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Jazz Mutante: una reflexión sobre los festivales más allá de la música

En medio de la distancia y el silencio, Daniella Cura concibió Jazz Mutante, un proyecto transmedia que conmemora y celebra los 25 años de Jazz al Parque. ¿Qué implica pensar los festivales como un archivo vivo de la ciudad?

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Los festivales públicos además de conectar con la ciudadanía y cumplir con una agenda cultural de cada Alcaldía, tienen el objetivo de democratizar las artes y garantizar su acceso a toda la población.

La música es un ejercicio de comunión. El sonido, visto como un le guaje universal, nos encuentra con otros más allá de las palabras, del lenguaje, y lo hace a través de la sensación, de los cuerpos que se mueven al compás de un instrumento, en tránsito a ningún lugar. El jazz es un ejemplo perfecto de esas rutas invisibles. Su historia es también la de un río, de los vientos y las danzas de todos los músicos que fueron dando forma al sonido, desde los años 20. Esa suma de fuerzas fue el origen de la complejidad y la extrañeza. Con cada nuevo grupo, con cada instrumento que aparecía en una nueva grabación, cambiaba el jazz y precisamente esa metáfora de transformación tomó sentido en medio de un escenario de ciencia ficción que paralizó el mundo, nos encerró en nuestras casas y dejó para el recuerdo la vida afuera, los conciertos.

En medio de la distancia y el silencio, Daniella Cura concibió Jazz Mutante, un proyecto transmedia que conmemora y celebra los 25 años de Jazz al Parque, uno de los festivales públicos que ha sido clave para la evolución del jazz en Colombia y América Latina, y se convirtió en una importante plataforma de circulación tanto para proyectos emergentes como para el desarrollo, fortalecimiento y consolidación de la escena del jazz de Bogotá y el país. Jazz Mutante está conformado desde cinco universos: una serie audiovisual homónima, el podcast “Jazz Al Podcast”, la recopilación musical digital “Jazz Al Parque, 25 años en 25 temas”, el banco virtual de partituras de la Big Band Bogotá y un libro interactivo que reúne todo.

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"Justamente lo mutante tiene que ver con esa posibilidad del cambio de transformación, de mutar en medio de un montón de cosas que nos pasaron, pero que se liberan en los 25 años de la historia del festival que realmente ha sido un movimiento con más y más fuerza, pero sobre todo que ha tenido la posibilidad de ir creciendo en conexión con los públicos", aseguró Daniella Cura, curadora del festival y directora del proyecto, en medio de la presentación de la publicación, en medio de una conversación junto a Catalina Valencia, directora de Idartes, moderada por Santiago Rivas.

Los festivales públicos además de conectar con la ciudadanía y cumplir con una agenda cultural de cada Alcaldía, tienen el objetivo de democratizar las artes y garantizar su acceso a toda la población. Sin embargo, bajo el imaginario musical que atraviesa géneros e instrumentos, el jazz ha sido leído como una reserva de pocos, un material distinto y distante que no cualquiera pude apreciar y en contravía a esa idea, Jazz Mutante propone ampliar el alcance y los formatos para crear una escucha horizontal de la música, su historia y el legado que Jazz al Parque inició en la historia del jazz en el país.

En palabras de Cura, "el proyecto justamente tiene varios componentes que pueden unir a la ciudadanía. Esas son las posibilidades de lo público, lograr esa conexión con la ciudadanía y poner estas sonoridades en función de, para que se puedan apreciar en espacio de Bogotá y en el país, es realmente una oportunidad de acceso y democratización, pero también del disfrute, el goce de un género como el jazz".

Festivales públicos como material de memoria

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Desde su primera edición, en 1966, Jazz al Parque se ha configurado como uno de los eventos al aire libre más importantes de la ciudad, no solamente por los artistas que han hecho parte de las 25 ediciones, sino porque es también una medida del tiempo para los asistentes. Cada año en septiembre hay música en toda la ciudad, y de repente los parques se llenan de saxofones y trompetas que sacuden la cotidianidad de los bogotanos.

Pero más allá de los calendarios, el histórico de lo que ha sucedido a través del festival es un registro, una toma del pulso de la industria y de la ciudad, un archivo que nos permite rastrear el alcance del festival. Además, se convierte en un insumo indispensable de memoria sonora: "Un festival es más que un evento de unos cuantos días al año y un festival como ya sea. El parque, que es un patrimonio de Bogotá y de nuestro país, es también un archivo público, un archivo nuestro y un archivo común. Una exuberante colección de momentos, de obras y de recuerdos que trascienden el evento espacio temporal estático que muchos consideran que constituye un festival. La memoria también es un escenario y un escenario de vigencia eterna, por eso un festival es natural y automáticamente un gran archivo interdisciplinar", plantea Cura.

