Cine

El director de la película ‘Litigante’, protagonizada por Carolina Sanín, reflexiona sobre las crisis de la vida, el trabajo con actores naturales y lo que para él es importante en el cine.

El director y guionista bogotano Franco Lolli estrenó el pasado 21 de noviembre en salas de cine de todo el país la película Litigante, segundo largometraje de su carrera. Protagonizada por la escritora Carolina Sanín y la madre del cineasta, Leticia Gómez, muy comentada por la prensa especializada debido a los temas que aborda, y cómo los cuenta: crisis, lazos familiares y el papel de la mujer en la sociedad colombiana.

Litigante fue seleccionada como la película de apertura de la Semana de la Crítica en el Festival de Cine de Cannes y ha ganado varios premios internacionales, como Mejor Película en Chicago, Mejor Actriz en República Dominicana para Carolina Sanín y Mejor Actriz en Vladivostok para Leticia Gómez. Lea también: Soledad, heroísmo y arte mutante: así es la música de The Mandalorian

En entrevista con HJCK, Lolli comentó algunos detalles de su trabajo con actores naturales y lo que busca al hacer una película: “A veces parece que lo importante en el cine solo son los guiones, pero para mí lo importante es la vida que hay en la película”.

HJCK: Litigante cuenta la historia de Silvia, una madre soltera y abogada a quien vemos al borde de una crisis nerviosa. Vemos que vive diferentes tensiones, en lo laboral, lo amoroso, lo familiar, incluso como madre. ¿Cuál de todos esos conflictos detonó en usted la necesidad de escribir el guion y de hacer la película?

Franco Lolli: No creo que sea uno solo, en realidad, lo que haya detonado la necesidad de escribir la película. Creo que fue la sensación que tiene a veces uno de que todos los problemas del mundo los tiene sobre sus hombros y tiene que cargas con un peso muy grande. Creo que de esa sensación de tener que aguantar y tener que mantener la cabeza en alto, a pesar de las dificultades, nace la película.

Luego, cuando yo empiezo a escribir, a mi madre le da un cáncer de seno y de ganglios y creo que eso empezó a vampirizar un poco la historia, empezó a tomar cada vez más y más peso porque yo la tenía que acompañar a ella a sus citas médicas, me peleaba con ella porque no se quería tratar, estaba deprimida, y creo que de esa enfermedad de mi madre me entraron unas ganas inmensas de vivir, como para contraatacar la posibilidad de la muerte. Creo que la película, en el fondo, es una combinación de esas cosas.

¿Cómo fue la construcción de los personajes? ¿Tenía pensado lo que Carolina y su madre pudieran personificar?

F.L.: Yo cree un guion que era independiente un poco de quién lo fuera a interpretar, pero cuando llegué al momento del casting, de tener que decidir quién interpretara a la madre de la protagonista, me di cuenta de que quería filmar a mi madre.

Luego, yo sabía que el problema más grande al que nos enfrentábamos era encontrar a la protagonista que iba a aguantar esta película, o sea que uno quisiera ver durante hora y media. Hicimos un casting larguísimo de nueve meses, vimos más de 300 actrices profesionales y no, conocidas y no, y al final fue Carolina Sanín la que se impuso, por su inteligencia, por su magnetismo y por su capacidad de actuación que, en un ensayo que hice con ella y mi madre, eran directamente madre e hija en la ficción.

La construcción de los personajes luego se da con las actrices escogidas, tengo un proceso de improvisación con los actores que permite que ellos vayan encontrando sus propias palabras dentro de una escena que yo les doy, pero no les impongo absolutamente.

A partir de improvisación e improvisación, que son ensayos, las escenas se van construyendo orgánicamente, esto para generar un poco más de espontaneidad y de vida, y no quedarse en un libreto porque yo siento que muchas veces el cine solo parecen ser los libretos, solo los guiones, cuando lo importante para mí es la vida que hay en una película.

Escuche en el audio adjunto la entrevista completa con el director Franco Lolli.


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