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El país de las últimas cosas: el periodismo frente al informe final de la Comisión de la Verdad

A propósito del foro que reunió a los directores y periodistas de varios medios del país para conversar el rol del periodismo en la entrega final del informe de la Comisión de la Verdad, este texto reúne algunas consideraciones frente a la importancia de este hito y su relevancia en la agenda nacional.

Comisión de la Verdad: Foro sobre Periodismo
En la foto el presidente de la Comisión de la Verdad, el sacerdote jesuita, economista y filosofo Francisco de Roux en la introducción del Foro: El periodismo frente al Informe final de la Comisión de la Verdad.
Comisión de la Verdad - Cortesía.

Hay más puestos vacíos de los que uno espera. Rostros familiares unos cuántos, de esos que uno ve, lee o escucha a diario en todo el país. El auditorio da paso a un hombre que concibe la paz como un trabajo al que le ha apostado desde hace varias décadas. Todos escuchan en silencio: Somos un cuerpo como país y como nación y no nos importa, lo cual es absolutamente incomprensible. (…) Somos un cuerpo y este cuerpo está enfermo y no nos importa. Esto no puede seguir así. Y no puede seguir en los niveles de dolor y de sufrimiento en que estamos, dice Francisco de Roux con la voz agrietada. El sacerdote también explica las pulsiones de una guerra con relatos locales donde el dolor es el protagonista y se toma el tiempo necesario para recordar que la verdad no es una política que beneficie a solo un sector y quizá nos recuerda algo mucho más importante entre líneas: no hay nada más político que apostarle a la paz en un país en guerra.

También me hace pensar que no emociona lo que no es genuino, porque los sentimientos están conectados con ese acuerdo humano tácito de escuchar al otro mientras relata aquello que hierve dentro de sí, esa pulsión de la sinceridad que construye puentes inquebrantables entre las personas. De Roux, es genuino. La Comisión de la Verdad, en su cabeza, fue conformada en el 2017 como un sistema integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición (SIVJRNR), con un total de once comisionados elegidos bajo un comité especial de escogencia en el que participaron representantes de entidades nacionales e internacionales. Tras varios años de trabajo en territorio para entender y procurar explicar el conflicto este 28 de junio se presentará su informe final.

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Este informe fue el motivo de la conversación que reunió a directores de medios, periodistas y demás interesados en la forma de abordar este hito en la historia del país y el mundo. El informe constará de varios capítulos que abordaran los distintos ejes temáticos propuestos por la misma Comisión para explicar el conflicto: Narrativa histórica, Violaciones a los DDHH y al DIH, Mujeres y población LGBTQ+, Étnico, Niños, niñas y adolescentes, Impactos, afrontamientos y resistencias, Exilio, Testimonial, Territorial y Recomendaciones para la no repetición. Todo esto a partir de más de 20.000 testimonios recogidos de todos los actores inmersos en más de 50 años de conflicto en todo el territorio nacional.

Entre narrativas


Si hay un momento coyuntural (término que se ha popularizado tanto en los últimos meses en academias y medios nacionales) es este. Cuando uno se enfrenta a la “verdad” no como un absoluto, sino como una serie de matices que van llenando los espacios de un lienzo similar a la memoria, suele caer en la tentación de minimizarla y hacerla intrascendente por la ausencia de comprensión de ese “todo” que no es más que la suma de fragmentos. Un símil de ello fue lo que ocurrió entre los paneles que transcurrieron todo el día donde salieron a flote ciertos problemas de aquellos que conocen a fondo el negocio de los medios de comunicación.

Después de la introducción de De Roux, Thierry Cruvelier, invitado internacional, resaltó la importancia del modelo de la Comisión y lo comparó frente a otros modelos similares en conflictos del mundo. Enfatizó en el papel de los medios para transmitir los relatos de la victimas (la televisación de las audiencias) y la falta de relevancia que puede haber con el paso del tiempo al informe y las recomendaciones que en nuestro caso en particular no son vinculantes, es decir, que el Estado no tendrá la obligación de ponerlas en práctica sí así lo dispone. En los paneles posteriores surgió con más fuerza el tema de la relevancia asociado esta vez a la extensión final del informe haciendo alusión al poco tiempo que habría entre la lectura y compresión del mismo para su transmisión en distintos formatos y canales a las audiencias. A ello se le sumó la queja común de un interés en politizar las posibles recomendaciones junto a la elección de la fecha de publicación como errada por la misma coyuntura electoral.

Quizá la ingenuidad haga parte de la esperanza y aunque en el aire quedó una promesa de hacer lo posible para transmitir el mensaje del informe, el ambiente parece indicar (y espero equivocarme) lo contrario. Las narrativas en el mundo no son producto de la generación espontánea, y la conclusión al menos tácita es que no se está dispuesto del todo a crearlas a partir de un clima favorable para el informe. Aún no logro comprender la equivalencia de la importancia de la verdad y su posible recibimiento en términos de interacciones en redes y tráfico. La reconstrucción de la memoria no se trata de una métrica y tampoco debería ser un negocio. Aun no comprendo la extensión de un documento cómo problemático para salas de redacción o poner en duda la interpretación del conflicto con miles de testimonios como base por su enfoque. Tampoco, por supuesto, se trata de digerir entero y canonizar un documento que aún se desconoce. Sin embargo, esa duda frente a lo que intenta comprender aquello que se rompió hace rato es síntoma inequívoco de un cuerpo que no solo está enfermo físicamente.

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El país de las últimas cosas


Es, por el contrario, tal cual lo describía Paul Auster con Anna Blume, ese personaje embarcado en un lugar donde todo se desdibujó tanto que la esperanza de que algo cambie es escaza:

“No es que la gente tenga la intención de mentir, sino que cuando se trata del pasado la verdad tiende a volverse turbia muy pronto. Surgen leyendas en cuestión de horas, comienzan a circular historias increíbles y los hechos pronto quedan enterrados bajo una montaña de teorías disparatadas. La mejor política en la ciudad es creer sólo en lo que ven tus propios ojos. Aunque ni siquiera ése es un método infalible ya que muy pocas cosas son lo que aparentan ser, especialmente aquí con tanto que asimilar a cada paso, con tantas cosas que desafían el entendimiento. (…) A menudo uno siente que mirar puede ser peligroso y suele apartar la mirada o incluso cerrar los ojos; por eso es fácil sentirse desconcertado o no estar demasiado seguro de ver realmente lo que uno cree ver”.
Paul Auster - El país de las últimas cosas. (1987)

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Ese apartar la mirada es un refugio. La introspección colectiva es un paso gigante para el cambio y el informe quizá sea también un espejo que nos afronta desde un reflejo que carga con años de violencia y dolor. De allí esa reacción desde aquellos que generan, transmiten y comparten la información. No obstante, ojalá, estemos no a la altura, si no conscientes de las circunstancias de lo que implica enfrentarnos a la verdad y su importancia en ese cuerpo llamado Colombia.

Lo que debe saber del Informe final de la Comisión de la Verdad

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