Las calles: la patria de la horda

Por: Camila Builes
@CamilaLaBuiles Collage a partir de imágenes de de la protesta en Sudáfrica en 1952.

Ensayo

Las calles en este noviembre no serán las mismas que pisamos todos los días.

Las calles son el movimiento. En la calle se camina y se corre: nunca se permanece. La calle es el paso obligado, el espacio compartido con el extraño. Salimos todos los días y la olemos y la vemos gracias a que esa calle pertenece a un pueblo o a una ciudad. Ese cuerpo gigante que nos tiene a nosotros como parásitos: invadiéndola, comiéndola desde dentro. La ciudad que devoramos todos los días, de la que no nos basta su aire y su pasto, palidece hoy. Somos diablos emergidos de unas montañas quemadas sin sitio al cual volver y llegamos a estos caminos vacíos que hoy nos convocan.

Nadie vio, en ese empeño por “volver a la normalidad”, que nos estábamos quedando sin esperanza y dentro de un valle en el que el “me da igual” era el alimento: nuestra carne.

En 1968 el canadiense Mark Strand escribió este verso: Todos tenemos razones para movernos. / Yo me muevo para mantener las cosas completas. El 21 de noviembre las calles serán la patria de la horda. Nosotros, los que las caminamos, seremos también el movimiento que es la lucha por mantener las cosas completas y completas quiere decir unidas. No vale la pena preguntarse por razones en un país que no escucha su cerebro y su corazón —¿Los tiene? —. Razones que sobran: la muerte y el fusilamiento del otro y su dignidad, fuimos ajusticiados y no merecimos ser felices. Nadie vio, en ese empeño por “volver a la normalidad”, que nos estábamos quedando sin esperanza y dentro de un valle en el que el “me da igual” era el alimento: nuestra carne. ¿Cómo éramos antes de esto? ¿Cómo éramos cuando nos importaba el otro que soy yo mismo? ¿Fuimos alguna vez eso?

Siento un impulso maligno, como si las vértebras se me transformaran en cuchillos, cuando pienso en el campo sin calles. Alejado de la patria. Muerto por el fuego que viene desde el cielo: en Colombia las llamas del infierno vienen de arriba hacia abajo. Nuestro infierno está al revés. El campo sin calles: la serpiente de dos cabezas: lejos de nuestro hedor citadino y muy cerca del infierno. Entonces si el fuego viene de arriba, nuestro cielo está debajo de la tierra. Y esa tierra es la que debemos entender y andar. No más plegarias a las nubes, llevemos la mirada al agua de la que nacimos alimentados por los senos de Bachué.

Hay tantos niños que van a nacer y hemos matado tantos aplastados por nuestra mezquindad. Y no vamos a cambiar solamente porque los pobres y los ricos. Tampoco porque el capitalismo es injusto o porque el polvo en nuestras narices se endurezca. Solamente quiero un pedazo de ilusión: caminar las calles con dignidad. Al menos un día, para que cuente o no. Para que me escuchen o no.

El 21 de noviembre y el 25 de noviembre. El 25, el día mío: de mujer viva que tiene tanto miedo de ser una mujer muerta más. El 25N que será una afrenta contra un Estado que no me cuida. Y saldremos todas con el rostro de una sola mujer. Cargando el nombre de mi madre y de mi abuela que en su sangre tienen el maíz y la montaña. Las calles en este noviembre no serán las mismas que pisamos todos los días.

Ellos vienen aquí. Saquean mi vida. Ahí la tienen. ¿Para qué la quieren? Yo, a veces, le prendería fuego y no hay un lugar mejor donde luzca el fuego que en la calle. Y bailaremos alrededor de él.

 

*Para la marcha del 25 de noviembre: la cita es el Parque Nacional desde las 4:30 p.m. 

 

Etiquetado como:

Canción actual
Title
Artist