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Cinco poemas de D. H. Lawrence

¿Cuáles son sus poemas favoritos de D. H. Lawrence?

D. H. Lawrence

David Herbert Richards Lawrence, más conocido como D. H, Lawrence, nació el 11 de septiembre de 1885 en Eastwood, Inglaterra. Entre su larga producción literaria, escribió novelas, cuentos, poemas, obras de teatro, ensayos, libros de viaje, traducciones y críticas literarias. Entre sus obras, consideradas transgresoras y perversas por pasearse entre el amor, el sexo y la locura, se destacan «El amante de Lady Chatterley» e «Hijos y amantes». Sin embargo, hemos seleccionado cinco de sus poemas menos conocidos:

Íntimos

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¿No te interesa mi amor? —me preguntó con amargura.
Le alcancé el espejo y dije:
¡Tenga a bien dirigirle esas preguntas a quien corresponda!
¡Tenga a bien formular sus pedidos a la central!
¡En todas las cuestiones de importancia emocional,
diríjase directamente a la suprema autoridad!
De modo que le pasé el espejo.
Y en la cabeza me lo hubiera partido,
pero entonces se fijó en su reflejo.
Fascinada, sus ojos lo observaron, perplejos,
mientras yo huía.

El deseo está muerto

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El deseo puede estar muerto
y aún así un hombre puede ser
el lugar de reunión de la lluvia y el sol,
maravilla que derroca al dolor
como un árbol en invierno.

Misterio

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Soy un enormeTazón de besos,Como el altoY delgado cuencoLlenado en EgiptoPara los excesos de Dios.
Alcé hacia tiMi tazón de besos,Y a través del recesoAzul del templo,Lloré hacia tiCon salvajes caricias.
Y hacia mis labiosLa pasión deslizóUn rubor brillante,Y por mi siluetaBlanca y delgada fluyóEl himno tonante.
De pie frente al altarOfrecí el cáliz,Y lloré hacia el cielo,Para que te inclinesY bebas, oh, Señor.
Oh, bebed mi cuerpo,Que tal vez yo seaEl interior del cuenco,Como un misterio,Como el vino inmóvilEn el éxtasis.
Brillantes todavíaEn el éxtasis,Vinos mezcladosDe ti y de mí,En un completoY absoluto misterio.

Quisiera conocer a una mujer

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Quisiera conocer una mujer
que fuera como una llama roja en una chimenea
brillando después de las agitadas ráfagas del día
para que pudiera acercarme a ella
en la dorada tranquilidad del atardecer
y deleitarme realmente a su lado
sin la obligación de esforzarme a amarla por cortesía,
ni la de conocerla mentalmente.Sin tener que sufrir un escalofrío cuando le hablo.

Lo salvaje en cautividad

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Cuando lo salvaje permanece en cautividad
Sin reproducirse
Se vuelve melancólico.
Y muere.
Todos los hombres están cautivos.
Cautivos de una actividad cautiva.
y aunque lo ignoren
los mejores no pueden reproducirse
La gran jaula de nuestra domesticación
mató el sexo en el hombre; la simpleza del
deseo es distorsionada, desviada y retorcida.
Y con la amarga perversidad
apretándolos adversamente
en la juventud odian, copulan y lloran.
El sexo es un estado de gracia.
En una jaula no puede tener lugar.
Entonces hay que destruirla.
para volver a probar.