Cine

Hace 50 años se estrenó esta polémica cinta, considerada una de las obras definitivas en la filmografía de Stanley Kubrick y que lo elevó al panteón de los mejores directores de la historia. Una reflexión sobre el inconformismo humano y el dominio de la mente de los hombres.

Cuando finalizó 2001: una odisea del espacio, Stanley Kubrick se centró en otros proyectos, uno de los cuales, Napoleón, seguiría obsesionándole durante años. La MGM tenía que encargarse de la producción, como hizo con 2001, pero al final no llegó el importante respaldo financiero necesario. Por otra parte, los cambios en el cuerpo directivo de la MGM complicaron aún más la realización del proyecto. Kubrick también había tenido tiempo de pensar en un relato breve de Arthur Schnitzler, “Relato soñado”, cuyo potencial llevaría a la pantalla grande 30 años después como Eyes Wide Shut. Sin embargo, Kubrick no fue capaz de crear un guion lo suficientemente satisfactorio para sus ambiciones y pronto lo abandonó en favor de una novela de Anthony Burguess que le había recomendado Terry Southern, el guionista de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb. Se trataba de La naranja mecánica, que Southern ya había adaptado a la gran pantalla en colaboración del fotógrafo Michael Cooper. Kubrick finalmente acabaría comprando los derechos por 200.000 dólares además de firmar un contrato de producción con la Warner Bros. Lea: Taxi Driver: 45 años de la obra cumbre de Scorsese

Cuando se publicó en 1962, La naranja mecánica no recibió una buena acogida por parte de ningún crítico de prestigio. Su escritura había sido muy dolorosa para Burguess, pues el argumento tenía episodios terroríficamente autobiográficos, puesto que unos desertores estadounidenses habían violado a su esposa en Londres durante la Segunda Guerra Mundial. La novela hacía parte de una serie de cinco novelas que Burguess escribió con un profundo frenesí creativo que desarrolló luego de que descubriera que tenía un tumor cerebral y que le quedaba menos de un año de vida. En realidad, vivió 25 años más. Aunque era la primera vez que Kubrick escribía un guion en solitario -Barry Lyndon, su siguiente película, fue la segunda y última ocasión-, de todas las películas de su filmografía y que rodó en Gran Bretaña, estas dos son, paradójicamente, las únicas con un trasfondo cultural auténticamente inglés. Todas las demás, desde Lolita hasta Eyes Wide Shut, son completamente estadounidenses tanto a lo que refiere a las localizaciones como a la nacionalidad de sus protagonistas. Lea: 10 grandes álbumes que cumplen 50 años

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

La historia:

Después de trabajar en el guion durante cuatro meses -utilizando un ordenador por primera vez, lo que le permitió modificar las escenas digitalmente-, terminó un primer borrador el 15 de mayo de 1970. La obra estaba ambientada en Inglaterra en un futuro próximo. La primera escena tiene lugar en el Kolova Milk Bar, donde Alex DeLage (encarnado por Malcolm McDowell) y sus tres drugos, Dim, Pete y Georgie, toman bebidas alucinógenas para estimular su vena más violenta. Luego, atacan a un mendigo y se pelean con la banda rival capitaneada por Billy-Boy. Finalmente, asaltan la casa aislada de un escritor y político, el señor Alexander (Patrick Magee), y violan a su mujer. A continuación, Alex vuelve a su casa para escuchar su música preferida, la Novena Sinfonía de Beethoven.

Aunque existe cierto grado de hipocresía sobre este tema, todo el mundo se siente fascinado por la violencia. Después de todo, el hombre es el asesino con menos remordimientos que ha pisado la faz de la Tierra. Stanley Kubrick a Paul D. Zimmermann, 1972

A la mañana siguiente, Alex recibe la visita de Deltoid, un trabajador social, y más tarde mantiene relaciones sexuales con dos jovencitas a las que conoce en una tienda de discos. Alex y la banda que lidera invaden la casa de la Mujer de los Gatos, que consigue avisar a la policía antes de que Alex la mate. Aunque es detenido y sentenciado a 14 años de cárcel, después de dos años de condena acepta someterse al tratamiento Ludovico, una forma de terapia de shock suministrada por el gobierno con la intención de reducir la delincuencia. El tratamiento consiste en mostrar imágenes violentas, como crímenes de guerra de los nazis, para que con posteridad, reaccione con náuseas cuando sienta impulsos violentos o sexuales. Alex también desarrolla una repulsión hacia Beethoven, puesto que su música acompaña la proyección de imágenes. Incapaz de cometer un acto violento y de ser sometido a un profundo lavado cerebral, Alex finalmente sale de la cárcel.

