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Charly García: ser el meteorito

De la constelación musical argentina, Charly García es, sin duda, el meteorito. Su fuego ha atravesado y destruido, pero ha sido el hueco del génesis. En la voz de Charly García el mundo tiene la posibilidad de volver a existir.

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El 23 de octubre Charly García cumple 70 años y la celebración atraviesa las fronteras.

De ser leído como un sistema —es decir, un conjunto ordenado de principios— el rock Argentino es un completo sistema solar. Grandes estrellas, estrellas fugaces, voces y cantoras que han quedado suspendidas en las alturas con la suavidad de las nubes y siempre, algo más, alguien más. Arriba de todo un estruendo atraviesa el cielo. El destello luminoso cruza en una diagonal perfecta la bóveda oscura y parece no apagarse, pero su caída queda registrada en un extremo de la línea del horizonte. Parece fugaz, pero en cambio, es un todo fenómeno en el cielo y es Charly García.

Carlos Alberto García nació el 23 de octubre de 1951 en Argentina. Decir que es músico redunda con la obviedad, Charly García más que ser un cantante, compositor, vocalista y multinstrumentista, ha sido un hombre destinado a ser canción como si se tratara de su único lenguaje, la mejor forma de habitar el planeta y no siendo esto suficiente, se le encargara a ese hombre de bigote a blanco y negro, mostrarle al mundo su historia a través del sonido.

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Su encuentro con la música fue temprano y definitivo: Charly García no iba a ser un buen músico, tampoco una gran estrella, él iba a ser el eterno presente, el compositor atemporal. A los cinco años era un niñito que, con las manos puestas en el piano, viajaba a través de la música de los siglos XIV, XV y XVI. Hecho uno con su instrumento, García parecía invocar a Bach, Mozart y Chopin en cada recital, gracias a un oído afinado que le ha permitido —hasta el presente— convertir todo lo que lo rodea en un sonido en potencia.

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Su deseo de querer oír el mundo entero lo llevó, en 1969, a The Beatles. Ese sonido en conjunto, experimental todavía, despertó una sensación de vacío en el escenario para García. Ya no se trataba de grandes teatros y silencio hasta el final, para finalmente ser aplaudido. No. Ahora quería colectividad y ruido, gente gritando desde el otro lado del micrófono sus canciones, pidiendo más y más. La primera búsqueda del fuego.

La primera chispa fue Sui Generis único en su tipo, una banda de amigos junto a Nito Mestre con quien empezó el camino de la música que ya jamás dejó de buscar terreno. El dúo marcó a toda una generación desde dos frentes: como oyentes y como músicos a la vez.

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Muchas primeras veces vinieron de esa combinación García/Mestre: conciertos en Luna Park, discos, colaboraciones con otros artistas que aunque sumaron al proyecto no lograron quedarse, como si se tratara de un lugar inaccesible. Nadie más pudo ser parte de Sui Generis porque esos lugares estaban destinados y reservados para solo dos. Desde las letras de la banda, fue la primera vez que García dio indicios de su forma de escribir canciones que no podrían tener otra forma, sino de rayo. Directo e incisivo se decidió por cantar “Quizás porque no soy un buen soldado, dejo que ataques de frente y costado, cuando discutimos de nuestros proyectos”, aunque los militares se pasearan por los alrededores de los lugares en los que cantaban.

Pero cuando la fórmula parecía ser descifrada, una nueva piel envolvía a Charly García. Navegando en en otra sensación, pero siempre con la inquietud de ver lo que sucedía en su entorno, García hizo equipo una vez más y formó Serú Girán, otra superbanda junto a David Lebón, Pedro Azanar y Óscar Moro. Era 1982. La particularidad de la banda vino con el concepto y la escenografía, en medio de una dictadura que parecía oscurecer todo y viendo morir soldados jovencitos en la Guerra de las Malvinas.

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Cinco álbumes inmortalizaron la banda en la historia del rock latinoamericano: “Music Hall”, “La grasa de las capitales”, “Bicicleta”, “Peperina” y “Serú ‘92”. Y dieron forma a sus tiempos interrumpidos de existencia que finalizó en 1992.
Toda esa década fue el inicio de un gran temblor en la vida de García. Las adicciones y el peso de una mente que nunca para hicieron lo propio y fueron el derrumbe, el salto al precipicio que dio en 2008, desde una ventana en un noveno piso, luego de un concierto junto a Mercedes Sosa, con quien colaboró varias veces y construyó una amistad que se basó en el cuidado. Poco a poco y gracias a los amigos que le salvaron la vida, Charly García se mantuvo en pie, dando tumbos, claro, pero nunca se apagó.

La música fue, de nuevo, su cerillo y su fuego. Con los 90 por delante volvió al ruedo. Llegaron “Los días de exceso,”, “La era de say no more” y “Random”, y la fuerza de Charly García apareció de nuevo para el mundo.

Mercedes y Charly.jfif

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Aún hoy, 70 años después de aterrizar en la tierra, Charly García sigue siendo un fenómeno del cielo, un animal de origen. Su fuego ha atravesado y destruido todo a su paso, sobre todo a él mismo, pero ha sido el hueco del génesis, la promesa de la no repetición del estilo. “Los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer” y después de que todo acabe, Charly García va a seguir porque él es el meteorito.