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Amargura Continental: fiesta y goce al compás de la nostalgia (burguesa)

Hablamos con Felipe Orjuela Ruíz sobre cumbia, nostalgia y pensar la música en función del goce. Escuchen aquí su nuevo EP.

Amargura Continental
La memoria del pueblo es la historia del pueblo hay que recuperarla críticamente de la amnesia colectiva impuesta por quienes detentan el poder como una forma de adormecer las conciencias porque para ellos, la memoria del pueblo es subversiva ...

A primera oída, la cumbia parece una música feliz. Sin embargo, una inmersión profunda -o menos obvia- en su sonido, permite desminar las palabras y paisajes que durante años han descrito diferentes compositores. Tristezas, mitos fundacionales y episodios de violencia han quedado relegados por melodías y versos más alegres, pero nunca es tarde para llegar a esas historias porque la música es una brújula, es la memoria del pasado.

El desconocimiento y la distancia que ha habido históricamente con estas músicas no es capricho. Se debe, en parte, a la ausencia de reconocimiento de la labor de los artistas que dignifique su trabajo y a la poca circulación de sus obras, a las que accede una parte muy pequeña de la sociedad, generalmente quienes se dedican a estudiar o hacer música.

Así llegó Felipe Orjuela Ruíz a la Cumbia, rastreando discos, movido por la curiosidad del sonido que germinó en una inmensa pasión: compartir música. En esa ruta empezó como coleccionista y ha pasado al escenario como parte de diferentes agrupaciones, pero su camino en la música ha mutado en frecuencia y forma, atravesando por el bajo, el acordeón, e incluso, pinchando discos. “Empecé a descubrir cosas más allá de la cumbia, descubrí la charanga en acordeón y ese coleccionismo fue alimentando una necesidad muy bonita de compartir música, porque no se puede quedar en las colecciones. Algo que yo sí veía era que algunos coleccionistas eran muy celosos, también los piqueteros, que son mis héroes, eran muy celosos con su música. Rayaban los discos para que nadie supiera cómo se llamaban, le cambiaban los nombres y a mí eso no me gustó. Yo prefería como compartirla y una buena forma para hacerlo era la pista de baile”.

Luego de hacer música en conjunto, Orjuela presenta Amargura Continental, su nuevo EP en el que a través de cuatro canciones, cargadas de cumbia y Hannah, reflexiona sobre la historia y la fuerza de la música como memoria del pasado. Hablamos con él sobre la nostalgia y el hacer música en función del goce, de los puentes entre las músicas latinoamericanas y el lenguaje.

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Tras la niebla de la historia oficial tras los libros no escritos recojamos los pasos de las luchas populares que hoy son memoria

Sobre los formatos, nichos y gusto

El corazón de los coleccionistas tiene forma de vinilo. Ese fue el formato que le enseñó a Felipe a escuchar música y le presentó la cumbia, pero su intención fue hacerlos sonar fuera del circuito de siempre. En Amargura Continental hay un claro homenaje a quiene se hicieron cargo de prensar discos y hacerlos sonar en las fiestas, como bien explica Orjuela, “En el EP hay muchos sample picotero, los sonideros en México que son los piqueteros de allá y eso está porque, primero, samplear a los mensajeros que son personas que han dedicado toda su vida a divulgar música es muy chévere, y segundo, porque están usando el formato que a mí me enseñó a escuchar música que es el vinilo. Entonces mi idea con este EP era rescatar esas cosas del vinilo que me gustan, esos ritmos y cosas raras para meterlas en un formato que fuera accesible para todo el mundo”.

Esa idea de traslado sonoro converge en la pista de baile, en el goce por el goce. La fuerza de la cumbia está allí, en disponer los cuerpos aunque no reconozcan la voz, aunque jamás hayan escuchado un disco completo de cumbia. Con esa idea, Orjuela se sentó a hacer música: “Este es un EP hecho para la pista de baile, que si bien tiene mensajes oscuros y fuertes, puede ser una primera aproximación a la cumbia para alguien. También quise hacer un homenaje al formato y a esa música, pero no quiero hablar de revivir porque no están muertos. Y desengáñense, yo no estoy rescatando nada, básicamente dándoles un poquito más de voz, eso sí es algo que estamos haciendo”.

El formato de Amargura Continental también fue una apuesta de Orjuela, junto al Sello In-Correcto. A modo de homenaje -y como acto de un nostálgico confeso- el EP fue publicado en cassette y cuenta con un código de descarga, es decir, se encuentra en diferentes plataformas de streaming.

