Música

Hoy se cumplen 75 años de la liberación de los prisioneros judíos del campo de concentración de Auschwitz. Esta es la historia de una de las obras de música clásica más importantes que se creó y estrenó también en un campo de concentración nazi.

Vi un ángel lleno de fuerza descendiendo del cielo (…)
y juró por quien vive los siglos de los siglos, diciendo: ya no habrá tiempo.
Pero el día de la trompeta del séptimo ángel, el misterio de Dios se consumará”.

Apocalipsis de San Juan, citado por Messiaen en el prefacio del Cuarteto para el fin de los tiempos

El 15 de enero de 1941, en el campo de concentración de Görlitz, Olivier Messiaen (1908-1992) estrenaba, junto a Etienne Pâsquier, Jean Le Bouilaire y Henri Akoka, también prisioneros del nazismo, su Quatour de la fin du temps –como aparece nombrado en el afiche de esa primera audición–. Pronto, esta imponente y espiritualmente poderosa obra recibió no solo el reconocimiento como la más importante en el catálogo de cámara del compositor, sino también como una de las más importantes en la historia de la música del siglo XX; como una gloria de la arquitectura sonora monumental de ese siglo.

Esta, la primera partitura de fe católica manifiesta que Messiaen dedicó a las salas de concierto y no a los templos, sirvió de cierre a un festival de verano en la Escuela Superior de Música del INBA en el que el principal profesor invitado fue el clarinetista Philippe Cuper, primer solista de la orquesta de la Ópera de París desde hace más de treinta años y visitante frecuente de nuestro país por la larga lista de exalumnos mexicanos que le siguen venerando. A Cuper le acompañaron en la ejecución del Cuarteto para el fin de los tiempos del pasado martes 2 de agosto la violinista Vera Koulkova, la violonchelista Sona Posjotyan y la pianista Camelia Goila, tres artistas que en otra combinación forman el muy activo Cuarteto Aurora.

Messiaen tenía 31 años cuando Francia entró en la Segunda Guerra Mundial. Fue capturado por el ejército Alemán en junio de 1940 y preso en Stalag VIII-A, un campamento para prisioneros de guerra en Görlitz, Alemania (ahora Zgorzelec, Polonia). Camino al campamento, Messiaen le mostró al clarinetista Henri Akoka, también prisionero, los bocetos de lo que sería Abîme des oiseaux. Otros dos músicos profesionales, el violinista Jean le Boulaire y el chelista Ètienne Pasquier, estaban entre sus compañeros prisioneros y, tras arreglárselas para obtener algo de papel y un pequeño lápiz de un simpático guarda (Carl-Albert Brüll, 1902-1989), Messiaen escribió un pequeño trio para ellos; esta pieza se convirtió en el Quarteto para el mismo trio con él al piano. La combinación de instrumentos es inusual, pero no sin precedente: Walter Rabi había compuesto para ella en 1896, como lo había hecho Paul Hindemith en 1938.

El cuarteto fue estrenado en el campamento, en exteriores y bajo la lluvia, el 15 de enero de 1941. Los músicos tenían instrumentos decrépitos y una audiencia de unos 400 compañeros prisioneros y guardas. ​Messiaen luego recordaba: “Nunca fui escuchado con tan profunda atención y comprensión.” Brüll le proveía papel y aislamiento para componer, y también ayudó a conseguir los otros tres instrumentos. Falsificando papeles con un sello hecho con una papa, Brüll incluso ayudó a liberar a los artistas poco tiempo después de la presentación. Después de la guerra, Brüll hizo un viaje especial para visitar a Messiaen, pero fue despachado y le dijeron que el compositor no lo recibiría.

Olivier Messiaen fue liberado en mayo de 1941 gracias a un falso salvoconducto. En su mismo tren regresaron a Francia Pasquier y Le Boulaire.

Al poco fue nombrado profesor en el Conservatorio de París, puesto que ocuparía hasta 1978. Durante más de tres décadas enseñó armonía a compositores como Pierre BoulezKarleheinz Stockhausen o George Benjamin. Compuso piezas para piano, música de cámara, coros, conciertos y sinfonías. Introdujo el serialismo y, en los años sesenta, dedicó la mayor parte de su trabajo al estudio y la trasposición musical del canto de los pájaros.

Fue mundialmente famoso y sus obras se estrenaron en teatros y salas de concierto de todo el globo. En 1959 se le nombró oficial de la Legión de Honor francesa, en 1968 entró en la Academia de Bellas Artes, en 1971 recibió el Premio Erasmus, en 1975 se le concedió la Medalla de Oro de la Royal Philarmonic Society, en 1980 se le ordenó con la Cruz de Comandante de la Orden de la Corona belga y en 1982 recibió el Wolf Prix de las Artes.

Messiaen murió en su casa de Clichy el 27 de abril de 1992 a los ochenta y cuatro años. Los trinos de la primavera parecían anunciar el reencuentro del compositor con Jesús y con los pájaros.

En 1942 se había reencontrado con los otros tres miembros del cuarteto de Stalag VIII-A; incluso con Henri Akoka, con quien no funcionaron los salvoconductos y que tuvo que escapar una noche de agosto del 41 habiendo dejado todo atrás, salvo su viejo clarinete. Hablaron de la guerra y de música y recordaron una mañana fría de enero.


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