Música

A 50 años de la muerte de Louis Armstrong recordamos su legado musical, el fortuito encuentro que tuvo con la trompeta y al final, compartimos con ustedes una playlist para recordarlo y cantar.

Existe un nombre que es sinónimo de Jazz y es, sin duda alguna, Louis Armstrong.  Al pronunciar su apellido hay una imagen que viene rápido a la mente: unos ojos abiertos e inmensos como una luna llena, un par de mejillas llenas de aire como globos y una trompeta que pende de la boca; es esa es casi una imagen con sonido que suele ser asociada con What a wonderful world o La vie en rose, dos grandes éxitos en la carrera de Armstrong.

Sin embargo, su camino musical es mucho más extenso y para comprender la evolución se su talento, es necesario regresar a agosto de 1901 en New Orleans, Estados Unidos. Su hogar durante muchos años estuvo ubicado a las afueras de la ciudad, allí compartía la vida con sus padres, su hermana y su abuela. Luego del abandono de William Armstrong, la situación fue aún más difícil en medio de un escenario económico precario, una madre embebida en el trabajo y un ambiente social hostil que amenazaba y restringía todos los derechos, libertades y gestos de la comunidad. Lea también: ““Ahora tengo más fuerza para hacer música”, Álvaro Herrera”.

La calle fue entonces una vía de escape. A pesar de las miradas y señalamientos por su color de piel, Armstrong fue siempre astuto para las amistades y los negocios, tanto así que a los 12 años fue detenido por primera vez. Era fin de año y una mala actitud en medio de la fiesta lo llevó a la cárcel. Se dice que saliendo del reformatorio, Armstrong encontró una trompeta y ya nunca la soltaría más.

En medio de esa situación atropellada nació un sueño y empezó a forjarse la figura musical de uno de los artistas más importantes del siglo XX, la espina dorsal del jazz y el hombre encargado de elevarlo, de hacer un capítulo con su nombre en la historia de la música. 

US jazzman Louis Armstrong plays trumpet for a little boy in his dressing room, before a show in 1947 in a New York jazz cabaret. (Photo by Eric SCHWAB / AFP)

Comprender el contexto de New Orleans, el lugar de origen de Armstrong, es indispensable para ubicar los inicios del jazz. En la segunda mitad del Siglo XIX la situación económica, la apertura comercial a través del río Mississippi y la llegada de inmigrantes gestó un punto de encuentro sonoro en la comunidad afro que luego de la esclavitud y largos periodos de colonización europea compartían lo que habían escuchado: ritmos africanos, blues, cantos a la resistencia y al trabajo, mezcladas con sonidos europeos. Lea también: “Algunas pinturas indispensables para entender la obra de Frida Kahlo“.

Los barcos de vapor que atravesaban el río Mississippi pasaron de ser el lugar de trabajo de Armstrong, a convertirse en la posibilidad de llevar el jazz a otros lugares. La música fluía con el agua y fue el primer escenario de Armstrong junto a Fate Marable, Joe Oliver y Kid Ory. Una vez abierta la burbuja de la familia y la pequeña ciudad, el mundo entero se abrió a los pies de un jovencito que vivía por la música, alguien que permitió que su sueño fuera la brújula, el reloj y el pulso de un corazón que parecía estallar con los primeros acordes de una canción. 

Chicago se convirtió en el nuevo hogar de Armstrong y en el lugar donde muchos sueños se cumplieron. Después vino Nueva York. Entre viajes y escenarios el jazz empezó a conquistar oyentes, pero para el grueso de la sociedad (blanca, claro) seguía siendo sospechoso el goce de la “música de negros”. En las academias de música y en la prensa se señalaba la amenaza del jazz, la falta de armonía y la incorrección tanto de las letras, como de los bailes. Quizás le interese: “El “Unknown Pleasures” de Joy División, 42 años después“.

Pero nada logró parar la gesta sonora del jazz, porque se iban de donde eran señalados y así, fueron escalando por todos los estados del país, cada vez más al norte, empleando nuevas técnicas y convencidos en la importancia de compartir la música. Era 1925 y Armstrong, luego de acompañar bandas y artistas, optó por un proyecto propio: Hot Five, conformado por Jimmy Strong, Fred Robinson, Earl Hines, Mancy Carr y Zutty Singleton. Fue con esta banda que Armstrong consolidó un estilo propio con sencillos como Potato Head Blues y West End Blues. 

American jazzman Louis Armstrong plays trumpet in his dressing room before a show in 1947 in a New York jazz cabaret. (Photo by Eric SCHWAB / AFP)

West End Blues y la ruptura definitiva del pasado

West End Blues fue escrita por Joe ‘King’ Oliver, pero fue Louis Armstrong quien la convirtió en algo más que una canción de jazz. Además, es un reflejo del momento y el pálpito que habitaba en Estados Unidos justo antes de la Gran Depresión. 

El sonido que consolidó el jazz de New Orleans respondía a un ensamble parecido en todas las canciones: clarinete, trombón y trompeta compartían líneas de viento mientras la canción avanzaba, sin tener picos exclusivos. En West End Blues, Armstrong cambió esa propuesta y fue pionero en exaltar un instrumento, pero sobre todo, el cantante. Él dejó inscrita una nueva ola de contar y cantar el jazz, de la mano de solistas.Lea también: “35 años de “The Queen is Dead”, la obra maestra de The Smiths“.


El desarrollo tecnológico tuvo todo que ver con la nueva propuesta musical de audio, porque al no depender de los registros musicales en medio de los shows, la noción del estudio permitía conjugar mejor los instrumentos, invertir y cruzar las sonoridades, e incluso, abandonar algunos. 

Ahora el micrófono era el punto de partida de los solistas, era a través de esa boquilla negra y con espuma que debían demostrar qué tan honda era su voz. Esa perspectiva que hoy por hoy parece obvia, transformó la forma de hacer música e inspiró el sello característico de Armstrong, el scat voice, una imitación de la trompeta con la voz. No deje pasar: “María Mercedes Carranza: la patria de papel“.

Así fue como Armstrong cambió la historia del jazz y se convirtió en la columna vertebral del jazz, un referente obligado y como los gestores de las grandes hazañas en el mundo, una leyenda. A 50 años de su muerte no encontramos mejor forma de recordarlo que seguir contando su historia, conociendo sus discos y cantando sus canciones. Aquí encuentran una playlist para no olvidarlo nunca.


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