Entrevista

Hablamos con Victoria Holguín, fotógrafa colombiana, sobre la importancia de hablar y ver diversidad de cuerpos en las imágenes que nos rodean, el respeto por la diferencia y la necesidad de construir relaciones de amor con nuestro propio cuerpo.

Puede decirse que el cuerpo es el único hogar que jamás abandonamos mientras hacemos parte del mundo. Cada día y cada año va quedando marcado allí, pero no solo el tiempo toma forma en cada una de esas capas, todo lo que sabemos será inolvidable en nuestra propia historia se aprende con la piel. Con la intención de descubrir los secretos detrás de los cuerpos y los rostros de todos los que posan frente a su lente, Victoria Holguín se ha convertido en una observadora que tiende puentes entre las imágenes y las personas que los habitan.  

La fotografía ha sido para Victoria un regalo y un camino construido. En Cali, durante  un cumpleaños, su padre le regaló una pequeña cámara con la que quiso empezar a tomar fotos de todo lo que se cruzara por sus ojos. “Poco a poco, fui creciendo, estudié arquitectura en Cali, terminé y mientras estaba estudiando aún, me di cuenta que una de las cosas que más me gustaba era tomar fotos. Empecé haciendo fotos de arquitectura, porque era lo que tenía al frente y a medida que fui haciendo eso, me di cuenta que yo no quería estar detrás de un computador sino haciendo imágenes”. Lea también: “Un fotógrafo omnipresente en cuarentena”.

El hobbie de una niña se convirtió en el propósito de una mujer, le hizo salir de casa y aventurarse a buscar imágenes en una nueva ciudad. “Ahí fue cuando tomé la decisión y me vine para Bogotá a hacer la especialización en fotografía de la Universidad Nacional. Así fue como inició, un poco sin saber, ahora sé que lo que más me gusta es retratar personas, ya lo tengo muy claro, pero en ese instante era tener la cámara, era la emoción”. 

Ahora, con la cámara en mano, los ojos de Victoria se fueron abriendo ante las posibilidades de capturar imágenes. Empezó a abonar un terreno que desea habitar por siempre: la línea movediza entre ver y ser visto. Cada encuentro ha significado una ruptura de su timidez, ha entendido con los años que la foto se construye alrededor de la cámara, no únicamente desde el frente y bajo esta premisa ha sorteado el impulso a mantenerse retraída. En sus palabras, “al principio hacía todo muy escondida porque soy una persona tímida. Me fui dando cuenta que me gustaba mucho retratar gente, pero no modelos. Con personas distintas, hay que tener otro tipo de relación, empecé muy tímidamente y siempre era una “espía”, casi que me quedaba quieta y esperaba qué podía pasar. Ya con el paso del tiempo, definitivamente, sé qué tipo de cosas me gustan, sé qué quisiera encontrar en las fotos y dependiendo del tema o el por qué me acerco a ciertas personas, ya sé cuál es el resultado que, al menos, quisiera ver”. 

Afirma que todo este camino de hacer fotos se ha transformado. Lo que empezó desde la espera, desde la quietud para encontrar un movimiento perfecto, ha pasado a ser un diálogo con quienes va a fotografiar. “Lo que hago en este punto  es tener una conversación mucho más franca sobre lo que estoy haciendo, por qué lo hago y compartir lo que siento por el proyecto. Es una cosa entre dos”. 

A lo largo de todos sus proyectos fotográficos ha permanecido una inquietud: el cuerpo, no solamente por la relación que ha construido con el suyo, sino por las dudas que han acompañado ese camino. Ha retratado tantos cuerpos como ha podido, a través de la danza, luego del parto, desde el descubrir de los cuerpos disidentes y en todos los casos, ha confirmado que no puede existir un solo relato del cuerpo, no puede haber una forma ideal porque todos los cuerpos son distintos. Le puede interesar: “Literatura al margen: el placer es feminista“.

