Crónica

En este 2019 se celebra los 481 años de la fundación de Bogotá. Decidimos explorar cómo ha sido representada la capital desde el cine, la literatura y la música.

Son innumerables los escritores que se han inspirado en Bogotá. El primer recuerdo que tengo es la novela del periodista bogotano Antonio Caballero, titulada Sin remedio en la que hace una dura crítica a la sociedad capitalina. Después viene a mi memoria Noticia de un secuestro de nuestro nobel de literatura, Gabriel García Márquez, en la que narra las historias del secuestro de Maruja Pachón de Villamizar, Diana Turbay y Francisco Santos, en la época del narcotráfico y su principal artífice: Pablo Escobar. Pero sin duda el Café Windsor, de Germán Arciniegas, me abrió otros caminos de la Bogotá de los años treinta. La conocí a través de Álvaro Castaño Castillo. En este libro descubrí que el emblemático café, ubicado en la Calle 13 con carrera séptima, se convirtió en lugar de tertulia de grandes personajes de la cultura y la política, entre ellos figuraban: Germán Arciniegas, León de Greiff, Jorge Zalamea y Jorge Eliecer Gaitán, entre otros.

Y cómo no mencionar en esta lista la novela de Mario Mendoza Satanás que recrea lo sucedido en el restaurante Pozzetto cuando un exmilitar, Campo Elías Delgado, quien a sangre fría mató a treinta personas que departían en el famoso restaurante en el corazón de Chapinero. O Perder es cuestión de método, de Santiago Gamboa, el cronista fiel y atento de la sociedad urbana. Y fue precisamente a él a quién recurrí para hablar del tema y me relató cómo los escritores en la década del ochenta intentaron contar, hablar de una ciudad que no existía en la literatura.

«El aprendizaje de Bogotá fue muy difícil. Nosotros, y cuando hablo de nosotros hablo de Mario Mendoza, de mí, y de otros escritores jóvenes, que estábamos en los años ochenta caminando por Bogotá y tratando de entender lo que era esa ciudad, no teníamos cómo contarla, no había antecedentes, teníamos que imaginar una ciudad nueva y eso fue lo que hicimos poco a poco en nuestros libros, intentar contar una ciudad que no existía en la literatura hasta ese momento».

Gamboa añadió que «la ciudad en que yo nací, Bogotá, no tenía una literatura establecida como París, como Nueva York, como Lima, como ciudad de México, como Buenos Aires. Teníamos a Antonio Caballero Sin remedio, teníamos a Moreno Durán Juego de damas, pero era muy poco. Teníamos que imaginarnos de qué escribir y cómo hacerlo, y habló en plural porque éramos el escritor Mario Mendoza y yo quienes nos planteamos esa pregunta. Hoy cuarenta años después hemos escrito sobre Bogotá, Mario de una manera y yo de otra».

En ese contexto era inevitable preguntarle a Gamboa cómo surgió la idea de escribir Perder es cuestión de método:

«Perder es cuestión de método surge de una imagen que yo tuve en la que un escritor mexicano Paco Ignacio Taibo me decía: ¿Por qué no hay novelas negras en Colombia?, en ese momento, año noventa y cuatro.  Y yo le decía: “Pero cómo que no hay”. Entonces decidí escribir una novela negra y estudié la idea de que la novela negra debía contar los problemas de una sociedad a través de ciertos personajes, pero además ser humorística, tener una serie de elementos más  privados y eso fue lo que hice con Perder es cuestión de método, que es un libro que lleva veintidós años  y que gracias a Dios se sigue leyendo, para mí, porque es un libro que muestra lo que es el asombro de una persona ante la ciudad en que nació».

El séptimo arte  también se ha ocupado de contar las historias que nos llevan a una Bogotá fría, desconocida, misteriosa, impredecible. El cine ha retratado y reflejado las tensiones en nuestra vida como sociedad.

Raúl Tréllez, dios de la mugre, el único, el irreparable, un reciclador enajenado por la terquedad, la libertad absoluta y los caramelos, está empeñado en lograr con sus pocos conocimientos e improvisados dispositivos, que la duración de la luz roja del semáforo pueda ser controlada por él, el tiempo que quiera, para poder montar actos más largos entre malabaristas, lisiados y vendedores ambulantes y otros habitantes de un cruce de calles. En medio del delirio y la fantasía, el halo circense que recubre sus vidas se va convirtiendo en una sinfonía al desespero, a la desesperanza y a la anarquía.

