La librería de la resistencia

Por: Chejo García
@ChejoGarcia Foto: Cortesía

Crónica

Esta es la historia de un lugar en París que ha resistido bombas y balas y ha permanecido en medio de la ciudad como una trinchera.

Sobre el pavimento aún hay rastros de la humedad que generó el aguacero de anoche. El gris del cielo contrasta con las fachadas de los bajos edificios de la Rue Môquet, en París, logrando que, en lo que dura un parpadeo, uno pueda sentirse recorriendo la Avenida Jiménez de Bogotá. Fabián García y su hermano caminan en busca de la Rue Devy, allí los espera el piso de un solo ambiente, en donde cocina, comedor, sala, cuarto de dormir y baño son la misma criatura. Pero justo una calle antes de llegar a su destino Fabián ve una librería en el número 4 de la Villa Compoint. Es la Librairie Résistances.

Fabián y su hermano llevan una semana en París. Este es su último día. Mañana deberán regresar a Bilbao, España, para continuar con sus labores: Fabián, en el Centro vasco de investigaciones matemáticas aplicadas; su hermano, en el sillón de la sala del piso de Fabián, leyendo algún libro de cuentos de Sergi Pàmies. Hoy, parados frente al escaparate, ambos contemplan los libros que se exhiben. Les despierta curiosidad saber que, a diferencia de muchas otras librerías, no hay bestsellers, libros de superación personal ni mucho menos libros de youtubers o influencers. Deciden entrar.

En la Librairie Résistances suena algo de jazz. Sus paredes blancas están cubiertas por estantes llenos de libros que se han organizado según ciertas temáticas: mayo del 68, revolución francesa, revolución rusa, guerra de Afganistán y una largo pero muy interesante etc. Una mujer se les acerca, debe tener unos sesenta y tantos años; es de baja estatura, piel blanca y arrugas en el cuello y alrededor de sus ojos y boca; usa gafas de marco café y trae puesto un saco de algodón morado. Su nombre es Geneviéve Inezzarene.

–Hola, bienvenidos. ¿En qué puedo ayudarles? –dice Geneviéve en francés.

–Hola. ¿Qué tal? No hablo francés, solo hablo inglés y español –responde Fabián en un pausado inglés.

–Oh, bueno… español no sé nada, pero inglés… puedo intentar algunas palabras en inglés, pero no muchas. Lo siento –sonríe.

–Entiendo. No hay problema. Solo queremos ver qué tiene de literatura.

–Bueno, en esta librería manejamos más que nada temas de política, filosofía, historia, sociología y conflictos alrededor del mundo. Por aquí, por favor –dice Geneviéve en una mezcla extraña pero comprensible entre inglés, francés y lenguaje de señas–. Aquí hay algo de literatura, toda en francés.

Fabián detiene su mirada en un estante en particular. Ha encontrado algunos ensayos de Carlos Fuentes, Eduardo Galeano y otros autores más sobre política latinoamericana (obras traducidas). Su hermano escarba en una canasta que tiene algunos libros de corte más narrativo y se encuentra con La supplication, Tchernobyl, chronique du monde aprés l’apocalypse de Svetlana Alexievitch.

–¿Qué vio, negro? –pregunta Fabián a su hermano.

–Pues hay varias cosas, pero me voy con este de Alexievitch, que pinta bacano. Cuesta como 6 euros.

–Ah, vale, vale.

Fabián se acerca a Geneviéve mientras su hermano paga en la caja.

–Muchas gracias. En verdad tiene una librería muy bonita. La felicito. De verdad lamento no hablar francés. Hay muchos títulos de aquí que me interesan mucho.

–Gracias –los ojos de Geneviéve empiezan a iluminarse de a poco, como si hubiera encontrado el valor de la incógnita de una ecuación en un difícil examen–. Quiero mostrarles algo. Por favor, vengan conmigo –su emoción es notoria. Se lleva la mano derecha al bolsillo de su saco de algodón morado y se dirige hacia una puerta bien disimulada por algunos muebles para libros. Las llaves cascabelean en sus pequeñas manos.

