Libertadoras: primer grito de independencia

Por: Jorge Cardona
@HJCKradio Ilustración: Eder Leandro Rodríguez

Crónica

Esta es la primera entrega de Libertadoras, un proyecto entre El Espectador y la HJCK sobre el Bicentenario. En este cubrimiento las protagonistas serán las mujeres. La campaña libertadora que hace 200 años concretó la independencia de España empezó a forjarse casi cuarenta años antes con la revolución de Los Comuneros liderada por Manuela Beltrán.

 

 

“Fue Manuela Beltrán (cuando rompió los bandos del opresor, y gritó: ‘mueran los déspotas’) la que los nuevos cereales  desparramó por nuestra tierra. Fue en Nueva Granada, en la Villa del Socorro. Los comuneros sacudieron el virreinato en un eclipse precursor”. Son versos del Canto General de Pablo Neruda y evocan a la mujer que el 16 de marzo de 1781 rompió el edicto de los impuestos que se fijó en la pared del cabildo, mientras gritaba “¡Viva el rey y muera el mal gobierno!”. Con esa acción sembró la semilla de la independencia de España que solo se alcanzó casi cuatro décadas después.

Aunque ella constituye un distintivo histórico de Colombia, no se conoce mucho de su vida. Algunos autores dicen que era cigarrera y que no tenía más de 17 años. Otros aseguran que pasaba de los 50 y era comerciante, que la respaldaban también los peseros y los matarifes, y que murió en Confines tiempo después de iniciar la revuelta. Entre la verdad o la leyenda, representa el comienzo, y más allá de su gesto recobrado por la memoria, o de su nombre exaltado por las instituciones, en estricta cronología, cuando ella rompió el edicto en El Socorro ya el movimiento comunero era una rebelión popular.

En Simacota ya había sido asaltada una ronda de guardas de la renta del tabaco; en Mogotes otra fue expulsada del pueblo por vecinos armados; en Charalá hubo sublevación contra el visitador; en Curití y La Robada se registraron alzamientos. El 16 de marzo de 1781 fue día de mercado en El Socorro. Cuando el tejedor José Delgadillo empezó el escándalo tocando un tambor, y lo secundaron con gritos y estallidos de pólvora una manifestación de mujeres y hombres, una de ellas iba a ser heroína. Fue Manuela Beltrán y ese fue su aporte a un continente que no había oído un reclamo de ese talante contra España

Ese mismo día el cabildo de El Socorro suspendió el cobro de los nuevos impuestos, pero la chispa estaba encendida y al   siguiente se amotinó la gente en Simacota. Como lo describe el periodista Héctor Muñoz en su escrito “Galán, héroe de los guanes y los comuneros”, publicado en el Magazín Dominical del 15 de marzo de 1981, mujeres y hombres atacaron la casa del administrador de la renta de tabaco. Nueve días después, el turno del levantamiento fue para San Gil. Los manifestantes se tomaron el cabildo, expulsaron a los ediles, y las mujeres representaron la parodia de una sesión popular.

Dos semanas después, en Pinchote, un tropel de mujeres se presentó al estanco con el pretexto de comprar tabaco, y cuando abrieron la puerta sacaron el producto a la plaza y le prendieron fuego. Al mismo tiempo, el cura y el sacristán de la iglesia fueron amarrados, mientras otras señoras echaban a rebato las campanas. El viernes 30 de marzo empezaron a llegar mujeres y hombres de varias poblaciones a El Socorro y, en medio de la protesta frente a la administración del tabaco, una mulata a quien todos llamaban “La negra Magdalena”, formuló un interrogatorio suficiente.

Fue Manuela Beltrán (cuando rompió los bandos del opresor, y gritó: ‘mueran los déspotas’) la que los nuevos cereales  desparramó por nuestra tierra. Fue en Nueva Granada, en la Villa del Socorro. Los comuneros sacudieron el virreinato en un eclipse precursor”.

En voz alta, en medio de la protesta preguntó: “¿Hay quien defienda las armas del rey?”. La multitud contestó con un no sonoro. “¿Hay quien se oponga a la defensa de la renta del tabaco?”. La réplica fue la misma. “¿Hay quien defienda este estanco?”, fue su último cuestionamiento. Tras la negativa de todos, con una enorme piedra golpeó las armas reales. Su ataque fue masivamente respaldado y la administración del tabaco fue tomada. Después de unieron los procesadores de algodón, las hilanderas, los tejedores, hasta que se formó un contingente de 20.000 mujeres y hombres dispuestos a hacerse oír.

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