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En términos de memoria, la importancia de compilar la historia a través de Jazz Mutante funciona como una cartografía del festival, un álbum de recuerdos que dimensiona la importancia de las artes y la cultura en el desarrollo de una sociedad, y fracturan la idea de archivo como un cuarto oscuro con recortes de periódicos. Sin duda, este proyecto responde a los formatos y, especialmente, al tono de comunicación que hoy por hoy nos encuentra. La voz, el sonido, los podcasts son formas evolucionadas de dos funciones básicas, primarias: hablar y escuchar, ¿cómo no van a ser dos grandes puntos de encuentro?

Ese cambio de perspectiva sobre la historia, sobre el dinamismo de los archivos, es lo que nutre el centro creativo de Jazz Mutante. Esa función cualidad transmedia adquiere cuerpo en el libro que presenta perfiles de los artistas que se han sumado a las distintas ediciones del festival, pero conecta a través de código QR con las partituras de la Big band, los podcasts y la serie audiovisual. Así la lectura se convierte, a la vez, en una conversación y una conferencia, un salto por voces e historias que conduce a los espectadores por distintas dimensiones del jazz, a través de los sentidos.

Las mujeres en el Jazz

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Hablar de referentes en el jazz termina por convertirse en una extensa lista de nombres de hombres que no han estado solos, que no lo han hecho todo, siempre han existido mujeres en la música y el jazz no es ajeno a eso. De acuerdo con Valencia, uno de los grandes hallazgos del libro es la relación de proporcionalidad, en términos de representación de las mujeres, que existe en la escena de jazz local.

"Según los datos de este libro, e protagonismo de las mujeres en la industria de la música es una relación 70/30, es decir, el 30% son mujeres y 70% hombres. Esto hace parte de la historia no solamente del jazz, sino de la música y me parece una que hay una parte muy interesante, ese libro que justamente pondera y pone a las mujeres como protagonistas de esta historia. Inició en el 2010 con un pie de página, se hablaba del protagonismo de alguna mujer en el jazz, pero cada vez es mayor la participación de las mujeres creadoras", asegura la directora de Idartes.

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Para Daniella Cura, como investigadora y musicóloga feminista, "es algo que hace 10 años no teníamos tan latente como lo tenemos ahora. En este momento tenemos, desde el jazz mundia

l, unas exponentes maravillosas que hacen cada vez más visibles a las mujeres en el género".

Festivales y archivo: un diálogo con el pasado

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"Para mí los festivales son como una persona, como una persona común, con la que tú puedes dialogar, que ha vivido mucho con una persona mayor. Jazz al Parque empezó cuando yo tenía seis años, era como estar hablando con mis mayores, con los muertos, con lo que ya no estaba, con los momentos que ya no están. Y así se deben concebir los festivales, hay que cuidar un poco más en la memoria, porque la memoria no es el ayer, la memoria es el hoy y lo que sigue", explica la investigadora Daniella Cura sobre la importancia atesorar el tiempo, las ediciones y los personajes que intervienen en cada momento del proceso.

Ese dialogo que menciona Cura se ha dado y se ha extendido en términos, pero sobre todo en espacios. Como una estrategia para romper la distancia, Idartes se ha propuesta llevar música por la ciudad, desde las iniciativas de la Orquesta Filarmónica, pasando por los escenarios itinerantes, hasta los conciertos de jazz que llegaron a más de 5 localidades de la ciudad, el objetivo ha sido el mismo: compartir la música, establecer una conversación a través del sonido que, muchas veces, resulta ser más honesto que las palabras mismas.

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Para Catalina Valencia, la distancia que interpuso la pandemia ha sido un espacio para imaginar nuevas formas de estar cerca, "esto nos plantea muchas preguntas, mientras que aquí teníamos dos filas o tres filas para entrar al planetario, en el parque teníamos menos gente y ahí hay una pregunta porque ¿qué aprendizaje y qué enseñanzas nos dejó la pandemia acerca de lo íntimo, del lugar de los niños? y ¿cómo los públicos se relacionan nuevamente con las artes? Hay espacios donde nuevos espacios donde habita el arte, que no son necesariamente los eventos masivos, ahora nos parece que hay muchos lugares para las músicas y habitan en su camino y la conexión con los públicos. Y creo que ese es un gran aprendizaje para estos festivales".