Músico de la semana: Ludwig Van Beethoven

Por: María José Carranza
@mariajo65416105 Foto: Archivo

Música

En el espacio del músico de la semana dedicaremos nuestra programación al compositor y pianista alemán Ludwig Van Beethoven, quien nació el 16 diciembre de 1770.

Un día como hoy, hace 249 años, nació este gran compositor, pianista y director de orquesta en Bonn, oeste de Alemania.

Su legado en la música empieza en el clasicismo vienés, siendo el último representante de este género, y termina en los inicios del romanticismo. Tiene gran éxito en muchos géneros ya que, si bien las sinfonías son la fuente principal de su éxito internacional, su impacto se ve verdaderamente en sus obras para piano y música de cámara.

Este gran compositor, cuyo nombre de nacimiento era Ludovicus Van Beethoven, empieza desde muy temprana edad su carrera musical, puesto que su padre, Johann, admiraba el talento inigualable del joven Mozart y quería que su hijo siguiera sus pasos. Lea también: Inteligencia artificial para concluir sinfonía inacabada de Beethoven

Gracias a esto, el pequeño Ludwig no pudo seguir asistiendo a la escuela, impidiendo que se relacionara con niños de su misma edad. Johann tenía graves problemas con el alcohol, lo que causó que perdiera su trabajo como director de la orquesta de Bonn, que heredó de su padre. Estos problemas hicieron que Ludwig estableciera mejor relación con su madre, quien siempre estaba enferma, hasta el punto de llamarla su mejor amiga. A los siete años, en 1778, dio su primer concierto en público en la ciudad de Colonia.

Su padre, quien seguía obsesionado con Mozart, dijo que su hijo tenía tan solo seis años, para destacar su talento innato. Gracias a esto, siempre se creyó que Ludwig era más joven de lo que en realidad era.

Cuando empezó a recibir clases de maestros diferentes a su padre, su verdadero talento sale a la luz. Su habilidad con el órgano y su composición aumentaron sustancialmente. Christian Gottlob Neefe fue su gran maestro, quien influyó en su instrucción y supo valorar inmediatamente el nivel excepcional de Ludwig.

Además de transmitirle conocimientos musicales, Neefe dio a conocer a Beethoven las obras de los pensadores más importantes, tanto antiguos como contemporáneos. Para 1782, con tan solo 11 años, publicó su primera composición titulada Nueve variaciones sobre una marcha de Ernst Christoph Dressler.

En 1784 es contratado como intérprete de viola en la orquesta de la corte del príncipe elector de Colonia, Maximiliano Francisco. Obtuvo este importante puesto gracias a la recomendación de su maestro. Desde aquí, el joven Ludwig se sumerge más en el mundo de la música y en su respectivo círculo social.

Su primer viaje a Viena lo hace a los 17 años gracias al apoyo de su mecenas, el conde Ferdinand von Waldstein, quien lo convence de irse en busca de fama y prestigio. Esto le brinda un gran respiro a Ludwig, quien en ese momento estaba siendo fuertemente presionado por su familia.

A los pocos días de llegar, el joven recibe una carta de su padre, quien le pide que regrese de inmediato debido a que su madre enfermó gravemente de tuberculosis. María Magdalena Keverich muere el 17 de julio de 1787, dejando a una familia de tres hijos y un esposo con problemas alcohólicos y sumido en una fuerte depresión.

El padre de Ludwig es arrestado por estos problemas, haciendo que el hijo mayor tuviera que sostener a la familia durante cinco años. Aquí, Ludwig toca el violín en una orquesta y da clases de piano para cumplir con su rol. Finalmente, su padre muere el 18 de diciembre de 1792.

En 1792, el príncipe electo de Bonn vuelve a financiarle un viaje a Viena, ciudad que lo vio florecer y en la que residirá hasta el final de sus días. Recibe clases de composición con Joseph Haydn, de contrapunto con Johann Georg Albrechtsberger y Johann Baptist Schenk, y de lírica con Antonio Salieri. Le puede interesar: La cabeza de una mujer y la música

Junto con todas estas experiencias, empieza a aparecer silenciosamente el peor de sus males: la sordera. Durante este período tuvo varios duelos musicales con otros pianistas. El primero fue en 1792 ―con 21 años―, durante un viaje con la orquesta de la corte, en el cual tocó con Franz Sterkel, ejecutando obras de dicho compositor.

A los 24 años publicó su primera obra importante: tres tríos para piano, violín y violonchelo. El año siguiente realiza su primer concierto público en Viena como compositor profesional, presentando él mismo sus obras. Para 1796 publicó tres sonatas para piano, las cuales fueron muy acogidas por la corte, la Iglesia y la nobleza vienesa, quienes se convertirían en mecenas y protectores del músico.

