Álvaro Castaño: Cien años después

Por: Camila Builes
@CamilaLaBuiles Fotos: Archivo HJCK

Hace cien años nació en Bogotá el hombre que daría inicio a la radio cultural en Colombia. Álvaro Castaño Castillo formó una emisora convencido en las conquistas de la educación y el arte.

Las escaleras de madera rechinan. En vez de dos golpes secos se escuchan tres: dos pasos y el impacto de un bastón. Por las escaleras del edificio de la calle 17, en Bogotá, sube con dificultad Jorge Luis Borges, detrás de él, como un guardaespaldas, va Álvaro Castaño. Es 1963 y está a un mes de terminar, Castaño ha logrado que Borges recite en la HJCK. Borges, envuelto en la penumbra de su ceguera, no puede leer los versos escritos en el libro que acaban de ponerle en sus manos. Castaño le propone que recite Soneto a Buenos Aires, piensa que el argentino se lo sabe de memoria.

Jorge Luis Borges en HJCK (1963) – Foto: archivo HJCK

Casi nadie habla, al principio por la sorpresa de tener a Borges en la emisora y después porque en el aire flota una sensación de pena por el nerviosismo del escritor argentino. “No se preocupe”, se anima a decirle Castaño. Borges voltea su rostro hacia la voz y comienza a recitar el poema: “Y la ciudad, ahora, es como un plano / De mis humillaciones y fracasos; / Desde esa puerta he visto los ocasos / Y ante ese mármol he aguardado en vano”. Una tras otra, las palabras que salen de sus labios parecen arrebatar del cielo pedazos de luz y ponerlos en esa sala, el desasosiego que había en el estudio desaparece. Castaño sigue cauteloso la intervención para recordarle cualquier palabra, cualquier frase olvidada. Entonces pasa. Borges se calla de repente, aprieta el bastón con ambas manos y le da un golpecito a la mesa: olvidó la parte que seguía.

Jorge Luis Borges en HJCK (1963) – Foto: archivo HJCK

Castaño busca los ojos de Borges, pero solo encuentra una cabeza gacha, hace un esfuerzo inútil por acudir a su memoria y recordar el pasaje que sigue, pero él también lo ha olvidado. Sale corriendo de la cabina y llama a una de sus amigas adicta a la obra del argentino, una amiga que, como él, se jactaba de saber de memoria los poemas de Borges. Ella también lo ha olvidado. Parece un hechizo, piensa Castaño, y cuando cuelga el teléfono ve a Borges salir del estudio, bajar por las escaleras y desaparecer de la mano de su asistente. La grabación sigue rodando: se escuchan pasos alejándose, como caminando a un abismo y luego el silencio.

Solo bastó que Jorge Luis Borges dejara la emisora para que Castaño recordara: “Aquí la tarde cenicienta espera / El fruto que le debe la mañana; /Aquí mi sombra en la no menos vana/ Sombra final se perderá, ligera”.

Ese momento quedó grabado en el casete número 24. Uno de los tesoros mejor guardados por Álvaro Castaño, que inmortalizó a la emisora HJCK como una de las piedras angulares de la cultura en Colombia. El lugar que logró registrar las voces más importantes del siglo pasado, desde Baldomero Sanín Cano, hasta Cobo Borda. Desde Jorge Zalamea, hasta García Márquez. Desde José Emilio Pacheco, hasta María Mercedes Carranza.

Gabriel García Márquez en HJCK – Foto: archivo HJCK

Una aventura que comenzaron el 15 de septiembre de 1950 Eduardo Caballero Calderón, Hernando y Alfonso Martínez Rueda, Alfonso Peñaranda, Gonzalo Rueda Caro y Álvaro Castaño; y que, pese a todos los pronósticos, lograron mantener con vida durante medio siglo. El mismo Álvaro Castaño, que murió en 2016 con 96 años, recordaba cómo un publicista que contrataron para diseñar la imagen de la emisora intentó persuadirlos: “La publicidad es una cosa muy seria, es una etapa del proceso industrial; una técnica que requiere conocimientos en mercadeo, en investigación de la opinión pública, en análisis de medios. ¿Ustedes saben qué cosa es el mercadeo? ¿Saben qué es el survey?”. Castaño y sus compañeros entendían lo que el publicista decía, pero no les importó para nada la mercadotecnia. Si en ese entonces se hubieran dejado impresionar por el survey y el mercadeo, la HJCK no habría nacido siquiera.

Sin embargo, con el traslado vertiginoso de los medios a la web y una pérdida importante de patrocinadores, la HJCK no supo mantenerse en pie al comenzar el nuevo siglo. El 21 de noviembre de 2005, apoyado junto a la mesa de control de la cabina, Álvaro Castaño preguntó: “¿Salimos? ¿Ya estamos solo en Internet?”. Esa fue la despedida a 55 años al aire en la frecuencia 89.9 FM, la que fue la emisora cultural más importante y antigua del país daba un paso al lado y migraba todo su contenido al ciberespacio.

Durante 10 años, la HJCK sobrevivió en la web a través de sus archivos y nada, ni las vicisitudes de los primeros años, ni las incitaciones de los anunciadores que patrocinarían otro tipo de música, ni el desaliento de ver pasar los meses y los años convencieron a la familia Castaño de terminar con la marca, de silenciarla

Luego de que en 2016 Caracol Televisión negociara con los Castaño la administración de esta frecuencia, donde ahora opera Blu Radio, la HJCK.com solo mantiene su señal en vivo de música clásica. Pero las cosas van a cambiar, más pronto que tarde. Hay una esperanza de ver volver a la HJCK, su imperio, su nombre y su fuego.


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