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"Eso es lo que me ha dado esta película, no podemos construir un país desde el yo, un país se construye con sumercé". La más reciente entrega de Victoria Solano sigue la vida de tres líderes campesinos que buscan proteger su territorio y defienden desde su activismo la vida en el campo.

Sumercé, el nuevo documental de la periodista y documentalista Victoria Solano, junto a Paula Vaccaro y Marco Cartolano, reconstruye el camino de lucha de tres líderes campesinos: Don Eduardo, César Pachón y Rosita, quienes han puesto el cuerpo y la voz durante años para defender sus territorios de la minería. Sin embargo, en los años que tomó el desarrollo del proyecto, Sumercé se convirtió en un ejercicio de reflexión sobre cómo retratar, ser elegido y cómo construir un país desde lo colectivo.
  
Cada una de las imágenes del documental confirma que la fuerza solo viene de lo que se ama y que es ese sentimiento es el que nos mantiene de pie – o en las calles – cuando las cosas no van como deberían. Pero como en todos los casos, no basta amar algo para mantenerlo. Se requiere transparencia y una memoria inagotable para defender la raíz, la tierra y los páramos en este caso.
Hablamos con Victoria Solano sobre la construcción de este relato de la lucha campesina, su acercamiento a los protagonistas de la historia y el papel de los artistas como ciudadanos.

En el marco del Paro Agrario del 2013, Solano conoció a través de una llamada telefónica a Don Eduardo, César Pachón y Rosita. Desde ese primer contacto emprendió camino y viajó desde Bogotá a Tunja para retratar de primera mano todo lo que sucedía en medio de la protesta social y quedaba por fuera del radar de los noticieros nacionales. Así, en medio de una situación convulsa, Solano empezó un camino que tomaría más de cinco años y traería como fruto un trabajo audiovisual y unas cuantas amistades.

Este es un proyecto que se ha construido en el tiempo y ha sobrepasado el interés de contar una historia para configurar relaciones de amistad con cada uno de los protagonistas del documental, ¿cómo lograste conectar con ellos a ese nivel?

“Para mí era muy importante hacer una relación en la que esa confianza con la que ellos me permitieron estar en su casa se notara en el material. Esto se logra desde que llego al paro no como una x, mi documental 9.70 había hecho una especie de presentación y cuando yo llamo a los líderes campesinos para decirles que tenía una investigación sobre semillas – que era un insumo que tomaba mucho más valor en una mesa de negociación de campesinos que en mi casa guardada -. No deje de ver: “9.70 – Semillas en peligro”.

Cuando los llamo me dicen “¿tú eres la de las semillas, qué necesitas? ¿Quieres venir?“. En ese momento estaba super bloqueado Bogotá, no llegaba alimento y el presidente tuvo que ir en helicóptero y que a uno le digan eso, como documentalista, era un honor. Me fui para allá y los campesinos no solamente me hicieron pasar hasta llegar a Tunja, sino que me permitieron estar con ellos de una manera muy intima, con mucha confianza a pesar de ser un momento en que no creían mucho en las cámaras.

Me hicieron entrar, me contaron todo, al principio hablaban a la cámara, me contaban sus penas, sus luchas y era hermoso. Pero yo quería que la cámara fuera una extensión de mí en el sentido de “estoy en medio del paro, sentada en la fogata de los campesinos, eso no se ve en la televisión. Yo estuve en el detrás de cámara y estaba fascinada, sentía que mi papel era ceder ese lugar en el documental”.

Con el tiempo, todo lo relacionado con el paro y la situación de los caminos se convirtió en un eco, un recuerdo que tomó forma en los titulares de las noticias. Cuando las cámaras se fueron, Victoria Solano se quedó con César preguntando, marchando, protegiendo, grabando su transformación como líder social y acompañando su paso a la política. En sus palabras, “En el momento que decide lanzarse a la política las elecciones me daban un marco de tiempo muy claro. Por eso las elecciones cobraron, narrativamente, esa importancia. El documental me permitía contar mucho y enmarcarlo en ese espacio de tiempo”.

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El cubrimiento de este tipo de sucesos y manifestaciones se ha estigmatizado desde los medios de comunicación, pero la apuesta del documental es mucho más emocional e intimista, ¿cómo abordar lo que parece únicamente público desde la cotidianidad?