En 1800 tuvo lugar el famoso duelo en el palacio de Lobkowitz, en el que el pianista y compositor Daniel Steibelt lo retó a que tocasen juntos. En dicha ocasión, Beethoven tomó partituras de una obra de este, modificándolas al mismo tiempo que las iba tocando, con tanta gracia que Steibelt declaró que no volvería a Viena mientras Beethoven viviera allí y abandonó la ciudad.

Durante este mismo año hace un concierto presentando su primera sinfonía, al igual que empieza a dar clases a las jóvenes de la aristocracia vienés, con quienes ocasionalmente mantenía romances.

Sin embargo, y pese a todo el éxito que tiene, su sordera empeora. Escribe el conocido Testamento de Heiligenstadt, dirigido a su gran amigo y médico, en el que expresa su desesperación y disgusto ante la injusticia de que un músico pudiera volverse sordo, algo que no podía concebir ni soportar. Incluso llegó a plantearse el suicidio, pero la música y su fuerte convicción de que podía hacer una gran aportación al género hicieron que siguiera adelante.

Su música, junto con Europa, empieza a cambiar de ser fresca y ligera a épica y turbulenta. Es así como durante estos años saca su sonata para piano No 8 titulada Patética, y la No 14 titulada Claro de Luna.

Su tercera sinfonía, llamada La Heroica, hacía alusión a uno de los grandes personajes de esta etapa revolucionaria en Europa: Napoleón Bonaparte. Sin embargo, cuando este mismo se proclama emperador, Ludwig borra furiosamente el nombre de este, el cual aparecía en la primera hoja de su sinfonía. El estreno de esta tercera sinfonía se hace el 7 de abril de 1805.

Gracias a todos los éxitos que presenta en Viena, este gran compositor alcanza la estabilidad económica y deja de lado un poco los conciertos para dedicarse enteramente a la composición.

La aristocracia vienesa le concede una pensión, muy seguramente por la vergüenza que les generaba la muerte de Mozart, en la pobreza total.

Entre 1804 y 1807 tuvo un amorío con la condesa Josephine Brunswick, quien era viuda de Joseph Graf Deym. Ella y Ludwig estuvieron a punto de casarse, sin embargo, la relación no tuvo futuro debido a las rigurosas restricciones sociales de la época.

Durante este periodo de tiempo compone su única ópera, titulada inicialmente Leone, pero luego se cambia el nombre por Fidelio. Fue estrenada el 20 de noviembre de 1805, pero no tuvo gran audiencia debido a que durante estas fechas las tropas de Napoleón entraron por primera vez a Viena.

En los años siguientes, Beethoven incrementó su actividad creadora y compuso muchas obras, entre ellas la Quinta sinfonía, la Sexta sinfonía o Sinfonía Pastoral, la Obertura Coriolano y la bagatela para piano Para Elisa.

Como sus apariciones en público eran cada vez más escasas, el 22 de diciembre de 1808 Beethoven dio uno de sus últimos conciertos en vivo, en una larga jornada que incluyó el estreno de la Fantasía para piano, orquesta y coro Op. 80, las sinfonías Quinta y Sexta, el Concierto para piano n.º 4 Op. 58, el aria ¡Ah, perfido! y tres movimientos de la Misa en do mayor Op. 86.

La situación en la capital del imperio austriaco no tenía muy conforme al compositor y se plantea trasladarse a Holanda. Su antigua amiga, la condesa Anna Marie Erdödy, no descansa hasta convencerlo.

Finalmente, y con la ayuda de sus más ricos admiradores, Ludwig decide quedarse en Viena recibiendo 4.000 florines anuales como pensión. Esto le ayudó para vivir sin preocupaciones económicas durante mucho tiempo, convirtiéndose así en el primer músico independiente.

En 1813 fue compuesta su obra orquestal La victoria de Wellington, inspirada en la batalla liderada por el duque de Wellington y la gran derrota a las tropas napoleónicas.

Pese a que fue un importante éxito, él mismo la calificó como basura y por eso ha sido olvidada. Durante esos años entabló una amistad con el inventor Johann Mäzel, quien lo ayudaba a crear instrumentos para combatir su sordera.

Uno de ellos fue el metrónomo, el cual impresionó tanto al músico que empezó a anotar en las partituras los tiempos del metrónomo para que sus obras se interpretaran al tiempo que él las había concebido. En esta misma época empezaron nuevamente los problemas económicos, puesto que dos de sus mecenas no pudieron ayudarlo más económicamente, dado que uno calló en bancarrota y el otro murió.

