Literatura

La obra de John Galán Casanova es crítica social, ironía y poesía. Su antología 'Envío VerS.O.S.' fue presentada en la Fiesta del Libro.

Mira a la pantalla y sonríe. Ve a un joven en un video casero bailando desnudo en la ducha y cantando versos en inglés al son de congas y una guitarra eléctrica en un performance del desaparecido grupo artístico Poesía ácida.

Es la esencia de la juventud, el rock y la libertad: danza, crítica social, ironía, poesía, experimentación. Es John Galán Casanova quien se ve a sí mismo bailando sin ropa, hace más de veinte años, en el inicio de su carrera artística en Medellín, mientras repasa y recita de memoria algunos poemas suyos en el lanzamiento de su más reciente libro, Envío VerS.O.S., que recopila en poco más de 200 páginas sus cinco anteriores obras: ALMAC N AC STA (1993), El corazón portátil (1999), AY-YA (2001), Árbol talado (2010), y LI poemas para Li (2013). Lea también: Las puertas abiertas de Julio Cortázar, el poeta del boom

Galán encontró hace más de dos décadas la motivación de su arte en esa tierra ajena que es la capital de Antioquia, ciudad extraña como bogotano que es, pero que lo acogió y sirvió de musa para algunos de sus escritos más reconocidos.

Ahora, de nuevo en Medellín, acapara la atención de varios asistentes a la Fiesta del Libro y la Cultura mientras cierra los ojos y dice frente a un micrófono, uno a uno, los renglones de un poema que escribió en una etapa de su vida marcada por la búsqueda de una voz desde la poesía “que se conectara con la actualidad y desarrollara un lenguaje más contemporáneo”, tema que lo obsesionó en sus últimos meses de carrera cuando estudió la obra del poeta Luis Tejada Cano. Le puede interesar: Mario Mendoza y el silencio del éxito

Por eso, Medellín parece el hogar de sus principales ideas. Allí conformó el grupo Poesía ácida y el proyecto Crítica crónica, que le permitió ser él mismo: esa figura del poeta como un crítico y un cronista.

Esta ciudad

Esta ciudad provoca ganas de escribir un poema antirrobo.

Un poema de máscaras de hierro,

donde las rejas de puertas y ventanas

se propagan al cerco de la cara

y le sirven de antifaz.

Esta ciudad provoca ganas de escribir poemas quitamanchas.

Manchas de pegante en labios de niños,

manchas de adultos llevando costales de tiempo perdido.

Manchas en la risa de los candidatos,

en el sueño de los asesinos,

en los nudos de manos inermes,

lentas manchas de petróleo y tóxicos

que reptan sobre el río.

Esta ciudad urge, no te deja en paz,

parece decir al oído:

vuélvete loco de amor, escribe un salmo

que haga mi faz menos inhóspita.

Y los templos abren sus puertas

para sentarse en silencio

a observar la cabeza blanca de los viejos,

ignorando qué increíble modo de amar conservan.

De ahí sales a la calle

a fluir en un llanto tibio y transparente,

haciendo imágenes con el dolor

para que el llanto sea colectivo

y lloremos todos la muerte de los sentimientos.

Porque qué orfandad de sentimientos

entraña sobrevivir en esta ciudad.

Galán lo cuenta como anécdota, como parte del ayer, pero lo materializa en la sala con sus versos y sus ideas cobran vida, comparte su visión de la Medellín que lo recibió a inicios de la década de 1990 y recita:

Medellín, 1993:

A más velocidad, más ligereza en el tiempo.

Hay cosas que sólo advierte el oído con tiempo,

detenido, perplejo.

De la voz saldrán poemas calientes,

quien quiera que pruebe, quien se queme que se queme.

Que las reglas de etiqueta estampen encima:

es poesía – no es poesía.

Hemos sido ratones de biblioteca,

bebido a manos llenas del silencio y la lectura.

Pero también somos –¡AY-YA!– ratas de alcantarilla,

y de cuando en vez hemos héchole visita

a los primos ratones del campo.

Y más que eso

los vemos acá en la ciudad,

esquivando carros, armando ranchos

al pie de la autopista.

Hemos hablado con sus hijos crecidos

en las paredes de la montaña

y les hemos escuchado decir:

¿Te imaginás todos los jóvenes

bajando con banderas y con antorchas

a la gran ciudad

que brilla y duerme como un niño,

te imaginás?

Era demasiado pedir al orden.

Unos encuentran la manera

de negociar contra el olvido del lugar natal y crecer,

otros Rodrigo Des

siguen bajando,

siguen bajando por el precipicio.

Este y otros poemas hacen parte de la antología de John Galán Casanova publicada por la editorial Letra a Letra en su nueva colección Trazo Azul y que, según se lee en la presentación escrita por el propio autor, recoge libros escritos durante la década en que vivió y murió en Medellín.

“Es un sucinto pentateuco, mi antiguo testamento, la raíz de cinco y obra que aquí re–uno (…) Veinticinco años después de publicado ALMAC N AC STA, ante el hecho incontestable de que mis vers.o.s. no están en las librerías, con la complicidad de Alexandra Quintero, Luz Eugenia Sierra y Óscar Pinto me di a la tarea de releerme, reescribirme y reeditarme. Cada letra, fonema, imagen, secuencia, título y espacio pasaron por el láser de mi detector de mierda, que es como Hemingway llamaba al sentido autocrítico. Pocos poemas quedaron indemnes, terminé no excluyendo ninguno, pero sí retoqué, afiné, depuré. Por momentos siento haber extremado el uso del instrumento (la palabra, la voz, el verbo, el verso)”, escribe Galán Casanova a modo de prólogo en ese libro que nació a partir de experimentación artística y, como él dice, un trabajo “crítico-poético-musical-fotográfico” de libertad y poesía ácida.


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