“En estos años lo que he aprendido es el valor que reside en una historia de vida, por ejemplo, cuando vemos a Don Eduardo, uno entiende que él se muere antes que dejar ese páramo o cuando vemos a Rosita y nos damos cuenta que realmente su proyecto de vida es que sus hijos se queden en el campo, lo más importante para ella es proteger ese campo para que sus hijos puedan vivir ahí. O César que es capaz de hacer una campaña sin dinero y sin experiencia, meterse a la política de una manera muy inocente, por defender los derechos del campo. Yo siento que esas decisiones que seres humanos como nosotras toman, siento que nos hacen entender de manera más profunda cualquier temática y cualquier otra cifra.

Sabemos desde hace mucho tiempo, de manera muy clara desde el 2014 que se presentó el censo Nacional que en el campo hoy, viven básicamente niños y adultos mayores. Más o menos a los 15 años los chicos se empiezan a ir para buscar nuevas oportunidades. Ya lo sabíamos, pero cuando tu ves a los padres haciendo una cosa tan insistente, tratando que los chicos se queden, enseñándoles a sembrar, a Don Eduardo diciendo “esto es para ellos porque yo me voy a morir mañana”; ves y escuchas que las conversaciones giran en torno a eso, esas historias de vida llegan por otro lugar y quedan más impregnadas que cualquier informe.

En ese sentido, el documental es una máquina de empatía porque te permite ver y sentir en carne propia, en primera persona, esa angustia. Don Eduardo sintió miedo, lo ves con sus ojos llenos de lágrima o de tristeza de ver la minería. Esa fue la apuesta, que el espectador pudiera vivir durante esos 83 minutos las angustias, los miedos, las pasiones que enfrenta un campesino por su lugar, en este caso el páramo”.

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La identidad sobre “lo campesino” ha sido narrado desde los extremos y esta idea de contar la historia desde una reflexión como “retratar y ser retratado” o elegir y ser elegido” es una apuesta arriesgada porque está sujeta a las posibilidades del presente, en el caso de César, a una votación y un proceso de elección real, ¿cómo fue vivir este proceso desde el objetivo narrativo? ¿Cómo retratar algo que está en proceso?

“Fue tremendo, muy lindo. Nosotros nos hablábamos constantemente, una vez me llamó para decirme “El Gobierno no cumplió, voy a ir a amarrarme a la Plaza de Bolívar”. Era el segundo Paro Agrario y César estaba muy amenazado en ese momento, casi no podríamos hablar, de repente me entra una llamada de un teléfono desconocido y me dice: “Vicky, esto no funcionó, yo no puedo salir a las calles porque es muy peligroso, pero me voy a amarrar en la Plaza”. Allá llegamos, muchos campesinos pasaron días enteros a la intemperie en la Plaza y así era, este tipo de cosas solían pasar, César llamaba a decirme “eso no funcionó, ahora vamos a hacer tal cosa”.

César tiene una necesidad de hacer unas apuestas muy grandes en su vida, eso lo ha llevado a estos lugares, siendo tan joven – 29 años – fue la cara más visible de uno de los paros más importantes de nuestra época en Colombia. Cuando yo lo siento para preguntarle por qué se había decidido por la política, él me contó una anécdota: el día que terminaron el paro agrario ellos estaban muy contentos, sintieron que habían ganado porque habían citado al gobierno, tenían un documento firmado que decía que se iban a comprometer y creyeron”.

Cuando él estaba a punto de salir con una sonrisa, el Ministro Iragorri que era el ministro de agricultura lo encaró y le dijo “César, usted no va a lograr nada porque lo que usted quiere es un cambio de política y ese cambio no se logra en las calles haciendo paros, se logra en la urnas, así que ahí nos vemos”. 

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“Pasó el tiempo y el tiempo le dio la razón al Ministro, no hubo cambios y lo que ellos prometieron, todas las metas planeadas no dieron fruto, se fueron diluyendo, los campesinos tenían que ir de Tunja a Bogotá y no había recursos siempre; se fue extendiendo el tema y ya no iban los ministros sino los vice, luego las secretarias, el practicante, era una cosa que ya nadie podía tomar decisiones. A César nunca se le fue esa frase del ministro y como se gana en las urnas, decidió lanzarse por un puesto de decisión donde ellos pudieran hacer las leyes que nos están desprotegiendo.

