Elisabeth Kulman y el cielo abierto

Por: Camila Builes
@CamilaLaBuiles Foto: Cortesía Cartagena Festival de Música

Música

Una de las cantantes clásicas más reconocidas en la escena musical decidió en 2014 detenerse y revisar su propio corazón. ¿Qué pasa cuando el éxito te atropella y despedaza?

Hay un video en Youtube publicado el 30 de octubre de 2011 en el que Elisabeth Kulman aparece en medio de una orquesta sinfónica interpretando Ave María, un lied compuesto por Franz Schubert en 1825. Kulman tiene un vestido azul con los hombros descubiertos y el cabello recogido. En las manos carga las partituras de la pieza: el final de unos músculos largos y suntuosos que son sus brazos, se le pueden ver sus clavículas de mármol, su cuello altivo como el techo de una catedral gótica. Luce como una lágrima pulida. Una mujer untuosa que podía moverse con la fragilidad de una garza o la brutalidad de un buey, pero ahí, en ese cuadrado estrecho que es la pantalla, solo se asoman con timidez aquellos rasgos.

En 2005 comenzó a cantar el repertorio para mezzosoprano y contralto y ha realizado interpretaciones extraordinarias que la han llevado a ser una de las solistas favoritas del público en la Ópera Estatal de Viena. Entre sus roles más importantes se incluyen Fricka (El oro del RinLa Walkiria), Waltraute (El ocaso de los dioses), Carmen, Marina (Boris Godúnov), Quickly (Falstaff), Herodias (Salomé), Ulrica (Un baile de máscaras) y Orlofsky (El murciélago).

Además, ha sido ovacionada como Gora en el estreno mundial de Medea de Reimann, y como Smeton en Ana Bolena, junto a Netrebko y Garança. En 2010 debutó con gran éxito en el Festival de Salzburgo como Orfeo en Orfeo y Eurídice, dirigida por Riccardo Muti, papel que ya ha interpretado en la Ópera Nacional de París. Su intervención en el Festival de Schwetzingen (2007) con el rol titular en Il Giustino, del compositor barroco Giovanni Legrenzi, le valió el reconocimiento como artista revelación del año por la revista Opernwelt.

En ese video de Youtube, tres años antes de verse atropellada por sí misma, su voz era un órgano más del cuerpo, como si dijéramos el corazón o el cerebro, una voz lúcida, bárbara, imposible. Y esa misma voz, digamos que ese don, fue el que se vino contra ella. El éxito tiene eso: es una carrera contra el cuerpo que lo padece. Kulman se detuvo durante un año.

En abril de 2015 se centró en conciertos. “Como resultado, cambié mi vida radicalmente. Decidí no cumplir más con las expectativas de los demás y no apuntar más a objetivos que no son míos”. Según ella, comenzó a crear una vida de acuerdo con sus propios estándares y necesidades, a dar espacio a sus gustos —viajar, construir su propia casa—, a ser auténtica. “Necesitaba ser la criatura que realmente soy y a la que le debo fidelidad. Este acto de liberación aún llena mi corazón de felicidad y me da poder para seguir mi camino con alegría y confianza. Tengo curiosidad por lo que vendrá”.


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