Para 1814 acabó su Séptima y Octava sinfonía, y reformó su única ópera, la cual tuvo gran éxito. Todos sus conciertos durante ese año generaron un importante ingreso económico para el compositor, el último de ellos tuvo lugar el 11 de abril de 1814, y consistió en el estreno de Trio Op. 1. Es en este mismo año que asiste al Congreso de Viena como invitado, en donde fue recibido con gran admiración y reconocimiento. Lea también: Músico de la semana: Wolfgang Amadeus Mozart

La muerte de su hermano Kaspar Karl, el 15 de noviembre de 1815, le brinda la oportunidad a Ludwig de apadrinar a su sobrino Karl y tuvo una gran batalla legal con su cuñada para obtener la custodia completa del niño de nueve años. Dedicó gran parte de su energía a esto, por lo cual solo pudo escribir seis ciclos de Lieder y la sonata Hammerklavier.

Finalmente, cuando ganó la custodia, se dedicó a la formación musical de Karl con falsas esperanzas ya que el chico no tenía dotes musicales. Pese a los grandes profesores que lo acompañaron, Karl tenía grandes discusiones con su tío y muchas veces se escapaba a la casa de su madre.

La preocupación por el dinero, que acompañó a Beethoven desde los días de su infancia en que tuvo que proveer a la familia, lo ocupó en este periodo como nunca. Los editores no confiaban en él, pues no cumplía sus promesas de exclusividad y pedía constantemente más dinero por sus obras.

Luego de la derrota de Napoleón en 1815, el canciller austriaco Klemens Von Metternich instauró un régimen policial para evitar nuevas revoluciones. Beethoven fue una voz crítica del régimen. En esa época, su nombre era muy respetado en el Imperio y en Europa Occidental, sobre todo en Inglaterra, en parte gracias al éxito de la victoria de Wellington. Pero el ascenso de Gioachino Rossini y la ópera italiana, que Beethoven consideraba poco seria, lo colocó en segundo plano.

Sus últimos años en Viena los pasó muy aislado debido a su sordera, relacionándose solamente con algunos de sus amigos a través de los cuadernos de conversación, que le sirvieron como medio de comunicación.

La Novena Sinfonía fue su último gran éxito, terminada en 1823, la cual fue estrenada el 7 de mayo de 1824 y fue un rotundo éxito, pese a las dificultades técnicas que entrañaba la obra. Este éxito no se tradujo en una ganancia financiera y los problemas económicos continuaron acuciando al compositor que, aunque tenía el dinero que estaba ahorrando, no lo podía utilizar ya que estaba destinado como herencia para su sobrino.

La salud del maestro decayó inexorablemente durante su estancia en la casa de su hermano en Gneixendorf, a pesar de los cuidados de su familia. El 1 de diciembre de 1826, Beethoven y Karl volvieron a Viena. La premura de la decisión determinó que carecieran de un transporte adecuado y solamente pudieron conseguir un viejo carromato descubierto.

El viaje resultó catastrófico para una persona en el estado en que se encontraba Beethoven, muy carente de salud. Sin embargo, logró recuperarse de su crisis gracias a la atención del doctor Wawruch y consiguió llegar a la capital. El 20 de diciembre tuvo una intervención médica y su sobrino Karl pasó todo el tiempo que pudo al lado suyo. Finalmente se había reconciliado con él.

Debido a sus grandes problemas económicos, escribió una carta a sus amigos en Londres para pedir algún dinero. La respuesta llegó de inmediato, junto con 100 libras esterlinas prestadas incondicionalmente. Cuando se difundió en Viena el estado terminal de Beethoven, todos sus antiguos amigos acudieron a su domicilio de la Schwarzspanierhaus para expresarle sus deseos de una pronta recuperación, aunque en realidad su propósito era despedirse del envejecido compositor.

Un día antes de su muerte, según fuentes, Ludwig exclamó: “Aplaudan, amigos, comedia finita est (la comedia ha terminado)”, un final típico de la comedia del arte. Esa misma tarde, tomó la pluma para designar a su sobrino Karl legatario de todos sus bienes.

Al día siguiente, 24 de marzo de 1827, Beethoven recibe la extremaunción y la comunión según el rito católico. Esa misma tarde entra en coma para no volver a despertar hasta dos días más tarde. Sus parientes más cercanos lo acompañan en sus últimos momentos, hasta que finalmente el 27 de marzo de 1827 su corazón deja de latir.

Tres días después de su fallecimiento, el 29 de marzo, tuvo lugar el funeral. Se celebró en la iglesia de la Santa Trinidad, distante un par de manzanas del domicilio de Beethoven, y en él se interpretó el Réquiem en re menor de Wolfgang Amadeus Mozart. Al mismo asistieron más de 20.000 personas, entre las que se encontraba Schubert, gran admirador suyo.

Así, a los 56 años de edad, Ludwig Van Beethoven muere, dejándonos nueve sinfonías, 32 sonatas, dos misas y una ópera que le consagran como uno de los mejores músicos de todos los tiempos. Es considerado uno de los compositores más importantes de la historia, ya que fue el primero en dignificar esta profesión.


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