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Diario de Festival: Shishkin y la forma del amor

Ha comenzado una nueva edición del Cartagena Festival de Música. Esta vez el tema es El canto de la tierra: música entre nacionalismo y cosmopolitismo en el siglo XIX. El encargado de abrir el Festival fue el pianista ruso Dmitry Shishkin quien con una interpretación sublime de Chopin nos hace preguntarnos sobre el amor y las formas de romper el silencio.

Dmitry Shishkin

El 12 de febrero de 1992 nació en Cheliábinsk, Rusia, Dmitry Shishkin. Cuando cumplió tres años dio su primer concierto de piano y a los seis tocó por primera vez con una orquesta. Si habláramos de la tradición musical rusa, nos gastaríamos más tiempo y energía de lo que requiere esta historia, sobre todo porque nos importan otras cosas en este momento.

Cosas como que Shishkin escuchó a Rajmáninov en uno de los canales de la televisión pública de su ciudad, interpretado por un hombre sin pelo y con las manos de nieve. ¿Qué piensa un niño que a los tres años ofrece conciertos de piano? ¿Qué nos dice sobre la música? Y, sobre todo, qué nos dice sobre el amor.

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27 años después de su primer concierto Dmitry Shishkin es ovacionado en el Teatro Adolfo Mejía de Cartagena. Antes de los aplausos, cuando el silencio era una bruma espesa en el sitio, Shishkin se sentó frente a esa bestia negra y brillante. No miró al público. Tenía la cabeza baja y la espalda arqueada. No parece un humano cualquiera, si lo pensamos bien.

Ha dedicado toda su vida a devorar el silencio de una sala con sus diez dedos. Cuando los estira y apenas rosa las teclas del piano, algo cruje dentro de uno: la certeza de un nacimiento, estar frente a una ventana y escuchar salir el sol, detenerse dentro de sí mismo y ver el corazón latir.

El "Concierto para piano en mi menor No.1 Op. 11" de Frederic Chopin se extiende sobre el teatro, marca el inicio del Cartagena Festival de Música, y entonces ya nadie mira Dmitry Shishkin aunque todos lo están viendo. Los ojos puestos sobre sus manos advierten que nace una nueva mirada, un ojo interno que inspecciona el espíritu y con un sonido de afuera proclama la belleza.

Unas manos como las mías, con este tipo de carne y la misma estructura de los huesos, son capaces de atravesar el tiempo y romper las columnas. No hay una forma de amor más extravagante que esta, la de contemplar la genialidad de un hombre y no envidiarla, sino bendecirla. Recuerde conectarse con la señal en vivo de la HJCK, el arte de escuchar.

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