Libertadoras: la libertadora del libertador

Por: Jorge Cardona
@HJCKradio Ilustración: Eder Leandro Rodríguez

Crónica

La libertadora del libertador fue Manuela Saenz, el mismo Simón Bolívar la definió así. En este capítulo, El Espectador la recuerda por su valentía y pasión por la causa independentista. Manuelita, como muchos la llamaron, fue una mujer fiel a sus ideales y siempre luchó por su libertad y la del país que amó como propio. No se pierda esta nueva entrega en la que la historia de amor, de triunfo y de traición sigue construyendo la memoria de nuestras libertadoras. Vea nuestro especial multimedia y escuche el podcast Las Juanas que se realiza en alianza con la emisora HJCK.

No es fácil organizar una república después de tres siglos de dominación española. Menos una del tamaño de la que ideó Bolívar que empezaba en Venezuela y terminaba en Bolivia. Por eso, la evolución de la democracia naciente, desde el triunfo en Boyacá hasta su división en varias naciones once años después, representa el esfuerzo de varias generaciones de hombres y mujeres que fueron soberanos, pero que, entre los apremios políticos y económicos o las campañas militares por concluir, vieron entorpecidos sus ideales y esfuerzos en los entretelones de los privilegios coloniales.

 

Después de los agasajos de agosto de 1819, incluida una lluvia de flores y coronas de laurel para los vencedores entregadas por 20 hermosas jóvenes vestidas de blanco, empezó el trajín de armar el gobierno, la creación del congreso y la suprema corte, o las raíces de las indecisiones frente a la esclavitud, los resguardos indígenas, los monopolios económicos y las tierras baldías. Pero la prioridad era concluir la campaña libertadora, y por eso Bolívar envió expediciones a Antioquia, Popayán y El Socorro para asegurarlo. Después él mismo viajó a Venezuela a concentrar sus fuerzas para seguir combatiendo.

 

Esa guerra contra España se prolongó cinco años más, hasta diciembre de 1824 en Ayacucho, y por donde transitó el ejército de Bolívar, desde las llanuras de Venezuela, o las montañas de la Nueva Granada, Ecuador y Perú, hubo mujeres en sus frentes. En la organización de los debates, las acciones de espionaje, la financiación o el combate. Pero como advierte la historiadora María José Vilalta en su ensayo “Historia de las mujeres y memoria histórica (1822-1830)”, pocas veces con recompensa o remuneración por sus acciones. Solo quedaron nombradas en los bordes de la historia oficial.

 

Por ejemplo, la negra esclava María Antonia Ruiz de Tuluá, que junto a “la coronela” Eloísa Loaiza de la misma población, fue protagonista de una acción digna de ser conservada. Las memorias de la campaña refieren que, en la hacienda de San Juanito, muy cerca a Buga, en septiembre de 1819, mientras la nueva república daba sus primeros pasos, tuvo lugar un fiero combate. La acción decisiva fue de María Antonia Ruiz que primero prendió fuego al depósito de armas de los realistas, luego con un cañón desbarató su caballería y, al final, lanza en mano, terminó la batalla junto a la infantería.

 

Desafortunadamente, tras la victoria patriota en Boyacá, entre los frentes de guerra regionales para asegurar la victoria, durante la retirada realista en el camino hacia Popayán, sus oficiales se desplegaron fusilando patriotas. A Dorotea Lenis y Bárbara Montes en Quilichao, por orden del oficial español José Valdés, el mismo que dispuso la muerte de Carlota Rengifo en Toro (Valle). A Ana Josefa Morales Duque, también de Quilichao, por lograr que varios soldados pertenecientes al batallón Numancia desertaran. La misma suerte de María del Carmen Olano, ajusticiada por Francisco Warletta.


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