Olga Orozco, la voz del universo

Por: Camila Builes
@CamilaLaBuiles Foto: Cortesía

Perfil

Hace cien años nació la poeta argentina, fue también periodista, editora de la sección de horóscopos en el diario y tarotista. Una de las figuras más importantes en la literatura latinoamericana.

“Con sol en Piscis y ascendente en Acuario, y un horóscopo de estratega en derrota y enamorada trágica, nací en Toay”. Así empieza su Anotaciones para una autobiografía que se recoge en las últimas páginas de su Poesía completa que publicó Adriana Hidalgo en 2012 y que el año pasado volvió a reeditar.

Nacida Olga Nilda Gugliotta Orozco, era hija de Carmelo Gugliotta, un siciliano de Capo d’Orlando y de la argentina Cecilia Orozco. Pasó sus primeros años entre Toay (La Pampa) y Buenos Aires. En 1928, la familia se mudó a Bahía Blanca y ocho años más tarde a Buenos Aires. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de maestra. Desde muy joven fue una de las integrantes del grupo literario surrealista, al cual pertenecían a su vez, entre otros, Oliverio Girondo y Ulises Mezzera. México Sonoro: Rosario Castellanos y la poesía del todo

La influencia de los relatos en boca de su abuela María Laureana la llevaron a desarrollar una poética en donde la infancia es una puerta iniciática. Su vínculo con el tarot la lleva a escribir poemas como “Cartomancia” o “Para destruir a la enemiga”. Olga Orozco ritualiza cada gesto vinculado con el acto de escribir. Así, por ejemplo, solía repetir en entrevistas que acostumbraba escribir con una piedra en cada mano. Una traída de donde nació su padre, otra de la tierra de su madre y una tercera que le había obsequiado un amigo de la infancia cuando se muda de Toay a Bahía Blanca. La voz de Ana Blandiana y su poesía en HJCK

Orozco se caracteriza por una inteligencia sutil que le permite una extraordinaria capacidad para recurrir a los tropos —una característica suya es el uso frecuente y logrado que hace del oxímoron—; también sabe hacer uso de versículos en los que desarrolla una especial y visionaria imaginación pródiga en expresiones, siendo sus temas frecuentes la evocación de la niñez, que asimila con la época del paraíso perdido, la adolescencia – época de la develación – o, en última instancia, el recurso de la memoria en donde el tiempo parece a resguardo y recuperable ante la muerte.

Google recuerda con un doodle los 100 años de nacimiento de Olga Orozco.

Su gran amor fue el arquitecto Valerio Peluffo, con quien se casó en 1965. Después de la muerte de Peluffo, acaecida en 1990, le dedicó el poema, En la brisa, un momento, que contiene los siguientes versos: Ah, si pudiera encontrar en las paredes blancas de la hora más cruel / esa larga fisura por donde te fuiste, / ese tajo que atravesó el pasado y cortó el porvenir, / acaso nos veríamos más desnudos que nunca, como después de nunca, / como después del paraíso que perdimos, / y hasta quizás podríamos nombrarnos con los últimos nombres, / esos que solamente Dios conoce, / y descubrir los pliegues ignorados de nuestra propia historia / cubriendo las respuestas que callamos, / incrustadas tal vez como piedras preciosas en el fondo del alma.

Una mañana temprano, con el sol a media asta, ya no en la Toay de su infancia ni en la Bahía Blanca de su adolescencia, sino en la Buenos Aires de su vida adulta, Olga Orozco teclea versos. Con la máquina de escribir sobre sus rodillas, “como si domara un potro”, sin ceniceros ni cenizas a su alrededor. Dejó de fumar cuando un brujo de Paysandú, varios años atrás, le dijo que estaba intoxicada y que si seguía aferrándose al tabaco iba quedarse sorda. Le hizo caso. Por eso, en aquella mañana, una de las últimas, escribe con un rosario en la mano, el pelo enredado en la frente y un alfiler de gancho que abre y cierra con los dientes: Ahora estoy a solas, mi sombra desvelada frente al muro / contemplando la última señal que trazó en todas partes mi destino: / (…) la marca de unión entre la breve tierra y el reino prometido.

Orozco falleció de un paro cardíaco a los 79 años el domingo 15 de agosto de 1999 a las 21:20 de la noche en el sanatorio Anchorena, en Buenos Aires.

 


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