Cuando vuelve a casa de sus padres, descubre que su lugar lo ocupa un inquilino; más adelante es atacado por unos mendigos y es torturado por sus antiguos drugos (ahora convertidos en policías), pero es incapaz de vengarse de ellos. Por casualidad encuentra refugio en casa del señor Alexander, quien ha leído su historia en el periódico. Con el fin de vengarse y poner en aprietos al gobierno, le hace escuchar la Novena de Beethoven para inducirle al suicidio. Pero Alex sobrevive y, tras el tratamiento hospitalario, se declara curado. El ministro del interior (Anthony Sharp) le ofrece un trabajo lucrativo que le permitirá librarse definitivamente de sus impulsos violentos. La última imagen de la película muestra a Alex fantaseando que mantiene relaciones sexuales con una mujer desnuda en la nieve ante un grupo de espectadores. Sin lugar a dudas se había curado.

Muchos de los problemas de la condición humana derivan de la condición humana derivan de la conciencia que poseemos de nuestra propia mortalidad. Esta es la maldición de la inteligencia y el lenguaje. Ninguna otra criatura, excepto el hombre, tiene que enfrentarse a ella. Stanley Kubrick a Gene Siskel, 1972

La producción:

Teniendo en cuenta la producción lenta onerosa y elaborada de 2001: una odisea del espacio, resulta sorprendente que Kubrick utilizara un equipo de tamaño tan reducido y extremadamente móvil como el de La naranja mecánica y que rodara la película con tanta rapidez. Por primera vez desde que abandonó los EE.UU., Kubrick volvió a recurrir a los métodos de sus primera películas y realizó la mayor parte de sus obras en locaciones naturales. La Brunel University (más adelante West London University) era el centro médico Ludovico; el drugstore estadounidense de Kings Road, en Chelsea, se utilizó para localizar la escena detrás del centro comercial donde Alex conoce a las dos chicas; en la zona de Thamesmead recreó el bloque de viviendas donde vivían los padres de Alex; la biblioteca de South Norwood se utilizó como auditorio de la conferencia de prensa sobre el tratamiento de Alex; el exterior de una casa en Oxfordshire era la vivienda del señor Alexander; y el escenario de la pelea entre bandas fue un antiguo casino de Tagg’s Island. Sin embargo, Kubrick construyó tres decorados en una fábrica abandonada de Borehamwood, cerca de los antiguos estudios de la MGM. Los decorados pertenecían al Kolova Milk Bar, la sala de admisión de la cárcel y el vestíbulo de la casa de los Alexander.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El rodaje estuvo envuelto en una sensación de urgencia y de increíble flexibilidad. John Alcott, que ya había trabajado junto a Kubrick como asistente y segundo director de fotografía en 2001, fue nombrado director de fotografía, aunque como era habitual de Kubrick, ejerció un control absoluto sobre esta tarea. Abandonó el formato de los 70 mm que había usado en 2001 y adoptó el 35 mm 1.66:1 para evitar la técnica de panorámica y barrido empleada en las retransmisiones televisivas. Para realizar los movimientos largos de zoom invertidos de los que se sentía tan orgulloso utilizó una apertura de 20,1 puntos. A la inversa, la apertura más amplia de 0.95 le permitió trabajar con luz natural hasta últimas horas de la tarde. Asimismo, empleó una silla de ruedas en las tomas de seguimiento algo elevadas de las instalaciones cerradas (es una de las técnicas estilísticas preferidas de Kubrick, mucho más fácil de usarse cuando se inventó la steadycam, unos años después). No obstante, La naranja mecánica también se sirve de técnicas experimentales muy pocos habituales en sus otros trabajos, como la escena de la orgía, que se rodó durante 28 minutos a dos exposiciones por segundo, lo que resultó en apenas 40 segundos en la pantalla y, a la inversa, la pelea de Alex y sus drugos se filmó a cámara lenta.

