Literatura

María Mercedes Carranza, Olga Elena Mattei, Piedad Bonnett y Meira Delmar leyeron para la HJCK algunos de sus poemas favoritos.

María Mercedes Carranza

En su análisis sobre la lírica de los años 1970 en Colombia, el crítico James J. Alstrum destaca la «labor poética demoledora pero sana y necesaria para encaminarel poema hacia derroteros insólitos» de Carranza.​ Su aporte literario y cultural se mide además por haber contribuido a fundar en 1986 la Casa de Poesía Silva en Bogotá, que dirigió hasta su muerte y desde donde se dedicó a apoyar la producción poética con recitales, talleres, premios, y una biblioteca y revista especializadas. La suya fue así, en palabras del poeta mexicano José Emilio Pacheco, «una obra justa y necesaria que se extendió a otras formas de amar la poesía y creer en ella».

María Mercedes Carranza logró unir en la poesía la filosofía de su vida. En cada una de sus producciones se pueden evidenciar importantes problemas filosóficos y, más aún, existenciales. La muerte ha rodeado su vida y su obra. Bien es cierto que María Mercedes se consagró como poeta y no como filósofa, pero es importante resaltar el carácter filosófico que abunda en sus líneas. La muerte, aparte de convertirse en uno –o quizá el más- conocido de los aspectos que rodearon su vida, puede representar también el sentido filosófico presente en su poesía, su genialidad y profundidad. La ironía representa el fundamento de su poesía, de una poesía que despierta, que cuestiona y mortifica. El tema principal de sus versos hinca sus cimientos en las vicisitudes de la vida misma, de las pasiones, los sueños, ilusiones, golpes y preocupaciones que atañen a un hombre de hoy, a un hombre posmoderno, racional, comprometido con el desarrollo científico y económico; un ser que es reconocido por estar y tener y no por ser. De esta manera, poesía en María Mercedes Carranza es sinónimo de vida desde la muerte. En el padecimiento encuentra la fórmula efectiva para desechar los demonios, los vestigios de una realidad de la que está cansada y de la que quiere huir. Su resurgimiento, su vida verdadera y realización como mujer y como poeta, solo se hace posible ahincando en palabras gestadoras de versos, el embrión que le permite ser.

Olga Elena Mattei

Poeta antioqueña, cuenta con 23 libros publicados, 41 inéditos y miles de poemas por digitar y compilar. Su obra ha sido incluida en más de 120 antologías y diccionarios internacionales y nacionales. Ha recibido 43 reconocimientos, entre ellos 9 premios internacionales y nacionales y 34 condecoraciones, placas y homenajes. Su poema en multimedia sobre el cosmos, “Cosmoagonía”, se ha presentado en los planetarios de Nueva York, Washington, Toronto, Santo Domingo, Puerto Rico, México y Colombia. Ha sido invitada de honor a innumerables congresos nacionales e internacionales y ha realizado más de 400 recitales, entre ellos unos 46 en Estados Unidos y Europa. Ha sido conferencista en arqueología, Civilización Egipcia, Angkor Vat, la cultura Khmer y la Cultura Maya. Fue incluida en la lista de los 100 antioqueños del siglo XX y en la colección de postales “Grandes Hombres de Antioquia”, (solo 12 mujeres), donde fue la única escritora, así como en una lista de investigaciones biográficas de la Universidad de Antioquia de los diez escritores antioqueños más importantes, en la cual fue la única poeta viva. Fue periodista cultural ad honorem por 25 años en El Colombiano y durante casi 15 años ha sido la única crítica de música clásica, artes plásticas, poesía y civismo (ad honorem) de Medellín, en El Mundo. Ha conducido programas culturales de radio y televisión.

 

Piedad Bonnett

Su poesía, teatro y narrativa están profundamente arraigadas en su experiencia vital y expresan la visión de la mujer de clase media en un país desgarrado por múltiples violencias, desigualdades y conflictos. Ha desarrollado, además, una fructífera labor crítica y de difusión de la poesía. Ha publicado ocho libros de poemas: De círculo y ceniza (Ediciones Uniandes, 1989, reedición de 1995), Nadie en casa (Ediciones Simón y Lola Gubereck, 1994), El hilo de los días (Norma, 1995),  Ese animal triste (Norma 1996), Todos los amantes son guerreros (Norma, 1998) Tretas del débil (Alfaguara, Punto de lectura, 2004) Las herencias (Visor, 2008),  y Explicaciones no pedidas (Visor, 2011).

Meira Delmar

Hija de los inmigrantes libaneses Julián E. Chams e Isabel Eljach, empezó a escribir poesía a la edad de once años.6​ Entre sus primeros escritos destaca A las acacias en flor. Durante toda su adolescencia sintió gran adoración y admiración por las grandes poetisas del sur: Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Delmira Agustini y Juana de Ibarbourou.​ En el ámbito local, la poetisa siempre se declaró admiradora de Amira de la Rosa, y también manifestó su gusto por Gustavo Adolfo Bécquer, Pablo Neruda, Aurelio Arturo, Raúl Gómez Jattin, Miguel de Cervantes y Miguel Iriarte.

Meira Delmar describió al amor, al olvido y a la muerte como temas centrales de su obra, orientando siempre su poesía al punto de vista femenino de estos temas. Así mismo, describió la existencia de una media voz en toda su poesía. En su poesía hay permanentemente la nostalgia de algo, de lo que no puede ser, de lo imposible.

 


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