonista que se parece a mi madre en muchas cosas, pero que no es ella y tiene una vida mucho más interesante.

¿En qué se parecía su madre a Violeta?

Mi madre era bella, inteligente, con talentos, independiente y fuerte. Sin embargo, nunca pudo mantenerse sola, y eso fue determinante en su vida. La diferencia entre Violeta y mi madre es que Violeta sí puede mantenerse sola, y eso le da una gran libertad. Mi madre dependió de dos maridos y después de mí. También tenía, como Violeta, una visión financiera. Habría podido hacer dinero si hubiera tenido algo para invertir, pero nadie le hacía caso.

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Violeta y su familia dejan la capital para instalarse en el sur del país, donde viven con gente más humilde que ellos. ¿Era importante mostrar esa diferencia entre clases?

Sí, porque cualquiera que haya vivido en un país de América Latina sabe que hay un sistema de castas, que en algunas partes son muy impermeables. Y Chile es un país de muchos prejuicios de clase, más que otros países, tal vez porque tuvo poca inmigración al principio. Entonces, Violeta, si se hubiera quedado en su clase social, haciendo la vida que le correspondía, nunca habría tenido una visión más amplia del país y de la vida.

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¿Qué le parece la victoria de Gabriel Boric?

Estoy feliz con su victoria, por muchas razones. La primera es porque es una generación joven que asume el poder. En Chile, los viejos carcamales de la política y del mundo financiero se tienen que ir para su casa o para un asilo. La segunda es que no es solamente que gana la presidencia este joven y nombra un gabinete con 14 mujeres y 10 hombres, sino que a ese Gobierno le va a tocar aplicar una nueva Constitución. Y esa nueva Constitución es una oportunidad de preguntarse qué país queremos.

¿Tiene esperanzas con ese cambio?

Sí, entre los puntos que se han planteado para redactar la Constitución está una absoluta paridad de género. Se ha planteado también la inclusión de todos en su redacción, incluidos los pueblos indígenas. Hay que aceptar que Chile es un país diverso. También hay muchos puntos respecto a la defensa de la naturaleza que son novedosos para nosotros. Y hay que tratar que todo eso sea parte del país sin dañar el sistema económico, que ha dado progresos a Chile, pero muy mal distribuidos, lo que ha creado una desigualdad tan pavorosa que la gente está furiosa.

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Vive fuera del país desde hace muchos años. ¿Cómo se siente cuando regresa?

La primera semana estoy feliz, y después me doy cuenta de que allí también soy extranjera. Yo soy extranjera en todas partes. Ese es mi destino. En Estados Unidos, hablo inglés con acento. Cualquiera que me vea en la calle sabe que soy latina y que soy inmigrante. Y en Chile, he vivido 40 años fuera, y el país ha cambiado mucho. Yo tengo en la cabeza y en el corazón un país que ya no existe.

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Lleva casi 40 años dedicándose a la escritura. ¿Cómo ha evolucionado su trabajo? ¿Se siente más segura a la hora de empezar una novela?

Empiezo todos mis libros el 8 de enero, y el 7 tengo que tomar pastillas para los nervios. Los nervios no se me han quitado, pero he aprendido que, si me presento disciplinadamente delante del teclado a diario, algo sale. Ahora estoy un poco más relajada. También he aprendido que no saco nada con hacer un guión. Eso me paraliza y me quita toda la inspiración. Dejo que la historia cambie. Disfruto tanto escribiendo. La gente me dice: "Ya no tendrías que escribir, ya estás vieja para eso". Pero esto me encanta, ¿por qué lo voy a dejar de hacer?