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Klimt y Schiele cuelgan torcidos para alertar de efectos de crisis climática

Algo anda torcido en el Museo Leopold de Viena. Obras maestras de Klimt o Schiele cuelgan en un ángulo equivocado de varios grados, en una metáfora visual de cómo un pequeño aumento en la temperatura global del planeta puede tener efectos catastróficos.

Museo leopold
Una de las obras de "A few degrees more" en el Museo Leopold de Viena.
EFE/ Antonio Sánchez Solís.

Bajo el nombre "A few degrees more" (unos cuantos grados más), el museo vienés ha sacado varias obras maestras de su milimétrica horizontalidad, en un intento de usar el arte para llamar la atención sobre la crisis climática, que sea también alternativo a los ataques contra obras de arte protagonizados por activistas.

"Nos gustaría hacer nuestra contribución para sensibilizar a nuestros visitantes sobre el urgente problema de la crisis del clima", explica a EFE el director del Museo Leopold, Hans-Peter Wipplinger.

Educación y no agresiones

El responsable del museo recuerda que hace cuatro meses dos activistas arrojaron un líquido negro contra "Muerte y vida", una de las obras más conocidas de Klimt, en una protesta para llamar la atención contra la emergencia climática en la que el cuadro no resultó dañado.

"Estamos completamente en desacuerdo con esas agresiones a las obras de arte. Somos solidarios con quienes protegen el clima, con los investigadores. Pero queríamos hacer una acción más inteligente, más constructiva y educativa y que no cause daños. Y esta es nuestra respuesta", afirma Wipplinger.

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En el proyecto colabora el Climate Change Centre Austria, una plataforma de científicos e investigadores que ha redactado textos que explican los efectos en el medioambiente en función de cuántos grados centígrados aumente la temperatura del planeta. Los cuadros, principalmente paisajes, cuelgan en diagonal en ángulos de entre 1,5, y 7 grados, y los científicos explican qué cambios causaría un calentamiento de ese mismo nivel, y también qué puede hacer cada persona para evitarlo.

Así, una vista del monte Rax, pintada por Koloman Moser en 1907, cuelga en un ángulo de 1,5, el aumento en centígrados de las temperaturas a partir del cual la comunidad científica considera que los efectos serían irreversibles. Una subida de ese nivel tendría graves consecuencias en los Alpes, advierten los científicos, y pondría en peligro la diversidad vegetal, derretiría la mitad de los glaciares y amenazaría el suministro de agua potable en Austria.

Colapso del lago de Klimt

Otros cuadros alertan del riesgo de colapso de lagos como el Attersee, que Klimt pintó en numerosas ocasiones, si la temperatura sube dos grados, o de cómo un aumento de 3 afectaría a la producción agrícola en Europa Central. El Museo Leopold recurre a "Puesta de Sol", de Egon Schiele, para advertir de que un incremento de la temperatura de 4 grados hasta el año 2100 reduciría o eliminaría hábitats como los que muestra el cuadro, y causaría una subida del nivel del mar que obligaría a desplazarse a millones de personas.

La escala llega hasta los 7 grados de ángulo con los que cuelga "Joven en el manantial", de Albin Egger-Lienz, en el que un joven bebe agua de una fuente natural como las que desaparecerían con el calentamiento. "Al colgarlos torcidos queremos mostrar que incluso cambios marginales, de dos o tres grados, tienen efectos increíbles. Que las cifras abstractas sean llamativas visualmente y llamen la atención", resume Wipplinger la intención de este proyecto.

"Más constructiva"

"Creo que es una buena forma para un museo de encontrar una posibilidad de que se vea el problema. Pero no sé si esto va a cambiar el mundo", dice a EFE Lisa, una escolar de 16 años que considera que esta acción es "más constructiva" que protestas como pegarse a un cuadro o arrojar líquidos.

Con ella está de acuerdo Paul, de 17 años, que ve la iniciativa del modelo como una "buena solución" en contraste con protestas climáticas en las que se ha atacado, incluso sin causar daño, obras de arte. "Llaman la atención pero al final lo que hacen no aporta mucho. Lo considero un poco innecesario", opina.

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De momento, Wipplinger está satisfecho con el resultado de esta iniciativa, que se mantendrá hasta el 26 de junio. "Nos damos cuenta con las reacciones de que logramos una cierta atención y esperamos que provoque un cambio en la forma de pensar de los visitantes", confía.

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