Entrevista

Todos los sábados, en Twitter Colombia, cientos de personas se unen a un reto de maquillaje que proponen dos mujeres: una en Bogotá y la otra en Medellín. Sin embargo, esta actividad es mucho más que maquillaje.

Diciembre de 2007, Bagdad. Las calles del centro comienzan a quedarse sin mujeres: no caminan, ni compran. No atienden en las tiendas, ni cantan en los teatros. Una suerte de maleficio parece extenderse por cuadras enteras, nadie dice nada y sin embargo están esos mensajes. Están esos letreros que visten las paradas de buses y los muros de las discotecas: “No se puede usar ropa inmodesta, ni usar lápiz labial. Las transgresoras serán castigadas. Dios es testigo de que les hemos avisado”. Tres meses antes de que esta sentencia fuera escrita en las calles de la ciudad, 45 mujeres fueron asesinadas en Bagdad.

A finales del Siglo XX, por el centro urbano desfilaban mujeres que, la mayoría, optaba por el labial en lugar del velo que cubre el cabello. Hoy, en cambio, es difícil encontrar a alguna que no oculte su cabello o que use alguna gota de maquillaje. Para la primera década del 2000, los crímenes contra mujeres se dispararon en todo Irak y, especialmente, en Basora, donde el jefe de policía de esa época, el general Jalil Jalaf, fue uno de los primeros en nombrar este tipo de crímenes como Terrorismo machista”.  

Los criminales eran cometidos por bandas organizadas que trabajaban bajo el amparo religioso y decían seguir instrucciones del Islam. Según ellos, está prohibido que las mujeres vistan ropa europea o usen maquillaje y bajo cualquier circunstancia deben llevar velo. Muchos de los cadáveres de mujeres que aparecieron en ese entonces usaban ropa sensual, corta o de colores que normalmente no usan las mujeres islámicas. Ropa puesta deliberadamente por los asesinos para justificar su barbarie. Algunas también aparecieron con letreros sobre sus cuerpos donde decía “prostituta” o “crimen de honor”. Le puede interesar: Feminismo y arte para resistir: la historia de LasTesis

No alcanzarían las páginas, ni las palabras, para enumerar uno a uno los crímenes en contra de las mujeres por vestirse, maquillarse o verse de alguna manera. Cuando sé es mujer, cualquier acto puede terminar siendo una afrenta, una provocación, una causa de muerte. “La violaron porque llevaba una falda muy corta”, “la asesinaron porque se subió en la moto de un amigo del instituto”, “la golpeó porque usa un maquillaje que provoca al resto de hombres”. Las justificaciones para la violencia machista siempre son una descarga sobre los hombros de las víctimas: mientras los hombres reciben indultos por sus acciones, las mujeres tenemos que seguir inventando espacios seguros. Esta ha sido una revolución en cámara lenta, como lo escribió la periodista Alma Guillermoprieto, que comenzó hace cientos de años y que más allá de las olas, los movimientos feministas que sacudieron las calles y las mujeres que aparecemos en medios: ha costado la vida de cientos de mujeres sin nombre que se atrevieron a poner la primera piedra. En 1792, la inglesa Mary Wollstonecraft escribió en un ensayo unas palabras que nunca antes habían estado juntas y lo tituló: Vindicación de los derechos de la mujer. Esa es una de las primera veces documentadas donde una mujer reflexiona sobre sus pensamientos, su condición y su género. También puede escuchar: Un podcast sobre feminismo: donde está una, estamos todas

A pesar de que hoy en día hay mucho más acceso a plataformas donde es posible expresar preguntas o reflexiones sobre nuestros cuerpos y nuestros pensamientos, no deja de incomodar cuando las mujeres deciden verse. Y verse es mostrarse: representarse. O sea, al mundo le sigue perturbando la idea de que una mujer habite y defienda su cuerpo y su derecho a amarlo. Mucho más si esta mujer no encaja en los parámetros de belleza establecidos por el sistema y sí, peor aún, no despierta el deseo masculino. Este no es un artículo sobre eso, es un artículo sobre maquillaje, pero cuando uno es mujer incluso maquillarse es mucho más que maquillarse.

A principios de la cuarentena impartida por la pandemia del Covid-19, dos mujeres comenzaron un reto personal. Un juego. Carolina Sánchez, en Bogotá y Paula Chaparro, en Medellín, decidieron maquillarse juntas a pesar de la distancia, poniendo un reto diario. “El novio de Paula tuvo la idea de proponer que nos retaramos la una a la otra a un duelo de maquillaje. Nos pareció divertido que se nos uniera más gente y lo hicimos abierto. Decidimos que tuviera un contexto porque mientras aprendíamos a maquillarnos para el reto inicial nos dimos cuenta de la importancia histórica de cada objeto o sustancia que se usa y parte de la dinámica es contextualizar para que cada quién investigue un poco más y de ahí decida hacia donde irá su propio look”, cuenta Carolina Sánchez. Así nació #TheBeautyBlendIns, una dinámica en Twitter donde todos los sábados se han sumado cientos de mujeres maquillándose según la tendencia que Carolina y Paula elijan a mitad de semana.