Esta es la sinopsis de La ópera prima La sociedad del semáforo del director y guionista Rubén Mendoza, considerado como un cineasta rebelde y porque no decirlo polémico. A él recurrí para preguntarle cómo ha sido narrada Bogotá desde su experiencia.

«Yo hice un corto y un largo en Bogotá y pasé temporadas específicas de mi vida  importantes como mi carrera, sin embargo siempre fue una ciudad que con todo lo seductora y con todas las oportunidades que tiene también siempre representa la repulsión, esa es la gran característica de Bogotá: la esquizofrenia, todos los extremos encontrándose, encontrándose en un sentimiento también porque así como con la gente que uno más se tiene confianza puede llegar a sentir cosas horribles, también está constituido ese vínculo por un amor profundo y por una fuerza que también solo se da en las canchas tan difíciles, tan sucias, tan  escasa de oportunidades para  el alma, digamos. Yo la traté de representar un poco así de paranoica, de paradójica, que le permite a uno encontrar el equilibro en medio del estupor, de la locura y de encontrar a veces a los seres más bellos en la mitad la mugre más terrible, así como los seres más espantosos y repulsivos en las más altas esferas y en los más perfectos recintos. En cada segundo le cabe como una bomba atómica de clímax y de sentimientos y de vínculos. Esa es Bogotá para mí y así la traté de representar las veces que he tenido que hacerlo».

Bogotá es conocida como una ciudad creativa, declarada por la UNESCO como ciudad de la música. Ha sido escenario de eventos mundiales como el Festival Iberoamericano de Teatro, el Festival Rock al Parque, Festival Estéreo Picnic, Festival de Música Sacra, el Festival de Cine Independiente Indiebo, ArtBo, entre otros.

Son innumerables los artistas, cantantes que se han inspirado en ella: la seductora Bogotá.  En mi búsqueda sobre cómo ha sido narrada la ciudad desde la música me detuve en la canción Bogotá, una declaración de amor hacia la Atenas Suramericana por parte del músico y compositor sucreño Michi Sarmiento y grabada por el grupo Ondatrópica.

«Ondatrópica es una agrupación que ha buscado reunir a una cantidad de integrantes de diferentes estilos, épocas, edades e instrumentos y para nosotros siempre ha sido muy importante la figura de Michi Sarmiento, un saxofonista costeño de altísimo recorrido dentro de la música tropical. Es uno de los pioneros de la salsa en Colombia, hijo de Clímaco Sarmiento, quien con su banda Niche y su combo bravo fue uno de los grupos que más temprano empezó a tener un sonido muy pesado alrededor de lo tropical. La canción Bogotá la trae Michi al grupo, es una canción que estaba inédita hasta que la grabamos nosotros, sin embargo, es una canción muy vieja. La compuso Michi la primera vez que vino a Bogotá, hace fácilmente cincuenta años, nunca había sido grabada en disco entonces vimos una oportunidad muy bonita para poder registrar esta declaración de amor a Bogotá de parte de Michi. Este es el contexto en el que surge esta canción», cuenta el músico de Ondatrópica, Mario Galeano.

Estas declaraciones de Galeano me llevaron a buscar al propio Michi para que me contara su historia. Al recibir mi llamada no oculto su interés en narrar su versión sobre la creación de estos versos hechos canción:

«Yo viajo a Bogotá en el año de 1957, andaba con el grupo folclórico de Delia Zapata Olivella. En Bogotá hacía mucho frío, el cerro de Monserrate con esa nube permanente, esa fue mi primera impresión. En el año 1975 regreso a Bogotá y la ciudad está transformada, hay una cantidad de cosas muy bonitas, sus construcciones, veo una Bogotá muy diferente a la del 57, ya más desarrollada, las avenidas, en fin. Yo me inspiro y digo: ¡Qué bonita es Bogotá!/ De la América es la Atenas./La sangre que va en sus venas/es lo que la hace marchar en busca de nuevas formas/¡Tú eres bella Bogotá!

Y continuo mi narración, mi inspiración:

Quien no quiere a Bogotá/es que nunca ha estado en ella o fue que tuvo querella/Y se puso a hablar muy mal/Sin saber que en Bogotá/ Hay alguien que vele por ella.

Y después le agrego:

Tus mujeres Bogotá/la novena maravilla /Sus ojazos cómo brillan /cuando reflejan el sol y el rojo de su color/cómo adornan sus mejillas.

Porque con ese frío siempre se les ponía los cachetes rojos a las mujeres y era una cosa muy atractiva, muy especiales, esa fue la base de la inspiración para hacerle esa canción a Bogotá».

 

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