Literatura

La violencia que sufrió Medellín en los años 90 dejó familias resquebrajadas. La periodista Sara Jaramillo cuenta su propia historia en la novela 'Como maté a mi padre´, de Angosta Editores.

En 1991, Medellín era la ciudad más peligrosa del mundo. Ríos de sangre corrían en lo que fue la época más violenta de nuestro país, un capítulo oscuro que dejó miles de víctimas y heridas difíciles de sanar.

Familias resquebrajadas, padres que perdieron a sus hijos e hijas que perdieron a sus padres. Esa es la historia de la periodista y escritora Sara Jaramillo, quien acaba de publicar con Angosta Editores su primera novela, Como maté a mi padre. Lea también: La mala hierba: mafia y sangre en la bonanza marimbera

En esta entrevista con Natalia Parra, la autora disecciona varios pasajes de una obra que en cada página enseña algo nuevo sobre el amor y la resiliencia.

 

Hábleme del título del libro. ¿Por qué este parricidio literario?

Es muy curioso, pero siendo esto un suceso que ocurrió hace tantos años en mi vida yo tenía pendiente volver a él y repensarlo, reflexionar. Yo me fui a hacer un máster a España y allí empecé a escribir sobre este tema.

Es curioso porque pensé que era un tema que tenía superado y me di cuenta que en realidad lo tenía escondido, entonces empecé a escribir, a sufrir otra vez, a acordarme de tantas cosas, y me di cuenta que no estaba superado sino escondido, que tenía que narrarlo de alguna manera y se me ocurrió que escribir era una buena manera de hacerlo.

¿Qué pasó? Que, al escribir, el tema revivió tanto que dije yo tengo que volver a matar este tema, tengo que volver a matar a mi padre porque no me puedo quedar viviendo con esto, entonces de alguna manera ese fue el proceso de escritura y lo que finalmente le terminó dando el título al libro.

Matar a mi padre narra varios episodios difíciles de su vida, ¿usted arrancó este proyecto como un diario personal?

No, yo no lo concebí como un diario en un principio, yo empecé más bien escribiendo una serie de relatos que más bien me pedían para clase, porque estaba en un máster de narrativa, pero entonces cada que me pedían uno me empecé a dar cuenta que siempre me halaba ese tema, entonces empecé a escribir uno, luego otro y cuando me di cuenta yo tenía seis, ocho relatos, todos con ese tema.

A nosotros ese tema se nos vuelve muy paisaje porque somos colombianos, vivimos expuestos a una época terrible y aquí se vuelven normales cosas que no son para nada normales. Yo pensaba que era normal que le robaran a uno el carro, que saliera a la calle y lo atracaran, tengo muchísimas amigas y conocidos a quienes les mataron a su padre, entonces esas cosas se vuelven normales.

Yo me empecé a dar cuenta cuando en mis clases leía estos relatos y generaban un shock impresionante, porque a esas clases va gente de todo el mundo, y de hecho la profesora fue la que un día me dijo que los relatos valían la pena, que porqué no pensaba en hacer algo con ellos. A mí eso me quedó dando vueltas y, efectivamente, empecé a hacer algo con ellos.

Un día los puse todos en limpio, miré dónde había huecos en la historia y empecé a escribir sobre esos huecos que detecté y, cuando menos lo pensé, tenía un montón de relatos completamente hilados, casi que cada relato podía ser un capítulo.

Finalmente, quedó esa amalgama que es libro ahora y me gusta mucho porque es una novela a capítulos o son varios relatos que leídos de corrido forman una novela. Es muy ambiguo el género.

Sara y su padre – Cortesía Angosta Editores

¿Cómo recuerda haber vivido su niñez en la Medellín de esa época tan violenta?

La recuerdo muy dura, no solo por el trauma que yo tuve, sino que me acuerdo que era tan peligroso algo tan simple como bajar la ventanilla del carro. Era una cosa absolutamente peligrosa.

