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Dios, martirio y gloria: la poesía de los talibanes

En Afganistán, la poesía está destinada a ser memorizada y recitada. No puede ser leída. Es parte de su tradición. Pero la desesperanza, la culpa y el miedo son recursos que utilizan los talibanes para atrapar a mentes incautas en sus redes de reclutamiento para la guerra.

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Las palabras poesía y talibán son un oxímoron. ¿Podrían acaso estos terroristas que llevan sus fusiles al hombro y que asesinan a diario a cientos de personas en el centro de Afganistán, tener corazón? ¿Acaso estos hombres podrían tener un sentir tan profundo como para permitirse escribir poesía? Sí. Desde el surgimiento de este grupo a principios de los años noventa del siglo pasado, una de sus facetas literarias poco conocidas son estas composiciones poéticas que escriben y a través de las cuales no solo pretenden sustentar el espíritu ideológico de este movimiento extremista, sino usarla como propagandismo.

“La mayoría de los afganos, analfabetos o no y sin considerar su etnicidad, se consideran a sí mismos poetas. Una poesía esencialmente oral, no un arte escrito, dando así la misma oportunidad de expresión literaria a todos los miembros de la sociedad”, escribió en 1972 el antropólogo y arqueólogo francés Louis Dupree. Esto permite reconocer por qué para la cosmovisión afgana, la poesía y la palabra, hechas una sola espada, siempre cobra mayor virtud que el estallido de una bomba o de una bala. De allí su fundamentalismo radical.

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Paradójicamente a lo que se vive en la actualidad, desde el Imperio Persa, la música y la poesía jugaron un papel fundamental en la historia de Afganistán, especialmente al despertar del sentimiento anticolonial en el siglo XX, desde el cual ejercieron resistencia al extranjero invasor. Incluso, dos grandes rebeliones contra el Imperio Británico, inspiradas en la literatura afgana, han pasado desapercibidas por los historiadores del siglo XX.

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La poesía de los talibanes está arraigada a una milenaria tradición de guerreros con una amplia capacidad lírica. Tal es el caso de Zahir-ud din Mohammad Babur, el emperador descendiente de la sangre guerrera de Gengis Kan y considerado el más famoso de los poetas de Afganistán. No obstante, la influencia de estos escritos se desprenden de las obras de los grandes maestros del sufismo -prohibido por el régimen de los talibanes en 1996- así como el legado de Rahman Baba o de Rumi, ambos padres de la poesía romántica del pueblo pastún en Afganistán y cuyas letras están consideradas como un importante fundamento lírico que proviene de El Corán y que explora el lado místico del islam.

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¿Pero por qué los talibanes y los yihadista en general prefieren una muerte violenta y tortuosa? ¿Por qué ejercen una violencia indiscriminada -y además justificada- contra las mujeres y las niñas? A los ojos de Occidente, cualquier respuesta dicha es una aberrante e incomprensible dicotomía entre el bien y el mal. Quizás uno de los mejores ejemplos que lo describa sea el poema "Humanidad", escrito por el muyahidín Samiullah Khalid Sahak:

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Todo se ha ido del mundo, el mundo se ha vuelto vacío de nuevo. Animal humano. Animalidad de la humanidad. Todo se ha ido del mundo, no veo nada ahora. Todo lo que veo es mi imaginación. No nos aceptan como humanos, tampoco como animales. Y, como dirían, los humanos tenemos dos dimensiones. Humanidad y animalidad, estamos fuera de los dos hoy. No somos animales, lo digo con certeza. La humanidad ha sido olvidada por nosotros y no sé cuándo volverá. Que Alá nos la dé, y nos decoraremos con estas joyas. Las joyas de la humanidad, ahora solo están en nuestra imaginación.

Este poema fue transcrito por primera vez del pastún a lengua inglesa en 2011 por Alex Strick van Linschoten y Felix Kuehn e incluido en la obra "La poesía de los talibán", la única compilación de autores yihadistas hasta la fecha. No obstante, esta publicación ha suscitado un escándalo, no solo entre los expertos sino entre la familia de las víctimas.

