Libertadoras: mujeres al patíbulo

Por: Jorge Cardona
@HJCKradio Ilustración: Eder Leandro Rodríguez

Crónica

Las mujeres resistieron el régimen del terror de Pablo Morillo y a pesar de las prohibiciones de sumarse al ejército patriota, acompañaron a Bolívar y Santander. Hasta la compañera de un combatiente del batallón Rifles dio a luz en un gélido solitario paraje del páramo de Pisba.

El 8 de diciembre de 1810, a sus 45 años, la mitad de ellos huyendo o en prisión por la osadía de publicar la Declaración de los Derechos del Hombre, Antonio Nariño regresó a Santa Fe a tiempo para participar como secretario en el Primer Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada que sesionó a partir del día 22. Aunque se perdió los sucesos del 20 de julio de 1810, retornó a una Santa Fe republicana. Sin embargo, en casa encontró a “Matica” -Magdalena Ortega-, muy enferma. Al duro costo de su libertad extraviada, agregaba ahora la salud de su esposa.

 

El 16 de julio de 1811 falleció en la casa de La Milagrosa, dos días después de que, en papel florete, cuatro páginas y al precio de un real por ejemplar, apareciera en las calles de Santa Fe la primera publicación de Nariño en tiempos de libertad: su periódico La Bagatela. En la tercera entrega, bajo el título “Sueño”, con emotivas palabras, así escribió Nariño en memoria de su entrañable Magdalena: “¡Bendito sea para siempre aquel que dio al hombre una compañera, y que puso en ella el encanto irresistible que tiempla a un mismo tiempo nuestro carácter y nuestras desgracias!”.

“Todo el mundo es ilusión, y la misma vida no es sino un sueño, pero de todos los sueños, el más dulce sin duda es el amor (…) ¿Qué precio tendrían para el hombre, la gloria, los honores, las riquezas, si estuviera solo en la tierra? (…) ¿A dónde va a buscar reposo aquel a quien la sed del oro, del poder o de las dignidades encadena sobre el banco de un escritorio, al pie del trono, y en las salas del consejo de los reyes? ¿A dónde corre el héroe a olvidar su fatiga, y a cambiar sus laureles por felicidad? Al lado de una compañera, de una amiga, cerca de ese ser que sólo puede llenar el vacío que dejan la ambición y el brillo”.

Ese fue el tono de su homenaje a Magdalena, antes de regresar al huracán de la política, tumbar al presidente Jorge Tadeo Lozano a punta de “Noticias muy gordas” en La Bagatela, y terminar como gobernante de Cundinamarca en septiembre de 1811. El mismo día de su posesión envió una expedición a Honda y a Mompox contra tropas realistas que persistían en desconocer la independencia, pero empezaron los recelos entre las provincias, las pugnas entre centralistas y federalistas, y para 1812 todo era guerra. Tunja contra Cundinamarca y las cuentas pendientes con España.

A finales de 1812, con las tropas federalistas de Antonio Baraya en las entradas de Santa Fe y el pánico desatado en la ciudad, Nariño escribió a Manuela Barahona, esposa de Francisco José de Caldas, para buscar a través suyo una mediación y alcanzar un acuerdo amistoso. Relata el escritor Roberto Velandia en su libro “Las guerras federalistas”, que Caldas contestó: “Bien puede usted afligir, intimidar y degollar a esa niña inocente y virtuosa, bien puede hacer usted lo mismo con mi hijito y con todo lo que puede tener conmigo relación en esa ciudad desgraciada. Nada me intimida”.

Y nada pudo evitar tampoco que la primera semana de enero de 1813, la confrontación llegara Santa Fe. El escritor José María Caballero en su “Diario de la Independencia”, del día 9 dejó constancia: “Las mujeres nuestras, con tan varonil denuedo, se botaban a coger prisioneros, y se les rendían como a los capitanes más valerosos, unas con las mismas armas de ellos, que les quitaban, otras con palos de las cercas, que traían al hombro a modo de fusiles (…), otras venían cargadas con cajones de metralla, de pólvora, con cañones y armas blancas y otras infinidad de despojos, ¡cosa admirable!”.

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