Música

Hablamos con el músico caleño, luego de su presentación junto al ensamble de metales y la Filarmónica de música Colombiana, de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. En esta conversación, su visión de la música académica y la necesidad de tener los oídos abiertos para descubrirla.

Hablamos con el músico caleño, luego de su presentación junto al ensamble de metales y la Filarmónica de música Colombiana, de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. En esta conversación, su visión de la música académica y la necesidad de tener los oídos abiertos para descubrirla.

Es miércoles por la mañana y el cielo de Bogotá parece un algodón empolvado, totalmente gris. Entre árboles y adoquines sueltos, llenos de agua, algunas personas se reúnen como escapando de la ciudad, escuchando y observando con fascinación absoluta un ensamble de música que rompe el frío entre cornos tiples y guitarras. Termina una obra y todos aplauden, los músicos hacen una venia al público y comienza de nuevo. Canción tras canción, crecía el tamaño del público y se multiplicaban las ventanas abiertas en todos los edificios del Park Way. Parecía que el suelo de la ciudad no vibraba, sino latía y una vez más, la música se convirtió en el latido de los corazones, de las personas, que ya no están. 

A lo largo del Paro Nacional que ya completa 44 días, la música se ha convertido en un eje central de las movilizaciones en el país, no solo materializandose en arengas, sino como un acto en sí misma. En ese sentido, la música académica ha sido protagonista y con ella, han emergido los artistas como símbolos. Es el caso de Susana Gómez Castaño, quien dirigió más de 400 músicos en la interpretación del Himno Nacional Deconstruido en Medellín. Álvaro Herrera, músico y estudiante de la Universidad Del Valle, es otra representación de la fuerza juvenil que ha emergido en las calles del país, durante los últimos 44 días del Paro Nacional. Luego de una detención arbitraria, ser obligado a incriminarse y la violencia física ejercida por miembros de la fuerza pública en su contra, hoy sigue vivo y cree más que nunca en la música. Le puede interesar: “Susana Boreal: la batuta de la protesta”.

Desde su orilla, la Orquesta Filarmónica de Bogotá también ha hecho lo propio y con cada concierto e intervención, sigue abogando por “Una fuerza más poderosa” que tenga la capacidad de conmover, sin dañar a nadie más. En búsqueda de una red de fuerza y música, invitaron a Álvaro Herrera y a Susana Boreal, para construir juntos un show junto al junto al ensamble de metales y la Filarmónica de música Colombiana en honor a todos los jóvenes y víctimas fatales de violencia en el marco del paro Nacional. 

Hablamos con Álvaro Herrera sobre su relación con la música, la visión que ahora tiene sobre la música académica y la necesidad de tener los oídos abiertos para descubrirla.

¿Cómo llegas a este instrumento, el corno, y cuál ha sido tu relación con la música?

“Yo ingrese de la música por obra y gracia de Oliva Agudelo Plata, profesora del colegio y licenciada de música precisamente de la Universidad del Valle. También conocí en el camino a Clarena Vergara, quien es son excelente cuatrista. La pregunta estrella siempre es: “¿Tú sabes cantar? una vez me hicieron ese pregunta y me la hizo precisamente Oliva y no, yo no sé cantar, solamente canto en el baño, pero no más. El corno es un instrumento muy particular, porque resulta que en el Valle del Cauca no es conocido, solamente existen cuatro o seis profesionales en este instrumento y básicamente, el cambio de guitarra -porque soy guitarrista-  a un instrumento de viento es una cosa rarísimo, y me preguntan: “¿vos por qué te pasaste el corno?” y yo no se porqué, porque no habían cornistas.

Desde que empecé a conocer las obras de Strauss, los conciertos de Mozart, de Haydn, la sonata en fa mayor para corno y piano de Beethoven, me enamoré de este instrumento porque tiene la calidad de tener una dulzura, pero también de tener una fuerza y es increíble la dualidad de la cual se mueve este instrumento. Hay maestros como David Concha, su hermano Jonathan Concha, el profe Segundo Meléndez en Cali y muchos otros a los que hay que agradecer porque han sido parte de este proceso formativo”.

