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El tacto amargo le abrió el pecho a Julieta

El pasado 7 de marzo se dio a conocer la noticia de que un pequeño agujero sobresalía del pecho derecho de la estatua de Julieta Capuleto en Verona, Italia, esto debido al toqueteo de los turistas que buscan buena fortuna cuando visitan su casa. Decidimos preguntarnos si esto no es una profanación al nombre y una resexualización del cuerpo femenino.

Casa de Julieta
Estatua y balcón de Julieta Capuleto en Verona.

La historia de Romeo y Julieta, escrita por William Shakespeare en 1597, es una de las más conocidas en el mundo. El mito del amor eterno ha llegado a cada rincón del mundo y también se ha convertido en una fuente de turismo, por ejemplo, en Verona se abrió un museo recreando la casa de los Capuleto y el emblemático balcón donde Julieta le confesó su amor al enemigo de su familia.

Así como el balcón, también se hizo una estatua en honor a la romántica Julieta, obra que se volvió blanco del turismo en la ciudad de Verona. El mito popular dice que si se le toca el pecho derecho a Julieta vendrá buena fortuna.

Julieta sostiene suavemente su vestido con su mano derecha, su izquierda reposa sobre su pecho, su cara parece tener una expresión de seriedad y un semblante sereno, sin embargo, su cuerpo está manchado con huellas viajeras de todo el mundo que buscan fortuna incierta.

Los turistas llegan de todos los mundos buscando desesperadamente el pecho deslumbrante que les traerá riqueza, nadie se acerca con amabilidad o compasión, todos esperan su turno para tocar el bronce frío de color dorado que demuestra tanto tacto oscuro y sediento de poder.

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Nereo Constantini creó la estatua de Julieta en 1969, desde ese momento se convirtió en atracción turística y por miedo al desgaste fue reemplazada por una réplica en 2014. El toqueteo y las ganas de suerte han llevado a que un agujero sobresalga del pecho derecho de la escultura, pareciendo el recuerdo de una flecha.

A lo largo de los años el mito de la riqueza se fue desplazando por los visitantes de Verona, en Italia, convirtiéndose en una tradición obligatoria para todo el que visite la ciudad. La premisa es tocarle el pecho derecho a Julieta para tener buena suerte, tocarle el pecho derecho, tocarle el pecho, tocar…

Por esto me pregunto, ¿el cuerpo femenino está destinado al tacto frío de quien busca fortuna o saciar el deseo? ¿por qué nadie le tiene compasión a la Julieta que lleva más de setenta años siendo tocada? Todo es deseo y ambición. ¿qué hubiera sentido la Julieta de carne y hueso? ¿qué sentimos nosotras ante el toque sin consentimiento? Rabia, solo rabia.

Julieta
La estatua de bronce que representa el personaje de Julieta de William Shakespeare en el patio de su casa en Verona.
Mario Poli/EFE.

El museo Casa de Julieta, donde se encuentra la estatua, también tiene un buzón donde los visitantes dejan sus cartas de amor confesando el sentimiento de algo maravilloso o algo que nunca sucedió. Los turistas le escriben a Julieta esperando una señal, una respuesta del destino que ayude a solucionar el problema amoroso. Decidí escribirle una carta a la propia Julieta, para ella, para su espíritu que puede reposar en ese cuerpo sellado de bronce.

Querida Julieta,

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Me enteré que el tacto amargo te abrió el pecho, las manos extrañas que se posaban sobre tu seno destaparon la llaga del dolor. El hueco minúsculo sangra oro invisible cada que te tocan, la risa y la cámara son protagonistas de tu dolor y tu semblante queda petrificado por la cárcel de bronce.

Veo tus lágrimas, mi Julieta, las mismas que derramaste al no poder estar con tu amor verdadero. La compasión de la humanidad se ha opacado por la fuerza de la ambición, tú solo eres una de las maneras que la gente busca para imaginar una vida de riquezas. Siento profundamente el dolor de tu cuerpo inmovil, tan frágil por dentro y como roca por fuera, así como el de muchas de nosotras. Las huellas se han marcado sobre tu vestido dorado, así como las marcas indeseadas sobre nuestro pecho, se han vuelto imborrables a nuestra memoria, permanecen intactas desde el comienzo de los tiempos.

Tantas manos extrañas que buscan los senos firmes de bronce (¿o de carne?), tantos que quieren probar la fortuna de tu pecho sin mirarte a los ojos con compasión. Tantos que buscan riqueza sin saber que se te puede salir el corazón, el órgano vital explotado de dolor, de rabia.

Julieta, cuánto daría yo por no permitir que nadie te toque (que nadie nos toque), quiero pararme a tu lado y sentir el miedo de la mano extraña acercándose, quiero mirarte a la cara y pedirte perdón por difamar tu cuerpo sagrado, ver en ti a mi madre, a mi hermana, a mis amigas, vernos a todas como tú, expuestas a este mundo hostil y cruel que nos pone los ojos y las manos sobre los pechos.

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