Aunque Twitter es considerada como una de las redes sociales más hostiles, ambas mujeres lograron crear tendencia dentro de ella. “Al principio yo quería hacer el reto en Instagram  porque me aterraba mostrarme demasiado en Twitter –cuenta Carolina–pero Paula sugirió que sería divertido que hiciéramos un solo hilo con la experiencia y cómo en ese momento me seguía poca gente no le vi problema, el recibimiento fue ameno y respetuoso y estuvo muy bien. En ese momento la gente de allí empezó a familiarizarse ahí con la idea y ya con TBBI (#TheBeautyBlendIns) fue más fácil introducir el concepto e invitar a quienes habían estado pendientes del primer reto. Además Twitter es más libre, la gran mayoría de la gente tiene su cuenta abierta al público, al contrario de Instagram”.

Ahora, que ha crecido tanto la actividad (algo que jamás imaginamos), buscamos que de algún modo las personas logren encontrar un refugio pacífico para ellos mismos, con ellos mismos, frente al espejo”.

Sin embargo, a pesar de que cientos de personas se han unido al reto y se han divertido maquillándose ha sido inevitable mantener en ceros los insultos y burlas hacia las mujeres. ¿Cómo controlar esto? ¿Cómo evitar el body shaming?  Paula Chaparro confiesa que ha sufrido body shaming incontables veces por su peso. A pesar de que cada día logra una tregua con su cuerpo, reconoce que exponerse así al público la ha hecho sentir más vulnerable. “No aceptamos bajo ninguna circunstancia ningún ataque hacia las personas que participan de la dinámica.  Sabemos que cualquier idea genera burlas, malos comentarios y juicios, y más en una red social como Twitter, pero cuando singularizan la mofa, cuando separan a una persona del grupo para ridiculizarla, es inaceptable. Lo que buscábamos al comienzo era sólo divertirnos entre todas, compartir tips y pasar unos sábados diferentes en la rutina del encierro. Ahora, que ha crecido tanto la actividad (algo que jamás imaginamos), buscamos que de algún modo las personas logren encontrar un refugio pacífico para ellos mismos, con ellos mismos, frente al espejo”.

¿Para qué les sirve el maquillaje a ustedes?

Paula Chaparro: A mí me sirve para relajarme, para conectarme con mi familia (a mi abuela no le faltaba el “colorete” y he visto a mi mamá, a mis tías y a mi hermana maquillándose toda la vida), para conocer gente tan maravillosa como Caro (el maquillaje nos unió, realmente), y para darme cuenta de que hacer arte no es sólo tomar un lienzo en blanco y comenzar a pintar. Yo puedo ser mi propio lienzo, guardando las proporciones, claro.

Carolina Sánchez: A mí me sirve como válvula de escape a este tiempo medio muerto que estamos viviendo, también como fórmula de reconocimiento e incluso para verme bonita y diferente todos los días. Creo que el acto de maquillarse le puede dar a uno la facilidad de reconocerse y decidir que le va mejor y eso en términos de imagen da más seguridad.

¿Qué sienten cuando ven a todas las mujeres y hombres que se han unido al reto?

PC:  Decir que siento alegría es un eufemismo. Me encanta ver la participación que crece todos los fines de semana, saber que se toman el tiempo de investigar y de maquillarse, pero sobre todo, ver en los retos a amigos cercanos que son muy tímidos, y a amigas que nunca se habían interesado en el maquillaje y gracias a todo esto han descubierto un nuevo pasatiempo. Se sienten cómodos publicando sus fotos en redes sociales, cuando antes rara vez lo hacían y participan activamente desde el lanzamiento del reto hasta su realización. Eso es lo que siento, una emoción enorme de ver que Caro y yo estamos detrás de algo que comenzó como una actividad de dos peladas aburridas en cuarentena, y ahora ayuda a muchas personas a sentirse mejor consigo mismas.

CS: Me da sincera alegría ver a tanta gente probando cosas nuevas, viendo tutoriales, investigando, buscando ropa que se acomode al reto. Hay gente que jamás se había interesado por esto y ahora se interesan, compran sus cositas para maquillarse y cada vez que lo intentan no se dan cuenta pero aprenden algo nuevo: técnica o teoría del color o incluso cosas sobre su propia piel. Ver a la gente animarsea hacerlo y luego sorprenderse con lo que pueden lograr es simplemente maravilloso. Siento además que se están aprendiendo a halagar entre ellos y eso no es un dato menor: uno se puede ver precioso pero que alguien más te lo diga con cariño te hace sentir fantástico.

¿Cómo hacer de las redes un espacio más seguro?

PC: Lastimosamente, la única forma de hacer de las redes un espacio más seguro en este momento es ignorando y bloqueando a quienes las hacen un espacio negativo. Digo que es una lástima, porque debería haber un punto en el cual se pudiera razonar con estas personas, pero no existe. Disfrutan hacer lo que hacen y cómo algunas personas les celebran su comportamiento, lo siguen haciendo. Sin embargo, y parafraseando a Monica Lewinski, considero que bloquear en redes a ese tipo de sujetos es algo que da poder. Es como mostrarles el dedo del medio.

CS: Creo que hay dos maneras: la primera es bloqueando a los trolls y al mismo tiempo no dándoles poder a sus palabras, es decir: mostrar el apoyo incondicional a quienes decidieron participar del reto. La otra tiene con los participantes y con la gente que no se maquilla pero está pendiente del reto porque se ha formado una comunidad en la que se entiende el espíritu de la dinámica que es maquillarse, decirles a los demás que se ven bien y desde ahí ellos mismos se protegen de los trolls. Es impresionante como mucha gente que se ha senido afín con la dinámica la ha defendido sin que ni siquiera nos conozcan o nos sigan a las creadoras del reto y eso es bien bonito.

 


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