Publicidad

Publicidad

push logo
Sabemos que las notificaciones pueden resultar horribles, pero prometemos no abusar. Entérate de todo el mundo cultural en HJCK.
¡Claro que sí!
No, gracias.

Publicidad

Louis Armstrong, el genio que amaba la marihuana

Un genio de la trompeta con una voz inconfundible. Ese era Satchmo, una leyenda sin parangón alguno que cambió la historia de la música. Sin embargo, menos conocida es su faceta como amante de la marihuana.

Louis Armstrong.jpg
Louis Armstrong.
Cortesía

La llamaba afectuosamente “the cage", que era la jerga usada en ese tiempo para denominarla. Había empezado a consumirla desde muy joven. A los 29 años, Armstrong fue arrestado junto con el baterista Vic Berton a las afueras del Cotton Club en Culver City, por fumar marihuana. Esa noche ambos fueron recluidos una celda, y según cuenta en su autobiografía, riendo porque aún estaban drogados. Sin embargo, dejarían de hacerlo a la mañana siguiente luego de pagar una fianza de $1,000 dólares cada uno. Más tarde los detectives le confesaron a Armstrong que le habían arrestado simplemente porque el líder de una banda rival estaba celoso de su talento y les había pedido hacerlo.

“Ese era nuestro pequeño apodo para la marihuana… Siempre vimos al cannabis como una especie de medicina, un trago fácil con mucho mejores pensamientos que los que están llenos de licor”.

Pero el gusto de Louis por la marihuana era tal que lo elevó como una inspiración para componer en 1928 la pieza instrumental “Muggles”, palabra con la que los músicos llamaban al porro armado de forma casera con hojas de cannabis. El tema fue un éxito.

Publicidad

Las anécdotas no paran ahí. En 1954, su esposa Lucille fue detenida por llevar sólo 14,8 gramos de marihuana en su maleta. Hoy todavía se especula que le pertenecía a Armstrong. Fuese como fuere, era una cantidad ridícula que llevó a la pobre mujer a la cárcel. Este incidente le produjo tanta frustración, que escribió una carta pro-legalización:

Publicidad

“Mi nervios se relajan con un buen canuto gordo de cannabis. No me puedo permitir estar tenso, pensando en que en cualquier momento me van a arrestar y llevarme a la cárcel por una tontería menor”.

Durante esa década, era muy común que el Departamento de Estado de EE. UU. enviara a escritores, artistas, músicos y figuras del deporte afroamericanos como Embajadores de Buena Voluntad en todo el mundo para promover la democracia durante la Guerra Fría.

Publicidad

No obstante, una de las historias más paradójicas y curiosas surgió cuando Louis Armstrong fue nombrado Embajador de Buena Voluntad ante la Organización de las Naciones Unidas y fue enviado a una gira de conciertos por Europa y Asia. Ante su privilegiada condición de embajador, cuando regresó de las dos primeras giras, nunca fue requisado por considerársele una celebridad. Sin embargo, cuando aterrizó en el aeropuerto de Idlewild en Nueva York en 1958, se unió a una larga fila de viajeros que serían inspeccionados en la aduana.

Satchmo comenzó a sudar profusamente. Llevaba un kilo y medio de marihuana escondido en el estuche de su trompeta. No obstante, mientras Louis esperaba en la larga fila para ser inspeccionado, el vicepresidente Richard Nixon apareció en la sala con una seguidilla de reporteros y de fotógrafos. Cuando Nixon vio a Armstrong, inmediatamente fue hacia él y le preguntó qué estaba haciendo allí. "Bueno, Pops, acabo de regresar de la gira como Embajador de Buena Voluntad y me dijeron que tenía que hacer fila para la aduana", dijo.

Publicidad

Nixon.jpg
Richard Nixon junto a Louis Armstrong.
Cortesía

En ese mismo momento y sin pensarlo, Nixon, que alcanzaría la fama tiempo después por declararle la guerra a las drogas, agarró las dos maletas de Armstrong: "Los embajadores no tienen que pasar por la aduana y si usted me lo permite, el vicepresidente de los Estados Unidos con mucho gusto le llevará sus maletas". afirmó. Satchmo se alegró de aceptar su ayuda. Lo había logrado: su cargamento estaba del otro lado de la aduana.

Publicidad

En 1971 y poco antes de morir, accede a sentarse con Max Jones y hablar sobre el tema. Dice que se vio obligado a tener que dejar la marihuana a pesar de sus beneficios medicinales.

“Solíamos decir que la marihuana es más una medicina que una droga. Pero con todo el lío alrededor de ella. Pero los costes que teníamos que pagar eran demasiado altos [en términos de multas y cárcel] que al final tuvimos que decir ‘adiós’ y dejarla. Pero aunque todos llegamos a ser tan viejos como Matusalén en nuestra memoria quedarán para siempre recuerdos bellos y confortables con ella”.

Publicidad

Ese mismo año, Nixon, quien ya era presidente y que durante su gobierno se había conjurado orgullosamente como el hombre que le había declarado la guerra a las drogas en los EE.UU., no salía del asombro y del estupor cuando le dijeron lo que realmente había sucedido esa vez en el aeropuerto. Exclamó: "¿Louis fuma marihuana?"