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Esta es la historia del escritor Anatole France

Anatole France fue un escritor francés. En 1921 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

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Publicó su primer libro, un estudio sobre la obra del poeta romántico Alfred de Vigny, en 1868.

En un artículo escrito para el periódico español El País, el escritor mexicano Carlos Fuentes opina acerca de la importancia de Anatole France y de una de sus novelas, Los dioses tienen sed, para Milan Kundera: "France, estimado Kundera, ha caído en la lista negra, ¿quién lo lee? Yo recuerdo que para mi padre y mi abuelo era un autor fundamental y yo me uní al universal desprecio que condujo a los surrealistas a considerarle como "un hombre degradado" (Aragon), "un cadáver" (el grupo entero)".

Kundera se ocupa de la novela de France ubicada en tiempos de la Revolución Francesa, Los dioses tienen sed, como un examen de lo cotidiano en la época de la guillotina. El personaje Gamelin es un hombre honrado que esconde a un monstruo. Su secreto para sobrevivir consiste en saberse en un tiempo desierto de humor que crea un desierto de la seriedad. No le basta. Se contradice.

Gamelin es un hombre que puede saber sin darse cuenta de que el conocimiento auténtico no se refiere ni a la política ni a la historia. Y es que el tiempo del destino individual jamás debe -o puede- coincidir con el destino de la historia. Historia, política e individuo se entremezclan pero jamás coinciden plenamente. Por los resquicios, se cuelan la novela y el novelista. France, concluye Kundera, no escribe para "condenar" la Revolución, sino para examinar el misterio de sus actores. El misterio de una nación que se regocija viendo cortar cabezas."

¿Quién era Anatole France?

Hijo de un librero, forjó su cultura personal en el establecimiento paterno. Publicó su primer libro, un estudio sobre la obra del poeta romántico Alfred de Vigny, en 1868. Trabó amistad con Paul Verlaine, Charles Leconte de Lisle y Stéphane Mallarmé. Su fama data de 1869, con la lectura pública de su poema La part de Madeleine (1869) y la publicación de su compendio Los poemas dorados (1873) y de un poema dramático, Las bodas de Corinto (1876).

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Después se volcó en la prosa, con Jocaste et le Chat maigre (1879). Colaboró en diversas revistas literarias, se alejó de Mallarmé y Verlaine y se relacionó con Guy de Maupassant e Hippolyte Taine. Su primera novela importante, El crimen de Silvestre Bonnard (1881), lo desmarcó de la corriente naturalista. Las ficciones autobiográficas Les Désirs de Jean Servien (1882) y El libro de mi amigo (1885) revelaron un anticonformismo que se plasmó en Tais (1890), novela histórica que celebraba el deseo en todas sus formas, contra el cristianismo represivo.

En 1892 publicó en forma de folletín La Rôtisserie de la reine Pédauque, sátira al gusto del siglo XVIII en la que aparecía el personaje del abad Coignard, quien predicaba una moral de escepticismo tolerante. El personaje reapareció en 1893, en Las opiniones de Jerónimo Coignard, crítica de las instituciones de la Tercera República. Su escepticismo epicúreo se manifestó en los relatos históricos El estuche de nácar (1892), los ensayos cortos de El jardín de Epicuro (1894) y los cuentos de El pozo de Santa Clara (1895).

En 1896 ingresó en en la Academia Francesa, pero a pesar de su consagración literaria, quedó aislado al tomar partido por Alfred Dreyfus. El caso Dreyfus apareció en los últimos volúmenes de su tetralogía Historia contemporánea, compuesta por El olmo del paseo (1897), El maniquí de mimbre (1897), El anillo de amatista (1898) y El señor Bergeret en París (1901).

Partidario de Jean Jaurès, esperaba que a la revisión del proceso Dreyfus siguiera una profunda reforma espiritual y social, como lo puso de manifiesto en Crainquebille (1901), relato de un error judicial, así como en Opiniones sociales (1902). Sus ilusiones se desvanecieron en los años siguientes con la descomposición del dreyfusismo, y su amargura quedó plasmada en La isla de los pingüinos (1908), sátira de la historia de Francia.

La vida de Juana de Arco (1908) y los relatos Clio (1899), Los cuentos de Jacobo Dalevuelta (1908) y Las siete mujeres de Barba Azul (1909) son testimonio de su pasión por la historia. Los dioses tienen sed (1912), notable reconstitución del París del Terror a la vez que meditación sobre el poder, y La rebelión de los ángeles (1914), en la que el autor expresa sus opiniones sobre la religión, la inteligencia y la vida, son sus dos obras más importantes del último período.

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Fundamentalmente pacifista, al estallar la Primera Guerra Mundial publicó Sur la voie glorieuse (1915) y Ce que disent les morts (1916), textos de fuerte connotación patriótica. Sus últimos años estuvieron marcados por la inquietud: la guerra había terminado mal y sería seguida de otros conflictos. Las esperanzas que depositó en la nueva Rusia se disiparon con las primeras purgas del régimen soviético. En 1921 recibió el premio Nobel de Literatura.