Aprender a tocar un instrumento de viento implica reprender muchas cosas, por ejemplo respirar, y tiene una analogía bella de cómo uno procesa cosas de la vida, mientras respira. Hablemos de lo que ha significado para ti respirar nuevamente para hacer música.

“De hecho, eso pasa desde que uno nace. Cuando un bebé nace no respeta por la nariz, porque todavía no se han desarrollado sus funciones respiratorias por esa vía, respira por la boca. Eso es lo más natural, luego desarrolla sus funciones “normales”, obviamente es un proceso difícil porque yo soy guitarrista, ahora soy cornista, y es difícil volver a este camino de respirar, volver a ese encuentro con la niñez, con el nacimiento, porque ante todo es tener conciencia del instrumento, de tu cuerpo, es una conexión cuerpo-instrumento”.

La música clásica, o la música académica, siempre se ha visto como una cosa que está fuera de, que suceden en un recinto, en un teatro, pero es muy ajena a la calle y a la gente. ¿Qué ha significado para ti salir y llevarla a las calles?

“Digamos que es eso solo se ve en gran parte el Latinoamérica, porque en Europa uno ve flashmob en los que salen músicos de las orquestas filarmónicas reconocidas, cantan en un metro en Viena, París, Londres, Berlín. Yo digo que la música clásica es de todos, obviamente es creado hace muchísimo tiempo por personas que tuvieron más limitaciones que nosotros en cuanto tecnología, por la situación social y política de la época, pero es importante que la ciudadanía conozca este tipo de música porque se crearon en un contexto histórico, tienen un lenguaje de ese tiempo, de hecho Mozart compone el “Concierto número 20 en Re menor” y es una crítica, aunque no parezca, al estado político de los territorios alemanes. Los compositores de antes crea un música precisamente para contextual y hacer una crítica entre los sonidos a la situación política de la época”.

No quiero reparar en lo trágico y en lo doloroso, porque creo que lo más importante es que estás hoy aquí, haciendo música y es lo más grande que pudo haberte pasado, pero sí quisiera preguntarte cómo se ha resignificado en este momento hacer música para ti, después de todo y lo que ha pasado.

“Claro, por supuesto, ahora tengo más más fuerza para hacer música porque se está haciendo un cambio de pensamiento y se está resignificado el arte, no sólo como parte de la manifestación social, sino como parte de la vida de uno independientemente cualquier ritmo folklórico, clásicos, géneros, etcétera. Se están resignificando las artes, la música en particular, como parte de la vida humana que eso no es alejado por allá en un claustro, en un concierto, que se pueden interpretar, como acaba de pasar aquí. Sí es algo que se debe empezar a cambiar el la sociedad colombiana: la música clásica no es una cosa elitista, es algo que puede convocar a cualquiera, obviamente es un lenguaje complejo, son diversos instrumentos, es sentir y oír la música a diferencia de una grabación, es verla.

Eso es lo importante que la población debe  entender, que la música clásica o académica -porque clásica se enmarca en un contexto histórico- no es simplemente de esos músicos por allá, que tocan instrumentos y están en Viena, Londres, Berlín, no, esto es algo que puede escuchar cualquiera. Obviamente la apreciación es importante, así como uno aprecia la salsa y baila, también uno puede empezar a sentir otras cosas y en especial la música académica o clásica, también puede hacernos sentir eso. Por ejemplo, sí yo escucho Bach, me erizo, escuchó “La pasión según San Juan”, las variaciones de Mozart o cualquier sinfonía, incluso los conciertos para corno. Todas esas piezas le hacen sentir a uno  muchas cosas y obviamente, ese es el cambio que se debe generar, no solamente en la sociedad colombiana, sino en uno como ciudadano”.

 


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