Además de la ruptura de su silencio, ha habido un tránsito que ha conducido sus dudas hasta las historias de vida alrededor de cada uno de los cuerpos de quienes posan para Victoria. Asegura que no se pueden separar una de otra: “A pesar que siempre quiero estar hablando del cuerpo, tampoco lo quiero separar de la persona de la que quiero hablar. Hay muchas fotos que nacen porque la estética me lleva a querer hacer ciertos planos detalles o cosas en las que no se involucra el rostro, eso me parece interesante, pero nunca a la hora de mostrar todas las imágenes. No quiero que se quite el vínculo entre la persona y el cuerpo del que estoy hablando porque, al final, es una sola cosa”.

Victoria sabe que las fotos pueden ser siempre hermosas, pero detrás de cada pieza hay una historia llena de valor. “Lo que se me hace interesante de todo esto es que he empezado a inclinarme por este tipo de historias y a medida que voy haciéndolo, lo que lo hace más enriquecedor es realmente la historia que me puede contar cada persona, sus vivencias. Esa parte es lo que definitivamente me apoya un montón en saber qué es lo que quiero mostrar”. Mostrar. Al final, la fotografía tiene un puente entre la intención creativa, la historia que cuenta quien es retratado y la intuición que despierta la sinceridad en el corazón de Holguín. No desligar estas dos cosas es lo que permite crear la historia.

 

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Desde hoy tengo listo mi segundo catálogo de fotografías a la venta, este catálogo en particular, es especial para mí porque por primera vez voy a estar compartiendo imágenes que hacen parte de mis proyectos personales. . Y para este primer proyecto personal estoy compartiendo algunas imágenes de 🅔🅝 🅑🅛🅐🅝🅒🅞, un proyecto que fue posible gracias a la colaboración de cuatro mujeres trans que hacen parte de la @redcomunitariatrans, quienes siempre con mucho amor me han dicho que si a cada idea que tengo para hacer fotos y en esta ocasión les quiero devolver un poco donando el 20% de cada una de las fotografías que se venda de ese proyecto. . Si quieres recibir el catálogo completo escríbeme por aquí o por DM para enviártelo ✨

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Detrás de cada imagen hay distintos cabos atados que constituyen el sentido de la pieza. Los estándares publicitarios nos han enseñado que hay un solo tipo de cuerpo que nos hace bellas y felices, uno marcado especialmente por la delgadez. Esta ausencia de encuentro entre lo que vemos en vallas, revistas y redes, frente a lo que vemos cada una en nuestro reflejo es el inicio de una batalla que perdemos a diario, la de sentir inhabitable nuestro propio cuerpo. Empezamos evitando los espejos, pasamos a privarnos de comidas, hasta prendas y colores en tanto tenemos – por gracia o sacrificio – la figura que “deberíamos tener” porque es también una promesa de felicidad. Una promesa falsa, valga decirlo. Victoria, para lograrlo ha tenido que agudizar el ojo desde su propio espejo. Así, aprendiendo a verse y conociendo la relación que tiene con su propia piel busca relatos nuevos, bien sean distintos o cercanos al suyo. 

Así ha empezado a recorrerse. “Realmente de ahí han partido todas las cosas, a partir de esa vivencia en mi propio cuerpo es que puedo decir si a mí me ha causado curiosidad esto, yo quiero hablar con más chicas y más personas a ver qué piensan sobre el mismo tema“. Pero ese cuestionamiento tiene raíz mucho más atrás, cuando no era una duda ni una búsqueda, sino un margen al que debía pertenecer: “Eso va desde el colegio. Estábamos todas en octavo y todas queríamos saber cuál era la medida de la cintura, por el reinado y todos esos cuentos, “60 es la medida”. Me acuerdo que hasta teníamos una especie de cinturones que nos dejábamos apretados durante todo el día para tener cintura, y es super loco pensar en eso porque es una presión ahí que te está lastimando, en Cali, el calor, y dos, era por un estándar que ni siquiera habíamos entrado en la discusión de “cuerpo lindo o cuerpo feo”, era solo el estándar, sin saber si era bueno o malo, solo tenía que estar ahí”. 

Todas fuimos educadas para hacer parte de algo y no para cuestionar el orden que se nos presentó. Por fortuna, Victoria estuvo en capacidad de problematizarlas y decidir apartarse de lo que no resonaba con ella. “Hay un montón de cosas que a mí me acompañaron desde pequeña, como ese tipo de reglas, el pelo crespo, por ejemplo, hubo un momento que era complejo porque todo el mundo debería ser liso. Por ser Cali, tierra caliente, el plan piscina era interesante y yo tengo estrías, ese también era un tema”.

