Reseña

Reseña del escritor Álvaro Vanegas sobre la película Monos, prenominada por Colombia a los premios Oscar y Goya.

Varios son los argumentos que enarbolan los detractores de nuestro cine a la hora de desdeñar las películas realizadas en este pequeño y mal amado lugar del mundo. Que el cine colombiano es aburrido, que los actores no dan la talla, que se siente uno viendo una telenovela, que las de humor son ramplonas, las dramáticas son planas y las de terror lo que causan es risa; y así continúan con sus falacias, que se quedan sin piso desde el momento mismo en que hablan de “cine colombiano”, como si aquello fuera un género o encerrara una manera específica de hacer cine. Lea también: II Semana de Cine Brasileño Contemporáneo

Pues bien, aunque es innegable que existe desde hace años una especie de divorcio entre el público y las películas locales, y que ese divorcio se debe en gran parte a la realización de historias densas y pretenciosas que no conectan con el público en masa, también es cierto que todos los años salen a la luz películas maravillosas que merecen ser vistas más de una vez, y este es el caso de Monos, del director colombo ecuatoriano, Alejandro Landes.

Un grupo de guerrilleros muy jóvenes tienen que pasar sus días entrenando, comiendo en el monte, aguantando frío y lluvia, y, en especial, cuidando a una rehén extranjera y a una vaca lechera. Un día, embriagados de licor y juventud, cometen un error que rompe sin piedad el frágil equilibrio que se esfuerzan por mantener. Ese es, más o menos, el primer acto de un guion escrito con filigrana, y que demuestra un profundo conocimiento y una inusual sensibilidad a la hora de crear historias para la gran pantalla.

A partir de ahí sucede algo que no es frecuente en el cine hecho aquí: los hechos se dan sin prisa, pero sin pausa, es decir, el director tiene clara la diferencia entre velocidad y ritmo, y esa claridad es evidente, pues es una película que no permite que nos apartemos un segundo de lo que sucede.

Las relaciones entre los personajes bien construidas y la coherencia de sus reacciones, permiten una rápida identificación del espectador con sus necesidades y motivaciones, así a la mayoría nos resulte ajena la situación de vivir entre la vegetación con un fusil al hombro. En esto, en parte, se basa el éxito de su segundo acto, que nunca decae. Luego viene un tercer acto que, aunque creo que no llega hasta donde debe llegar, es consecuente con una película bien realizada y casi siempre contenida, con un final cargado de simbolismo y que, inevitablemente, conmueve y obliga a reflexionar, sin convertirse en un desenlace aleccionador o en alguna clase de fábula sosa.

Monos es una película con profundidad, pero entretenida; que explora un tema manido en nuestro cine, pero lo hace con sutileza y originalidad; con actores que entienden que se deben a la película y no al contrario, con arte y fotografía muy correctos y, que, además, fue vista por más de cuarenta mil personas en su primer fin de semana de exhibición en salas, ¿se necesitan más motivos para verla? Bueno, pues los hay: ganó múltiples premios en Francia, Estados Unidos, Rumania y otros países, y, como si fuera poco, es una de las cuatro cintas seleccionadas por Colombia para competir por los premios Goya y Oscar. En resumen, quien quiera más, que le piquen caña.

 

 

*Álvaro Vanegas es escritor y cinéfilo, autor de varias novelas de terror, entre ellas Virginia, Mal paga el diablo y Violeta.


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