La naranja mecánica es, de todas las película de Kubrick, la más vinculada a la época en que tiene lugar, con sus modas, inquietudes y preocupaciones sociales y políticas. Con su combinación sorprendente de realismo y estilismo logró reflejar el espíritu de la época sin quedar atrapado en el naturalismo. Liz Jones, creadora del feto astral de 2001, colaboró con John Barry en el diseño del Kolova Milk Bar, inspirado en las esculturas-muebles de Allen Jones, cuyas mesas son efigies de modelos a tamaño natural que Kubrick había visto en una exposición. Dos escultores holandeses, Herman y Cornelius Makkink, crearon los cuatro Cristos de cerámica (que bailan como en una comedia musical) que decoran la habitación de Alex. El mismo esmero se invirtió en el vestuario, sobre todo el de Alex. Milena Canonero, que trabajaba por primera vez con Kubrick,  poseía la sensibilidad estilística que buscaba el director. El bombín, las pestañas postizas en un ojo, el uniforme blanco de jugador de críquet y la bragueta de caucho convierten a Alex en un dandi, una parodia del inglés elegante y deportivo. Lea además: “Persona”: entre el rostro y el espejo

La represión de un hombre no conduce a su redención. Stanley Kubrick a Gene Phillips, 1973

Cuando hacía 2001, Kubrick descubrió las posibilidades que ofrecía la música editada. Aquí incluso fue más lejos al pedir al coinventor del sintetizador Moog, Walter Carlos (que posteriormente se sometió a un cambio de sexo para convertirse en Wendy Carlos), que compusiera versiones electrónicas de la Novena de Beethoven, la Obertura de Guillermo Tell de Rossini y la Música para el funeral de la Reina María de Purcell. Como en 2001, Kubrick hace uso de la música y la imagen para crear contrastes. Así, Alex despoja de todo contenido moral la exaltación de alegría y solidaridad de la Novena Sinfonía, que simplemente escucha como una expresión de vitalidad, mientras que La urraca ladrona de Rossini acompaña escenas de ultraviolencia entre las bandas rivales.

El estreno de la película en Estados Unidos tuvo lugar el 20 de diciembre de 1971, con una calificación X entre los censores de transmisión cinematográfica. Se transmitió sin cortes. El estreno británico tuvo lugar el 13 de enero de 1972 previo consentimiento del secretario de la Junta Británica de Censores Cinematográficos, John Trevelyan. El propio Kubrick retiró de las pantallas en Inglaterra en 1974 cuando se enteró que algunos grupos de delincuentes caracterizados como drugos reproducían los crímenes de la película y empezó a recibir amenazas. Finalmente, la película se reestrenó el 17 de marzo de 2000, después de estar alejada de las pantallas británicas durante más de un cuarto de siglo.

Nominaciones, premios y reconocimiento mundial:

La naranja mecánica fue candidata a varias categorías de los Oscar – incluidas las de mejor director, mejor guion adaptado y mejor montaje-, aunque fue “Contra el imperio de la droga” la película que arrasó con la mayoría de las estatuillas. A pesar de la lluvia de candidaturas, se repitió la historia en los Globos de Oro y en los BAFTA. Sin embargo, la película tuvo una gran acogida entre el público. En 1979 ya había recaudado 40 millones de dólares, cuando el presupuesto con el que se rodó no superaba los dos millones. La película es la tercera parte de una trilogía futurista, y el tercer movimiento allegro vivace de una sinfonía, tras el alegro de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb y el andante de 2001. Estas películas, mediante una combinación del éxito arrollador en la taquilla, los debates filosóficos y la polémica suscitada en torno a la estética, consolidaron a Kubrick como uno de los grandes directores de la historia. Su independencia, la audacia de sus proyectos y su brillantez técnica convirtieron al director en una influencia importante para los jóvenes cineastas estadounidenses de los setenta, desde Coppola y Scorsese, hasta Malick y Spielberg, los pilares del renacimiento de Hollywood.

En La naranja mecánica, Kubrick, el eterno ortodoxo freudiano, reafirma la existencia del id y los peligros que representa, y se muestra escéptico ante la posibilidad del progreso humano. Desde la perspectiva dialéctica de Kubrick, el Estado salva a Alex en beneficio propio y utiliza a los peores miembros de la sociedad para reforzar su control, siendo una película que evoca libertariamente el aforismo “sin dioses, sin maestros”. Es común encontrar en su filmografía la denuncia del poder coercitivo de los políticos y los militares, e incluso de los científicos, de quienes pensaba que inducían al hombre al conformismo. Esa dialéctica negativa que se manifiesta en La naranja mecánica, cincuenta años después la convierte en la expresión más poderosa de uno de los temas más centrales de su obra: el descontento de la civilización.


Canción actual
Title
Artist