La parte más racional de nuestro ser sabe que hay cosas insignificantes como las estrías, la celulitis, las medidas, pero esos “detalles” son también lo que quisieramos arrancarnos muchas veces al vernos. Un monstruo, un lastre que creímos mejor mantener oculto, pero que se hace ínfimo cuando hablamos de su existencia. “Cuando llegué al momento de hacer retratos, cuando empecé a querer hacer historias más allá de ‘ella es Victoria y le voy a hacer una foto’, no. Quería saber un poco más de su vida, contar algo, una historia real y me di cuenta que hay un montón de cosas en las que siempre me encuentro con muchas de ellas: vuelve el tema del pelo, de la cintura o, por ejemplo, yo no tengo caderas grandes y para muchas chicas era un peso y yo lo hubiera deseado de pequeña. La raíz de todas estas cosas viene de estar viendo tantos estereotipos y a medida que fui tejiendo esas conversaciones con ellas, ahí es donde me di cuenta todo el daño que nos han hecho ciertas cosas, eso  es lo que empecé a querer mostrar, lo que siento que a mí me había hecho mucho daño”.

“En ese camino he querido hacer las pases con mi cuerpo, con mis estrías, yo quiero que eso lo pueda ver otra gente. Así como yo solo veía reinas, cuerpos ideales y ciertas cosas, quisiera que lo que se viera en este instante sean otro tipo de cuerpos, que se entienda que hay diversidad y está bien”. 

Dejar de mantener oculto al monstruo es un primer paso para liberarnos de esa culpa, de ese juicio. En las sesiones de fotos convertidas en espacios de conversación, Victoria ha descubierto que la historia de una puede ser la historia de todas porque lo que nos incomoda de nuestro cuerpo, nos encuentra. Es por eso que está convencida en mostrar los cuerpos como son, suprimiendo la idea que algo sobra o falta siempre en ellos. “Entendiendo que durante toda mi vida voy a estar habitando esta piel, de verdad quiero encontrarme con otras personas de mi tono de piel, mujeres crespas, mujeres y hombres trans. Quiero encontrarme con ellos porque como no los hemos visto empezamos a sentir que diferencia es solo mía, pero lo hemos vivido todos. Es muy importante hacer para mí estas imágenes y en ese proceso, aceptar el cuerpo y entender que es muy triste vivir en pelea con lo que vemos porque no responde a ese constructo social que nos enseñan.

Además de las formas específicas, sobre el cuerpo de las mujeres han sido asignados roles particulares que además han sido idealizados y en este proceso, despersonalizan a las mujeres. La maternidad, por ejemplo, atraviesa la vida y la salud física, mental y emocional de las mujeres – madres, pero sobre cómo deciden llevar ese proceso, hay una fiscalización que les suma culpa. La relación embarazo y cuerpo ha generado dudas desde hace un tiempo en Victoria y para encontrar respuestas, decidió crear una serie de fotos, desde el nacimiento del bebé, pasando por los cambios del cuerpo en el proceso y luego, las secuelas de parir con el tiempo.

De nuevo, Victoria ha encontrado la tensión entre lo que venden los medios y lo que pasa en el fuero interno de las mujeres. “Socialmente, ves a una modelo o reina de belleza perfecta, con abdominales, muy regia, sin ojeras y es una cosa muy dura. De entrada, todo lo que pasa el cuerpo, la cantidad de hormonas, todo lo que puede estar pasando una mujer a punto de parir y ver esas imágenes es sentir que es “su deber” estar bien en dos semanas, es un absurdo”.

No se trata de buenas y malas madres o de mamás bellas y otras mal arregladas, se trata de entender las diferentes realidades – que atraviesan clase, poder adquisitivo y raza – que viven las mujeres. “La realidad no es esa para todas, somos absolutamente distintas. Es necesario empezar a contar qué es lo que pasa, sobretodo con el embarazo, es algo que me ha perseguido desde hace mucho tiempo porque yo en este momento estoy a puertas de cumplir 35 años y desde los 23, más o menos, me han hecho esa pregunta constante “¿y qué has pensado sobre los hijos?”, así no tenga pareja, es algo que uno “debería ir pensando” y no puede ser así.

