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Cometa Halley: la promesa de un destello cíclico

El trabajo de Edmund Halley fue indispensable para el estudio del cometa, pero antes de él, hubo algunos puntos clave para identificarlo. Fue así como el investigador Halley logró deducir el tiempo de apariciones y logró predecirlo para 1757. Este año se cumplen 280a años de la muerte del físico y astrónomo inglés.

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El cometa Halley cruzó el cielo el 25 de diciembre de 1759, dieciséis años después de la muerte de Edmund Halley. Desde entonces el cometa ha reaparecido en 1835, 1910, 1986 y se espera que regrese en el 2061.

De acuerdo con El libro Las palabras del cielo, escrito por el astrónomo Daniel Kunth, en el año 1140 se usó por primera vez la palabra Cometa para hablar de un cuerpo celeste. La elección no fue aleatoria. Las raíz del término viene del griego komêtês que traduce peludo. Con dibujos y tratando de calcular los puntos en el cielo en los que aparecían, los astrónomos chinos registraron durante varios siglos los cruces por el cielo que hacían las "estrellas de cabello largo", haciendo referencia al rasgo característico más recordado de los cometas: sus colas.

La NASA define los cometas como restos de los comienzos del sistema solar. Se cree que estos cuerpos celestes, compuestos en su mayoría por hielo cubierto con material orgánico en reposo, trajeron agua y compuestos orgánicos, elementos básicos para la vida, a los primeros momentos de la Tierra y a otras partes del sistema solar. Cada cometa posee una pequeña parte congelada llamada núcleo que contiene trozos de hielo y gases congelados, con pedazos de rocas y polvo incrustados.

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De acuerdo con el astrónomo Gerard Kuiper, existe un cinturón de cuerpos congelados más allá de Neptuno, el octavo planeta del sistema solar, donde una población de cometas oscuros que orbitan alrededor del sol en el entorno de Plutón. Estos objetos congelados, que en ocasiones son empujados por la gravedad en órbitas que los acercan al sol, se convierten en los llamados cometas de periodos cortos, es decir, aquellos que orbitan en torno al sol en menos de 200 años y en la mayoría de casos, se les reconoce por haber pasado antes.

Quizás uno de los cometas de este tipo más conocidos es el 1P/Halley, también llamado Cometa Halley, identificado por primera vez en 1705, gracias al trabajo del astrónomo inglés Edmund Halley, de quien además lleva su nombre. El investigador determinó el periodo orbital del cometa que rodea el sol cada 76 años y es el único que puede verse a simple vista. Sin embargo, los registros de Halley tienen una larga historia que anteceden las precisiones de Edmund Halley, que este año cumple 280 años de fallecido.

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Varios investigadores de la NASA señalan que, posiblemente, el primer registro del Cometa Halley se dio en el año 239 a. C. Más adelante, en 1456, el astrónomo y matemático alemán Johann Müller Regiomontano hizo algunas anotaciones sobre un cuerpo celeste que cumple las características de Halle, otro indicio de su extensa historia y registro; en 1531, Petrus Arpianus hizo lo propio y finalmente, en 1607 por Johannes Kepler hizo un extenso registro sobre la visión que había tenido del cometa desde Praga.

Las precisiones de Edmund Halley fueron indispensables para el estudio del cometa, pero antes de él, hubo algunos puntos clave para identificarlo. Fue gracias a esas pistas que el investigador Halley logró deducir el tiempo de apariciones y logró predecirlo para 1757. El cometa Halley cruzó el cielo el 25 de diciembre de 1759, dieciséis años después de la muerte del astrónomo, matemático y físico. Desde entonces el cometa ha reaparecido en 1835, 1910, 1986 y se espera que regrese en el 2061.

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Imagen del cometa 1P/Halley tomado el 8 de marzo de 1986 por W. Liller, Isla de Pascua, parte de la Red de Fenómenos a Gran Escala del International Halley Watch (IHW).

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El 4 de marzo de 1986, se realizó el primer registro fotográfico del núcleo del Cometa Halley. Gracias a Giotto, una sonda espacial de fabricación europea que atravesó la cola del cometa Halley y resistió el bombardeo de partículas aunque después de 25 minutos fue imposible controlarla. La sonda estuvo a 500 kilómetros del núcleo del astro. Gracias a esa misión se comprobó que el núcleo del cometa era más pequeño de lo que se pensaba (12x6 kilómetros) y se desentrañaba la naturaleza de la materia interestelar. Además, el análisis de su interior parecía reforzar la teoría del origen extraterrestre de los elementos primarios de la vida.

Más adelante, en 2001, la nave especial Deep Space 1 de la NASA pasó por el cometa Borrelly y fotografió su núcleo, de alrededor de 8 kilómetros de largo. En enero de 2004, la misión Stardust de la NASA voló con éxito dentro de los 236 kilómetros (147 millas) del núcleo del cometa Wild. En 2006, Stardust recogió partículas de cometas y polvo interestelar para una muestra de retorno a la Tierra. Las fotografías tomadas durante este paso cercano del núcleo de un cometa muestran chorros de polvo y una superficie rugosa y con textura. El análisis de las muestras del Stardust indica que es posible que los cometas sean más complejos que lo que se pensó en un principio. En las muestras había minerales que se formaron cerca del sol o de otras estrellas. Este hallazgo sugiere que los materiales de las regiones internas del sistema solar viajaron a las regiones exteriores en donde se formaron los cometas.

Halley
Secuencia de acercamiento de la sonda Giotto al Cometa Halley, el 13 de marzo de 1986.

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