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Piper Pimienta, un bailador de desdichas

Donde fuese que cantara había fiesta y esa fama lo persiguió hasta el final. A pesar de la desdicha, Piper Pimienta subo bailarlo todo, incluso la pena.

Piper Pimienta

¡Cali es Cali! cantó un muchachito alto y escuálido en un escenario de su ciudad natal, a finales del 76, luego de convertirse en uno de los músicos de salsa más importantes del Valle del Cauca. Edulfamid Molína Díaz, conocido en la música como Piper Pimienta, nació el 4 de agosto de 1932 y desde que pisó los escenarios, estuvo preparado para convertirse en leyenda, el uno de los cantantes con mejor performance y soltura al bailar.

Al ritmo de la clave, Piper Pimienta se montó en el ritmo de Los Supremos, el Combo Candela y los Latin Brothers. Junto a los mejores de la época construyó un camino sólido que hizo eco en el mundo, luego de conjurar pregones junto a Fruko y sus Tesos, la recordada orquesta de Julio Ernesto Estrada.

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Así se abrió el mundo para Pimienta Díaz, del otro lado del micrófono, bailando en escenarios y bares de todos los costados del mapa, hasta conquistar el lugar soñado, lo más cercano a la tierra prometida en la historia de la salsa: Nueva York. Donde fuese que cantara había fiesta y esa fama lo persiguió también al sumarse Colombia All Stars, un proyecto de corto aliento que supo arder lo suficiente como para hacerse memorable. El intento de Fania solo existe en un videoclip de esta mítica presentación.

Los 70 fueron álgidos para Pimienta Díaz, quien sumaba casi una década cantando y sentía que había muchas cosas por hacer todavía. Sin embargo, seguía buscando la forma de meterle el agua al coco, como dicen en Cali, y encontrar nuevas historias para cantar, así como agrupaciones y estudios.

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Sin embargo, el peso de la desdicha acabó con cualquier atisbo de alegría en la década siguiente. Toda la gracia de Pimienta parecía haberse esfumado y a su alrededor todo se convirtió en bruma. El descenso de una Piper empezó con la pérdida de su hijo, quien falleció en una situación que nunca se aclaró del todo.

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A finales de los noventa, luego de un año poco luminoso, el fuego consumió su casa. Casi de manera profética, la vida de Pimienta Díaz parecía extinguirse ante sus ojos: su partituras, canciones que apenas tomaban forma y los trajes que lo convertían en el punto más brillante del mundo cuando subía al escenario se convirtieron en cenizas.

Hablar de la tristeza de Piper Pimienta está de más, porque de inmediato su expresión pareció endurecerse y era difícil asociar la brillantez de su recuerdo con el hombre opaco que tomaba en sus manos las ruinas de lo que fue una vez su casa. Superado el incendio, vino la inundación. Un accidente cerebrovascular lo dejó postrado por meses, impregnado en su propia sangre y condenando los escenarios al olvido.

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Pero la música seguía siendo la esperanza. Tras una recuperación lenta, Pimienta Díaz siguió creyendo que regresar a los escenarios funcionaría como una cuota de felicidad, luego de la tristeza, pero la muerte llego hasta la puerta de su casa y acabó para siempre con la alegría del cantante. Lo lloró todo un país que aprendió a bailar al ritmo de su voz y se dedicaron a él, cientos de homenajes en la radio.

Hoy, al cumplirse 89 años del nacimiento de Piper Pimienta, queda más claro que nunca que nadie sale vivo de la vida, porque todo es menos ambiguo de lo que parece y separar el dolor de la dicha, es querer pescar en un estanque vacío. Feliz cumpleaños a Piper Pimienta, el poeta de Cali, el bailador de las tristezas, el recuerdo de un brillo que ninguna sombra. A él, ritmo y clave, desde cualquier lugar del universo.