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El Hanan: el centro de la música electrónica en Latinoamérica

Esta producción puede entenderse como un puente sonoro entre la música latinoamericana y la música electrónica. Para eso, fue necesario volver en el tiempo y pensar en los artistas que durante años acompañaron a Felipe, pero “sentía que había una desconexión en las herramientas tecnológicas para hacer música electrónica porque eran completamente occidentales”. Esa vuelta atrás la define como nostalgia burguesa”.

La pieza que completaba el rompecabezas es el Hanan, el origen de la electrónica latinoamericana. Se trata de un instrumento-máquina rústica, artesanal, que hereda las formas sencillas de los primeros videojuegos y permite hacer cumbia electrónica. Asegura Orjuela que el Hannan nace de la misma pregunta que él se hacía: “¿cómo hacer una máquina que tenga el sonido Latinoamericano como único lenguaje?”

Sin Hannan no hay Amargura Continental. El encuentro de Orjuela con esa máquina fue definitiva en el proceso creativo de las cuatro canciones que componen en EP: La Niebla, Cumbia del Hanan, El peñón de los Bailes y El Campeón de Soledad, Atlántico. “Yo creo como que cuando uno piensa música electrónica latinoamericana, uno piensa como un tipo con un bite house y encima una gaita o encima un acordeón con delay. Y ese no es mi interés, aunque yo toqué acordeón. Lo que quiero hacer es explorar esta nueva forman -súper guerrillera- de hacer música electrónica, que es una máquina de música electrónica latinoamericana, programada Latinoamérica. Esta máquina tiene el ADN de la cumbia”.

Diálogos y ruidos: un tejido musical

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En este disco se sobreponen diálogos de películas, discursos y sonidos que configuran un solo tejido musical, un lenguaje propio que atraviesa la oscuridad y la distorsión, sin perder cadencia, ni dejar de lado las ganas de bailar. Felipe Orjuela concibe cada canción con una palabra:

La Niebla: Memoria

En medio de la distorsión, una voz se abre paso en medio de la primera canción del EP. Se trata de uno de los discursos que Marta Rodríguez y Jorge Silva, documentalistas colombianos, incluyeron en Campesinos, una de sus producciones más recordadas. Orjuela rescata de esta canción el concepto de Memoria porque “problematiza qué es la música, qué es hacer música en Latinoamérica y sobre todo, qué es lo que no está escrito, los libros no escritos de la música latinoamericana”. De nuevo, una inmersión en el pasado, en los archivos y las verdades que no han tenido la suficiente repercusión. “Y hay una historia diferente que no hemos entendido o que no hemos oído”.

Cumbia de Hanan: Máquina

Esta canción es un monólogo de ruido. “Si bien no tiene diálogos, quien habla es esta máquina, es la que hace todo”. Como en todas las piezas de esta entrega el sonido es mixto, los sample cuidadosamente ubicados permiten identificar instrumentos sonidos, juega con la memoria sonora pero aterriza en una pregunta constante en todo el EP: ¿Qué es eso? Orjuela cuenta que ese fue su propósito: “Era la idea, meter todo, también un poco de reguetón ahí, porque tiene como un bit de perreo bueno. Tal como está ahí es la música latinoamericana, suena a Miami, pero no lo es. Pero sí lo es. No satanizar ningún ritmo”.

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El Peñón de los Bailes: Sonideros

“Se llama así porque cuando Uno llega al DF, el barrio al que uno llega es el Peñón de los Bailes y a mí los sonideros me parecen los máximos reyes del mundo, junto a los piqueteros, porque son visionarios. Son gente con un oído muy avanzado. Ellos vienen a Colombia desde los 60 y 70’s a buscar cumbia para poner en sus fiestas, lo que nosotros despreciamos, lo que nosotros no contamos, ellos lo volvieron propio, al punto que en Monterrey la cumbia es más de ellos que nuestra”.

El Campeón de Soledad, Atlántico: Picoteros

“El Picotero siempre anda con el interés de mostrar música. Así no te diga el nombre, su profesión es rastrear los discos exclusivos para mostrarte, para contarte historias y por eso me gusta mucho el diálogo: “Yo no soy ningún campeón, pero estoy dispuesto a pelearme con el que sea”, porque esa es la idea, yo no tendré lo mejor, pero seguramente te lo voy a poner y te va a gustar, te lo juro”.