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Strick van Linschoten es licenciado estudios árabes y persas de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos. Llegó por primera vez a Afganistán en 2006 como turista y allí fundó junto a Kuehn el grupo AfghanWire, un equipo de investigación y monitoreo de medios para dar una voz más prominente a los medios locales afganos. Actualmente cursa un doctorado en el Departamento de Estudios de Guerra del King's College de Londres sobre la identidad del movimiento talibán afgano entre el período 1978-2001.

En su narrativa, los talibanes han realizado ciertas adaptaciones a las composiciones tradicionales de la poesía afgana como el ghazal -o la lírica romántica- y la tarana -la composición melódica-, siendo ambas cantos en lengua pastún y dari, las dos más habladas en Afganistán, a través de las cuales expresan una paleta infinita de emociones que van desde la más profunda tristeza y melancolía hasta la alegría superlativa, siempre a través de sus experiencias y testimonios, tanto en la guerra como en tiempos de paz.

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Tanto el ghazal como la tarana tienen como temática principal cantar al Profeta, a los guerreros muyahidines, así como también conmemorar a los mártires y promover la lucha armada con versos que van desde lo ascético hasta meras composiciones de propaganda cantadas, en las que la barbarie se mezcla con la añoranza y la melancolía del guerrero.

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En Afganistán, la poesía está destinada a ser memorizada y recitada. No puede ser leída. Es parte de su tradición. Mientras que para ellos, el badee (las reglas linguísticas) y el arooz (el arte de crear la fluidez poética) ayudan a darle estilo al texto escrito, el wazn (el ritmo) y la gafia (la rima), las que permite transmitir emoción y sensibilidad a todo el que lo escucha.

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¿Pero alguien puede detener el canto de los pájaros? Desde el origen de este movimiento, los emires y los combatientes talibanes han prohibido el baile y por ende, la música. La condenan al silencio. Sin embargo, la cosmovisión del mundo de los talibanes no es tan sencilla. A simple vista, su interpretación del islam, prohibicionista y fundamentalista, el arte equivale a la muerte e incluso, como máxima expresión del sacrificio de lo humano. Para recitar la poesía talibán, solo se permite tocar el duff (una especia de tambor), el único instrumento que según los yihadistas, no es una herramienta de Shaytan (el demonio).

¡Tariq! ¿Qué puede hacer el enemigo aparte de quitarte la vida? ¡La muerte es un regalo y doy gracias a Dios!
Tariq Ahmadzai, poeta talibán

Actualmente, el principal objetivo de las composiciones poéticas de los talibanes van más allá del misticismo del islam. Es un llamado a la lucha. Las mentes jóvenes son un suculento objetivo para su organización, puesto que según ellos, son las mentes más susceptibles al sacrificio y con un camino destinado a ser mártires y bombas humanas. Es por esto que los versos que escriben beben de las grandes epopeyas de su movimiento político así como una justificada defensa a partir de la accidentada historia de Afganistán.

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La desesperanza, la culpa, el miedo y la fe son los recursos que utilizan para atrapar a mentes incautas en sus amplias redes de reclutamiento. Temas como el suicidio y el martirio también son recurrentes, así como la incomprensible beatitud de un acto tan barbárico como el convertirse en una bomba humana destinada a matar a cientos de civiles.

Oh, joven, deja el voleibol, el fútbol y el criquet. Coge el lanzagranadas, cógelo y colócatelo sobre los hombros. Juega con cabezas humanas en vez de jugar con pelotas. Con el arma del Moswak [hierba para limpiarse los dientes] te ves bien, no mascando chicle o comiendo chocolate. Oh, jóvenes, poned el lanzagranadas sobre vuestros hombros.

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La poesía talibán es un fenómeno que está mucho más allá del marco cultural de la denominada "guerra santa". Incluso, más allá de ser utilizada como una herramienta de ideología política, permearon la cultura y la mente del pueblo afgano, convirtiendo su lucha en algo más allá que una mera reivindicación política, algo que ninguna de las democracias occidentales han podido contrarrestar en las últimas dos décadas de conflicto.