De hecho, sí me acuerdo que desde chiquitos nos decían ‘ojo para dónde va, avise cuando llegue’, eso era súper importante y uno no llamar cuando salía de casa y llamaba a decir que había llegado bien. Eso era súper importante y era un motivo de preocupación muy grande en la casa.

Luego empieza esto que en el colegio ya dejábamos de hacer simulacros de temblores de tierra y hacíamos simulacros de qué hacer si estalla una bomba.

Luego empieza en casa, mi padre estaba amenazado, pero él nunca nos había dicho nada, y el empieza a tomar esas precauciones del tipo ‘cambiemos de ruta todos los días para ir al colegio, cambiemos de carro constantemente’. Yo digo que era una niñez de mucho susto, de sentirse amenazado todo el rato.

Lo que yo menciono en el libro, que le tengo pavor a las motos, es un trauma que yo cargo desde ahí. Yo hoy en día todavía paro en un semáforo, me queda una moto al lado y para mí eso es un motivo de angustia impresionante. Entonces creo que fue una niñez con muchos miedos.

Usted nos habla de violencia pero también de amor, por ejemplo, cuando leí el libro me llamaron la atención las historias de los capítulos El amante inglés y Vuelve antes de irte.

Sobre El amante inglés, que fue un hombre con el que estuve en Inglaterra, cuando viví ya siendo grande, que era muchísimo mayor que yo, pero muchísimo.

Yo lo viví como una relación de paso, iba a estar ahí un año, yo sabía que eso no iba a trascender ni él cambiaría de vida ni yo me iba a quedar, la diferencia de edad era abismal, entonces no pensé en él más allá de eso.

Pero eso es lo bueno de escribir. Cuando un día me puse a escribir un relato sobre él me di cuenta de algo que me perturbó mucho y es que lo que realmente estaba buscando en él, y de alguna manera buscaba en mis parejas, porque vi que era un patrón al estar siempre con hombres mucho mayores que yo, me di cuenta que no buscaba hombres sino buscaba un papá. Buscaba hombres mucho mayores porque necesito sentirme protegida porque yo crecí sintiéndome tan desprotegida y asustada en muchos aspectos.

Para mí ese relato fue muy importante porque fue como el campanazo, como darme cuenta de eso y me impresionó muchísimo. Esa es la razón por la que esa historia, que aparentemente está muy desligada, realmente ese es el hilo.

El otro que usted menciona, Vuelve antes de irte, obedece a mi pareja actual que también me lleva muchísimos años. De alguna manera siempre he estado replicando el patrón. Por eso están ahí esos relatos.

‘Como maté a mi padre’, publicado por Angosta Editores

¿Qué fragmento fue el que más le costó escribir?

Lo que más me costó del libro fueron los capítulos que hacían referencia a mi hermano porque la muerte de él ocurrió hace muy poquito entonces creo que es algo que todavía tengo que elaborar y trabajar mucho sobre eso.

Mi hermano fue drogadicto y estoy segura de que su drogadicción es consecuencia directa de la ausencia de un padre, fue su manera de elaborar ese duelo y su drogadicción fue muy dura para toda la familia. Convivir con un drogadicto es una cosa que no le deseo absolutamente a nadie en la vida.

Cuando él murió a mí me perturbó mucho porque estaba muy enfadada con él porque sus últimos años de vida pasamos muy alejados y cuando él se mató me impresionó mucho, pero lo que más me impresionó fue el hecho de darme cuenta que ya estaba muerto y que nunca íbamos a poder reconciliarnos. Eso a mí todavía me pesa muchísimo.

Empecé a escribir la novela y mi hermano se empezaba a colar por todos lados, no lo podía como ignorar a pesar de que estuviera muerto. Entonces, empecé a escribir las historias que lo involucraban a él y me costaron muchísimo, fueron las que más me costaron.