***

La Librairie Résistances fue fundada por Olivia Zemor y Nicolas Shahshahani el 17 de octubre de 2006 en conmemoración de la masacre de París que tuvo lugar en 1961, en donde, luego de una manifestación pacífica convocada por el Frente de Liberación Nacional –en plena guerra de Argelia–, la fuerza policial –dirigida en ese momento por de Maurice Papon, condenado en 1998 por colaborar con los nazis y perseguir judíos durante la Segunda Guerra Mundial– reprimió la protesta con tanta brutalidad que todavía hoy no hay consenso sobre la cantidad de víctimas mortales, que oscila entre doscientas y cuatrocientas personas. Aquel 17 de octubre del 61 no importaba si eras o no argelino, tener rasgos mediterráneos era motivo suficiente para que te llevaran al Palacio de los Deportes o al Estadio Pierre de Coubertin y fueras torturado.

Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños».

Decía alguna vez el poeta español Miguel Hernández que «aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños». Y parece ser que el sueño de esta librería es el de mantener en el presente, contra todo enemigo, a todos aquellos que, luchando por la vida, no pueden llamarse muertos.

El 7 de diciembre de 2006, a casi dos meses de la inauguración de la Librairie Résistances, en el lugar se llevó a cabo un conversatorio entre la lingüista Tanya Reinhart y el poeta –también israelí­– Aharon Shabtai. El evento fue interrumpido de golpe por el estallido de los cristales de la vitrina a causa de las granadas de gases lacrimógenos lanzadas por miembros de la Ligue de Défense Juvie –LDJ– (Liga de Defensa Judía), que desaparecieron de la escena luego del cobarde ataque. Todos los asistentes tuvieron que salir y pedir ayuda médica por cuenta de los gases lacrimógenos. Con la guerra declarada solo le quedaba una cosa por hacer a la librería: resistir. En este mundo tan extraño en el que ni los libros están a salvo del odio y la violencia.

El 3 de julio de 2009 vino uno de los ataques más tristemente recordados en la Librairie Résistances. Similar a lo ocurrido en 2006, media docena de miembros de la LDJ atentaron contra la librería. Pero esta vez ingresaron al lugar, destruyeron computadores, desparramaron en el suelo todos los libros que descasaban en los estantes y, sobre estos, derramaron aceite de cocina para estropearlos de manera definitiva. Las pérdidas fueron enormes, pero, a pesar de este incidente, dueños y trabajadores de la librería se encontraron con una grata sorpresa: no estaban solos, no resistirían solos. Días después del ataque, cientos de personas se agolparon en la entrada del local. Allí Olivia Zemor y Geneviéve Inezzarene dieron un impecable discurso, narraron lo ocurrido y se prometieron, sobre todas las cosas, seguir resistiendo.

En menos de lo pensado la Librairie Résistances abrió sus puertas de nuevo, renovó sus libros y siguió siendo un bastión de la resistencia.

***

Geneviéve, la librera, abre la puerta que conecta a la librería con un salón anexo igual o más grande que la misma librería.

– En esta sala las personas pueden venir a leer. Los libros que ven aquí son para préstamo –dice Geneviéve señalando un estante inmenso en la pared–, ninguno de estos libros está a la venta. Son para todos.

Las paredes de esta sala no son blancas como las de la librería, sino amarillas. Hay varios estantes del mismo color con muchos libros, incluyendo textos infantiles. En el centro de la sala hay una mesa circular con un par de computadores, hay muchas sillas puestas mirándose entre sí. Luego, como si presenciar esto no resultara alucinante, como si faltara una sorpresa más, Geneviéve abre otra puerta aún más lejana y más secreta que la anterior. La nueva sala tiene sillas de madera, color café, que miran hacia una pequeña tarima sobre la que reposa un micrófono delante de una pared blanca de la que cuelga una bandera compuesta por tres bandas de color negro, blanco y verde, respectivamente, unidas por un triángulo rojo a la izquierda.

–En esta sala –dice Geneviéve en un pausado francés, con la voz bajita y mirando hacia los lados– hacemos reuniones pro Palestina.

Los ojos de Geneviéve brillan más que los focos que alumbran la pequeña tarima al ver la reacción de Fabián y su hermano. A ambos los conmueve ser, de alguna manera, partícipes de este pequeño gran secreto. La Librairie Résistances, ese lugar que resiste desde una calle solitaria de París, que alberga en sus habitaciones secretas las banderas de una causa, los ecos de las voces de los que ya no están y la esperanza de los que lo han perdido todo, es un refugio que protege del odio de este convulso tiempo y hace pensar que una librería es, también, una trinchera.

París, diciembre de 2018.

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