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"Yo me llamo Cumbia": la obra maestra de Mario Gareña

En 1969 se compuso esta cumbia considerada una de las obras más importantes dentro del repertorio de la música colombiana.

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Inspirada en una sugerencia de Francisco Zumaqué, nació “Yo me llamo Cumbia”, un dechado de poesía con la que Mario Gareña engalanó para siempre las letras del folklore colombiano. Hizo de ella su propia musa. La encarnó en una reina coqueta y altiva de piel morena, a la vez que hizo de sus cadenciosos hombros un par de maracas que besa el sol, propinándole una portentosa voz que como fina flauta podía enredar a la luna y las estrellas. Así la imaginó Gareña una tarde de 1969 y meses después, con su registro tenor, la interpretó para Phillips. Era un éxito y sonaba en los salones del otrora país de grandes orquestas como las de Lucho Bermúdez, Pacho Galán y Edmundo Arias.

Como airosamente aseguraba, no había una cadera que se estuviera quieta por donde iba mientras que con mochila en mano encendía velas y con canuto de millo hecho de cañabrava, formaba una ronda de cumbiamberos ebrios de tabaco, aguardiente y ron. Era la sensación de la fiesta.

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Mario Gareña, cuyo nombre de pila era Jesús Arturo García Peña, había nacido en septiembre de 1932 junto a las playas de Barranquilla que besa el Caribe. Su carrera musical inició en 1951 como integrante de la orquesta del maestro y director francés Sebastián Solarí, agrupación que acabaría abandonando tras recibir una oferta de la Orquesta Sonolux en la que interpretó algunos de los grandes estándares del folklore como “La estereofónica”, “La vaca vieja”, “Ligia” y “Diciembre azul”.

En 1970, se aventuró a representar a Colombia en el Primer Festival Latinoamericano de la Canción con el tema “Te dejo la ciudad sin mí”, con el que se robó todos los aplausos del público además de llevarse todos los vítores del jurado y de la crítica internacional. Su voz le auguró el éxito.

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Aunque los finos violines que alguna vez abrieron la corte para dar paso a la reina de su inspiración lo despiden hoy los 88 años, su música no tiene edad ni tendrá tiempo. Sus obras ya se consagraron como auténticos cánones de la música nacional a las que figuras como Leonor González Mina, “La Negra Grande de Colombia”, Totó la Momposina y Puerto Candelaria, hicieron parte de su repertorio.

¡Adiós al maestro!