En mi caso, yo decidí hace muchísimos años que yo no quiero tener hijos, entonces cuando hablan de las experiencias de maternidad, sobretodo de la realización que supone en las mujeres, me parece muy violento. Entonces, si no tengo hijos ¿cuál es mi experiencia en el mundo?”

“De hecho, por eso me ha interesado mucho el tema de mujeres porque no todas tenemos que vivir lo mismo de la misma manera para realmente ser mujeres, a cada una nos ha llegado un camino super distinto, un montón de experiencias diferentes y a partir de ahí, nos hemos hecho mujeres. No hay una forma o una guía paso a paso para ser mujer”.

La maternidad es un nuevo interés personal y creativo en el trabajo de Victoria. La primera serie es sobre cuerpos posparto. Allí las mujeres muestran su cuerpo y comparten sus historias del embarazo o el nacimiento de niños que hoy ya son adultos. En estas imágenes la piel guarda las memorias de una vida que gestó, conserva algunas de las formas que se adecuaron para hacer del cuerpo de la madre el molde de su bebé. Una piel modificada, transformada que se acompaña ahora de nuevas cicatrices, marcas y estrías, todas el recuerdo del milagro de la vida.

 

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¿Que significa ser madre hoy? ¿Como se abraza o se rechaza el cuerpo después del parto? A pesar de ser cada experiencia única, hay una expectativa frente a cómo se deben ver y sentir todos los cuerpos después del embarazo. Por esto, es importante hablar del tema y encontrar los cambios físicos como algo natural, donde se crea un nuevo vínculo con el cuerpo en medio de la experiencia y que siendo de la forma que sea, está bien y no “tiene que ser” de ninguna otra manera, al menos no como lo muestran muchas veces los medios. Esta imagen es parte del proyecto sobre maternidades que estoy desarrollando, y sobre el cual, sigo recibiendo sus historias (como les contaba en el post anterior). ¿Cómo ha sido tu experiencia frente al tema de la maternidad? 📝 #maternidad #cuerpo #postparto #postpartumbody #Xphotographers #Xseries #SerieX #Fujilove #Fujifilm #Fujifilmx #xt3 @fujifilmx_col @julianaangelosorno @gils_gils

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Más de una década de trabajo le ha enseñado a Victoria a habitar su propio cuerpo. A quererlo también, incluso los días en que no soporta verse. Tiempo, amigas y paciencia la han acompañado en la ruta. “Ha sido un proceso largo. A la hora que yo voy a hacer fotografías y empezamos a hablar de estas historias es muy curioso porque a todas nos ha pasado, uno se ve al espejo y encuentra mil cosas, es terrible, pero cuando hablo sobre esas cosas, no encuentro eso en quien me lo cuenta”.

Cada una lidia con un peso fantasmal de su cuerpo distinto, en el caso de Victoria, las estrías han sido un punto de fragilidad: “Hasta ir al mar o a la piscina es una cosa densa, pero cuando hablo de eso con mis amigas es como “¿de qué estás hablando?”. En este proceso, definitivamente, a mí me ha ayudado hablar con más mujeres, ver más mujeres y entender que cada una siente que tiene algo que “no debería ser” y no deberíamos ni siquiera decir eso, es que este es mi cuerpo y es así”.

No hay una forma precisa de aprender a habitar el cuerpo, en todas es tan distinta como nuestra experiencia en el mundo. Un buen inicio puede ser aprender a reconocer nuestro cuerpo como si se tratara de un minucioso ejercicio cartográfico sobre el único lugar realmente propio. Una ruta imposible de completar si se hace desde el rechazo. Este terreno no soportaba el peso de volver a recorrerlo con culpa, ni mucho menos a través de unos ojos, unas manos o afectos que no sean propios. Es necesario entender – no únicamente saberlo – que lo distinto es la normalidad oculta. Quizás para querer nuestro cuerpo debamos empezar por saber cómo se siente nuestra piel, Saber que, de vedad, todo esto somos es bello, nuestro y valioso. El espejo siempre se rompe.

 

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