Para César ese fue un desafío, podría decirse, pero esa frase la volví a escuchar en el paro que hubo en noviembre cuando tenía que votar la cámara de representanes y en un momento, unos miembros de la ultraderecha empezaron a decir “ustedes son unos miserables – está al aire porque esto se transmite – ustedes quieren ganar en la calle lo que tendrían que haber ganado en las urnas. Colombia ya se pronunció en las urnas””Lea también: “Todo el poder para la gente: el paro sigue con música y cacerolas”.

Es a partir de este suceso que las elecciones y, particularmente, el ejercicio del voto se convierten en una parte fundamental en Sumercé. Las agendas políticas y legislativas son la carta de protección o la amenaza de los territorios – ya desprotegidos por el Estad – en el marco de las decisiones políticas a las que en muchas ocasiones, los líderes sociales campesinos hacen frente desde su activismo. Esta reflexión sentó un precedente importante que puede verse en el resultado final del audiovisual:

“Todo eso a mí me ha hecho pensar que  los colombianos ya no podemos hacernos los locos con la política y hay que hacer que más gente, que realmente represente al pueblo, esté ahí metida. Si el 20%de los colombianos son campesinos, que el 20% del congreso sean campesinos. Necesitamos médicos que conozcan el sector legislando, necesitamos artistas de verdad, vemos las cosas de la Economía Naranja y a los artistas no nos sirve. Ahorraríamos tiempo, recursos, sería mucho más eficiente entonces a mí este camino sí me ha dejado eso, la política no puede ser más una mala palabra para los colombianos, sino al contrario, si necesitamos que cambie algo hay que involucrarnos. Nuevos partidos nuevas maneras, revolucionarlo desde adentro, en todas sus maneras”.

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Haber construido una relación tan cercana con quienes hacen parte del proyecto interviene en tu vida y permea el ámbito profesional, pero también el personal. ¿Cómo entiendes tú la posición de ciudadanía con la de artista? ¿Hay un tránsito o nunca hubo una separación en tu caso?

“Cuando uno lee la historia de la humanidad, en las grandes revoluciones hay artistas que han estado de una manera muy comprometida. Siento que el “Guernica” de Picasso no sería o que es, si no se hubiese hecho en el contexto Franquista no tendría la trascendencia que tiene hoy para nosotros. Hay muchas pinturas, fotografías, que han marcado una manera de pensar y a mí, como artista, como cineasta, me interesa mucho ese papel como ciudadana, cómo yo puedo no solamente enunciar cosas, sino que esas cosas tengan un impacto real en la sociedad. 

No me gusta que las cosas que hago durante seis años, en los que ponemos tanta pasión, pasen y existan en el mundo y ya. En este caso con Sumercé, una visión campesina, un tema de páramos donde todas ls comunidades lograron parar la ley por no haberla  consultado con ellos. Ni siquiera se les está escuchando para saber qué va a pasar con la tierra en la que viven, si no les dan el espacio, yo se los voy a dar durante 83 minutos, que hablen, nos cuenten y veamos qué significa la tierra para estas personas.

Para mí es muy importante el papel como artista no solamente opinando, sino produciendo cosas porque el arte tiene una manera de relacionarse diferente con la sociedad y me parece importante que los artistas hagamos eso”.

Finalmente, luego de seis años buscar la mejor forma de contar estas historias y establecer amistades ¿qué significa para ti la palabra “Sumercé”?

“He aprendido que no se puede construir un país sin sumercé. En Argentina hay una expresión muy linda que es “La patria es el otro”, lo que significa que un país no se construye pensando en mi bienestar sino en el otro, mi vecino quienes trabajan conmigo, si mis compañeros están bien, yo estoy bien. Eso es lo que me ha dado esta película, no podemos construir un país desde el yo, un país se construye con sumercé y por eso el trailer tiene una cosa muy clara cuando dice “¿Y quién va a continuar la lucha cuando yo me muera?,  sumercé”

Siempre quise que quedara sí porque es retórico, ese sumercé eres tú, pero también soy yo y somos todos. Lo más importante para cambiar este país, construir la sociedad que soñamos es Sumercé”.

Con la situación sanitaria actual, Victoria Solano y su equipo decidieron estrenar la cinta de manera virtual. Desde el 11 de junio se encuentra disponible y pueden verla aquí. Sin embargo, se espera que llegue a las salas de cine en los próximos meses.

 


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