Yo sé que hay muchas incompletas y que podría escribir todo un libro sobre él, sé que en veinte años voy a estar preparada para hacerlo, creo que me costaron por eso, por la falta de distancia con ese suceso que todavía me duele y todavía me impacta, porque hace muy poquito, menos de cuatro años.

Cuando leí su libro me sentí identificada, sentí angustia y tristeza porque en muchos fragmentos usted habla de esa responsabilidad y el peso que como mujer muchas veces cargamos. a veces a uno le toca cargarse esos pesos encima y más cuando no está la mamá presente, y en su caso su mamá estaba, pero no estaba…

Mi mamá estaba, pero no estaba en el sentido de que ella quedó viuda con cinco hijos. De un día para otro estaba tan llena de responsabilidades, tanto en lo económico como que tenía que llevarnos al colegio y recogernos, las clases de uno y otro. Cinco niños dan mucho qué hacer.

Además, vivíamos en una finca a las afueras de la ciudad entonces la logística para movernos era una cosa absurda. Todo en mi casa era como un manicomio, muy distinto a todo el mundo.

Yo la veía a ella y no paraba, desde las 4:00 de la mañana estaba revoloteando y la agarraban las 12:00 de la noche y ella seguía revoloteando con tareas, con cosas y me di cuenta que ella no iba a dar abasto con todo eso, y a mí me preocupaba mucho que la mamá pudiera no estar en sus cabales porque ya no tenía papá y si a mi mamá le pasaba algo qué iba a hacer. Debía tenerla muy bien y con mucha fuerza para que nos saque a todos adelante.

Entonces yo misma me auto adjudiqué un montón de funciones, a pesar de que era muy chiquita, y me volví su mano derecha. Yo la ayudaba mucho con las tareas de los trillizos, me levantaba más temprano, les despachaba desayuno y por la tarde los ayudaba con tareas.

Yo asumí mucho ese papel de mano derecha que nadie me lo pidió, nadie me dijo que lo hiciera, solamente era algo muy genuino, no tenía otra opción y quería que la familia siguiera siendo como lo era antes.

Luego de que publicara el libro con Angosta vi que en redes sociales varias personas le han escrito que se sienten identificadas con su historia.

Eso ha sido maravilloso. Al principio el libro era una posición muy egoísta, lo escribía porque quería sanear eso, porque quería hablar de eso, porque llevaba 30 años callándomelo y quería ya sacarlo de mí. Entonces creo que fue una posición muy egoísta.

Pero después de ver todo lo que ha pasado, es que no sabe la cantidad de mensajes que recibo a diario de gente que me dice ‘A mí también me mataron a mi papá cuando tenía tantos años, no lloraba tanto desde el día que mataron a mi papá’, etc., esos mensajes son impresionantes y unas historias tan tesas.

Yo creo que en este país hemos crecido con mucho dolor y hemos crecido con muchas ausencias. Yo creo que de mi generación no hay nadie que pueda decir que no vivió una situación trágica y yo creo que es hora de contarlo porque aquí se ha contado la violencia como de forma muy general y como que las series que hacen alusión a esa época del sicario, de Pablo Escobar, de ese tipo de cosas, pero creo que dentro de las familias y dentro de las historias hay mucho dolor, es hora de visibilizarlas.

Los niños de ese entonces ya crecimos y creo que eso es lo que está pasando ahora, por ejemplo, lo que hizo Laura Mora con Matar a Jesús, este libro… Creo que esas historias empiezan a aparecer porque es sano y es necesario contarlas, y porque finalmente eso es lo que somos, es la sociedad que somos: un montón de familias con un montón de dolor y un montón de ausencias, y esos mensajes que he recibido me lo ratifican.

 

Escuche en el audio adjunto a Sara Jaramillo leyendo un fragmento de su libro Cómo maté a mi padre, publicado por Angosta Editores. Encuentre más información de la obra en este enlace.


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